¿Quién pintó el gran mural del Diario de la Marina?
¿Quién no se ha fijado alguna vez, al pasar frente al enorme edificio que hace esquina en la intersección de las calles de Prado y Teniente Rey, en un gran mural que adorna el lobby del inmueble con escenas de una imprenta en tiempos de la Colonia? Pero la historia de esta magnífica pieza de las artes plásticas cubanas es mucho menos conocida.
El edificio mencionado fue la última sede del Diario de La Marina, uno de los más poderosos e influyentes órganos de prensa de la historia de Cuba, fundado por españoles en 1844. Modesto al principio en sus pretensiones, se dedicó a publicar información sobre entrada y salida de buques, movimientos de la bolsa y el comercio y el acontecer general de España y Cuba. Pero con el paso del tiempo, el financiamiento de los peninsulares radicados en la isla, muchos de ellos ricos comerciantes, hacendados y banqueros, contribuyó a que el periódico fuera creciendo y aumentara su influencia en el panorama nacional. Desde su fundación tuvo como sede varios hermosos edificios, de los cuales el último fue aquel que acogió posteriormente al diario Juventud Rebelde y hoy alberga a la Editora Abril, la revista Somos Jóvenes y otras publicaciones.
El Diario de la Marina llegó a ser uno de los más importantes órganos de prensa de Latinoamérica. Su diseño era moderno, colaboraban en él las mejores plumas de la nación y tenía una fotografía de excelente calidad. Pero el interés de sus propietarios no se limitaba a la estética y calidad del diario en sí mismo, y quisieron embellecer cada vez más el edificio donde se alojaba, para cuya decoración llamaron al pintor español Hipólito Hidalgo de Caviedes.
Nacido en Madrid el 13 de julio de 1902, era a su vez hijo del también pintor Rafael Hidalgo de Caviedes y Gómez, fundador y Director del Museo de Arte de Madrid. Hipólito recibió de su padre las primeras lecciones de pintura, y a la temprana edad de nueve años presentó su primera exposición personal en una afamada galería madrileña. Continuó su formación artística en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid. Desde los diez y ocho años comenzó a frecuentar las tertulias de artistas en los cafés de la ciudad, donde estaba fraguándose por aquel entonces la avalancha de la estética vanguardista que se adueñó del arte en la primera mitad del siglo XX.
El joven Caviedes frecuentaba también la famosa Residencia de Estudiantes, donde pasearon sus reales Lorca y Dalí, entre otras muchas personalidades de la cultura española, y era alumno de la Institución Libre de Enseñanza7, que se planteaba entre sus principales objetivos la modernización de España en terrenos como la ciencia y la cultura. Copiaba pinturas del Greco en el Museo del Prado, y era miembro de la Sociedad de Artistas Ibéricos, fundada en 1925, e integrada por artistas de diferentes estilos y tendencias, con la intención de crear una fuerza de vanguardia que renovara las tendencias tradicionales representadas por la Academia.
Por esa época fue ilustrador de las principales publicaciones vanguardistas españolas. La Sociedad le concedió una beca para cursar estudios en Italia y Alemania. Estudió pintura mural en la Academia de Bellas Artes de Florencia y en la Escuela Estatal Unida para las Artes Libres y Aplicadas de Berlín. A su regreso a España pintó murales para varios edificios madrileños de funcionalidad pública, como el de la Telefónica de Madrid.
En 1935 se convirtió en el primer artista español de la plástica en obtener el Premio Internacional de Pintura del Instituto Carnegie, en Pennsylvania, USA., con su obra Elvira y Tiberio, retrato de una pareja de la raza negra del Sur de los Estados Unidos. Este premio había sido obtenido antes por un único pintor latino: Pablo Picasso. Sus pinturas llegaron a formar parte de la colección del Museo de Arte de San Diego, California. También realizó los murales de la Universidad de Bridgeport. Un año después pintó en Roma, Italia, los murales en el Pabellón España, para la Exposición Mundial de la Prensa Católica del Vaticano. Se le llegó a considerar el artista español más prometedor de la década del treinta.
Caviedes contrajo nupcias con la cubana Noemí Labrada, hija de la poetisa camagüeyana Emilia Bernal, quien durante una de sus estancias en Madrid había frecuentado la Residencia de Estudiantes, donde se cree que el joven pintor conoció a su futura esposa, con quien tuvo tres hijos.
Hidalgo de Caviedes llega a Cuba en 1937 exiliado de la República por causa de su ideología de derecha, y se radica con su familia en la capital de la isla. El pintor era ya dueño de una sólida cultura y traía consigo el reconocimiento de prestigiosos intelectuales de su época. Se ha afirmado que la experiencia de la Guerra Civil afectó su productividad, hecho que ocurrió a muchos artistas españoles de entonces, pero que inspira dudas cuando se contempla la obra realizada durante su larga estancia habanera.
Según datos que hemos ido recopilando de diferentes fuentes bibliográficas consultadas para hacer este trabajo, Caviedes trabajó durante su permanencia en Cuba en las obras que enumeramos a continuación por considerarlas las más importantes, aunque también realizó otras que no son menores por su calidad, pero resultan menos significativas por su ubicación y no recogemos en esta lista:
-Un mural en el Colegio de Belén de La Habana, que fue su primera obra realizada con la técnica del buen fresco (consistente en aplicar el pigmento de origen mineral sobre el enlucido húmedo de hidróxido de calcio y una carga inorgánica y/o orgánica, que al reaccionar con el dióxido de carbono de la atmósfera, se crea una capa cristalina de carbonato de calcio sobre los pigmentos, fijándolos a la superficie).
-El fresco del Buen Pastor, en la Capilla del Seminario Diocesano, institución de la que fuera también Director.
-La pintura mural al fresco, que relata la muerte de San Agustín, en la iglesia de San Agustín, de La Habana, en el antiguo reparto Nicanor del Campo, que hoy forma parte de Miramar, en el municipio Playa.
-Un mural al fresco en la residencia de María Luisa Gómez Mena, Condesa de Revilla de Camargo, en La Habana.
-La pintura mural al fresco, con tema marino, del Hotel Internacional de Varadero, en la provincia de Matanzas.
-El Mapamundi de las oficinas de la Revista Selecciones del Reader’s Digest, editada en español en la Habana, en La Rampa, del Vedado.
-La pintura mural del edificio La Metropolitana, donde después tuvo sede el Municipio de Educación del Centro Histórico de La Habana Vieja. Esta obra fue ejecutada al seco, técnica pictórica consistente en mezclar el pigmento de origen orgánico o inorgánico con un aglutinante de origen natural o sintético. El tema está inspirado en una obra del grabador Eduardo Laplante, el mismo artista que realizó los grabados del celebérrimo y valiosísimo Libro de los Ingenios, y fue realizado por Caviedes exactamente cien años después que el original. El tema fue las obras de construcción de la fortaleza de San Carlos de La Cabaña, en la bahía a de La Habana, Las obras, mostradas en un primer plano, tienen como telón de fondo una hermosa vista de la Habana y su bahía. Como dato curioso se señala que su firma aparece como grabada en una de las piedras de la construcción, colocada en el extremo lateral derecho del mural.
-Mural al seco en el vestíbulo de un edificio situado en Calzada y 10, en el Vedado, donde recurre otra vez al tema del mar y los pescadores. En esta obra empleó la técnica del esgrafiado, que consiste en destacar algunas líneas del dibujo, removiendo la pintura aún húmeda con la punta del cabo del pincel, o con un instrumento de metal o madera con punta redondeada. En las líneas que enmarcan las olas del mar, estampa su firma en esgrafiado, Utilizó un espejo en el extremo lateral derecho para representar una sirena, y crear una ilusión espacial de mayor amplitud al reducido vestíbulo. Aunque solo queda un fragmento del espejo, por este resto y una publicación de la época, se aprecia la intención de lograr una ilusión espacial ampliada.
-La pintura mural al seco realizada en el Banco Pedroso, situado en la Plaza San Juan de Dios en la Habana Vieja, donde se representan escenas costumbristas y una vista de la Plaza San Juan de Dios, en 1824, apreciada desde el Banco Pedroso donde luego tuvieron sede las oficinas de la Dirección Municipal de Vivienda del Centro Histórico de la Habana Vieja. Se dice que entre los personajes que pintó se encuentran su hija y él mismo.
-Un mural en las oficinas de la dirección del Hospital Kourí, en el Vedado, hoy Hospital Oncológico.
-Tres murales, uno de ellos, en el Banco Continental del edificio Focsa, donde quedan reflejadas las industrias más sobresalientes de la economía cubana de entonces: la ganadera, la azucarera, la tabacalera, la minera, y de la construcción.
-Una secuencia de murales para las Oficinas de Galban Lobo Trading, en la Habana Vieja, sobre la industria azucarera en Cuba. Sus títulos eran La caña, Batey, Maquinas, Envases, y La exportación. En ellos el artista representó desde la siembra y recolección de la caña, hasta su exportación por el puerto de La Habana.
-El enorme mural ubicado en el lobby del Diario de la Marina. Esta obra represéntale trabajo de impresión y revisión de un diario. Los personajes que intervienen en ella visten trajes de época del siglo XIX en alusión a la fecha de fundación del periódico. Caviedes retrató en esta ocasión a empleados y colaboradores del diario, entre quienes se encuentran el Director de
Información, señor Manuel del Riego, ataviado con levita parda; el periodista y poeta Gastón Baquero, luciendo levita verde, y la segunda esposa cubana del pintor, señora Silvia Aróstegui, quien aparece leyendo el periódico enfundada en un elegante traje de color rosa. Este enorme mural es una de las pocas obras del maestro Caviedes que existen todavía y se conservan en buen estado, pues la mayoría de ellas sucumbieron al deterioro climático o están hoy cubiertas por otras capas de pinturas y ocultas a la vista. El fraile representado es, según testimonio de la señora Mariella del Riego, hija de Manuel del Riego, el fraile jesuita Padre Rubinos.
En una época en que el muralismo no tenía significativos representantes en La Habana, las técnicas de Caviedes despertaron la atención y fueron cuidadosamente observadas por sus discípulos y por los especialistas interesados en el tema. Se ha dicho de él que tenía ojo de arquitecto, manifiesto en el carácter monumental de la composición de sus imágenes expresadas con línea depurada, en la que destaca la poliangularidad empleada como medio para romper la superficie plana del muro, hasta crear ilusiones ópticas que amplían el espacio real de la arquitectura y lo caracterizan con el relato del tema seleccionado, o con el sentido decorativo en otros casos, en correspondencia con las funciones del espacio.
Se afirma también que en la década del 30 desarrolló una figuración heredera de ciertos rasgos formales cubistas, del orfismo y del Picasso más sintético. Otras obras suyas, como por ejemplo, Ángeles músicos (1935) le inscriben en una suerte de simbolismo, alejándole del surrealismo practicado por su círculo de amistades.
El profesor Adolfo González, quien fuera discípulo habanero de Caviedes, guarda memoria de la rigurosidad extrema de su maestro, y contó en una entrevista que le fuera realizada, cómo Caviedes “era muy exigente en la selección de los pigmentos a introducir, en ocasiones no cumplían con los requerimientos establecidos, por humedad y contaminación por microorganismos, o por no ser de origen mineral como la técnica al fresco lo exigía, y no los empleaba. Si tenía dudas en cuanto a la calidad de un pigmento los mandaba a analizar en los laboratorios de la Universidad de La Habana”.
Fue por ello que en uno de sus murales se vio obligado a cambiar la imagen de un monje jesuita que ya había proyectado por la de un monje franciscano, y tuvo que pedir la debida autorización eclesiástica para el cambio de la orden. Monseñor Ángel Gaztelu, refiriéndose a la pintura religiosa de Caviedes realizada en templos cubanos, afirmó: “Este pintor, excelente por su segura y limpia técnica, maestro conocedor de su oficio, nos entrega sus acabadas obras dentro de una modernidad serena y delicada, de un tanto hialina y congelada perfección”.
Pero Caviedes no fue solo un pintor muralista. También fue un retratista experto y muy cotizado por la alta sociedad habanera. Además, desarrolló desde sus inicios españoles en las artes plásticas, una extensa obra de carácter vanguardista, aunque con una estética y conceptualidad muy personales, preñadas de un raro misticismo y de una nota inquietante de misterio, que le convierten en una figura que debe ser analizada al margen del vanguardismo español.
Era un artista de gran cultura, un hombre de pensamiento y un humanista. Es bien posible que su interés por la obra del Greco se reflejara en la espiritualidad de sus figuras y de su pintura, cuya característica general es, en mi opinión, una inquietud espiritual y una expresividad lírica que le otorgan una fuerza singularísima a su legado pictórico.
Además de su trabajo como artista de la plástica, Caviedes desempeñó otras funciones durante su vida en Cuba. Dirigió instituciones culturales e hizo aportes a la enseñanza académica en la capital cuando ofreció clases en el edificio Dihigo de la Universidad de La Habana, donde radicaba el Departamento de Historia del Arte. Allí, sobre los espacios contiguos a los muros que circundaban el Departamento, llevó a cabo una experiencia práctica en la que fue mostrando la secuencia de los pasos en la elaboración de una pintura mural al fresco.
Fue un gran defensor de los valores patrimoniales cubanos y un gran interesado en demostrar su autenticidad arqueológica, y así lo manifestó cuando formó parte de una Comisión técnica para la restauración y conservación de la Catedral de La Habana, junto con el profesor e historiador de arte Luís de Soto, los arquitectos Joaquín Weiss y Eugenio Batista, y el millonario Eutimio Fallas, mecenas de la arquitectura y el arte en Cuba.
Durante su vida en nuestro país realizó continuos viajes por Estados Unidos, algunos países del Caribe y el continente. En 1961 regresó a España, donde continuó trabajando y exponiendo en afamadas galerías nacionales y extranjeras. En 1970 fue elegido miembro de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, por su discurso El pintor ante el muro. Que escogiera el tema del muralismo para acto tan singular de su vida demuestra que, pese a haber dominado el dibujo, la ilustración, el grabado y la pintura con perfección suma, era el muralismo, si no su quehacer preferido, al menos el que consideraba terreno donde la prueba de grandeza de un artista constituía el reto más difícil.
Sus pinturas se conservan en numerosos museos del mundo y ejerció indudable influencia en el muralismo y la pintura cubanos. Falleció en su tierra natal el 23 de Octubre de 1994, a la edad de 92 años.
*Para elaborar este trabajo consultamos, entre otros materiales de archivo, la excelente conferencia Pensamiento y praxis de Hidalgo de Caviedes, impartida por la Profesora y Restauradora Elisa Serrano González, Profesora Titular del Instituto Superior de Arte (ISA) y Especialista en Conservación y Restauración de Pintura Mural, miembro experto en Pintura Mural de ICOMOS, Cuba, y del Comité Científico Internacional de ICOMOS, Consejo Internacional de Monumentos y Sitios. Dicho material puede encontrarse en el sitio http://www.cce.co.cu/Art&Conf/elisa serrano.conferencia.pdf
