Tras la visita del Papa Francisco los habaneros más unidos

El-Papa-Francisco-en-la-Plaza-de-la-Revolución-rodeado-del-pueblo-cubano.Para nadie pasó inadvertida la llegada a La Habana del Papa Francisco. Se escucha mencionar su nombre con frecuencia en cualquier sitio, es tema de conversación, despierta interés su historia y su personalidad cautiva.

Desde el anuncio de la visita del Sumo pontífice a Cuba, creyentes y no creyentes aunaron esfuerzos para engalanar la capital. En el multitudinario recibimiento que le ofrecieron desde el aeropuerto internacional José Martí hasta la Nunciatura Apostólica, a los largo de 18 km, estaban codo con codo cubanos todos, sin distinción de credos ofreciendo muestras de respeto y cariño.

El mensaje de paz, fe y amor que brindó al pueblo de la mayor de las Antillas, tocó los corazones de los habaneros, que son de naturaleza solidaria, de nobleza de espíritu, tantas veces demostrada ante tragedias naturales o injusticias humanas.

En su Homilía el Papa Francisco en la plaza de la Revolución expresó:

“El santo Pueblo fiel de Dios que camina en Cuba, es un pueblo que tiene gusto por la fiesta, por la amistad, por las cosas bellas. Es un pueblo que camina, que canta y alaba. Es un pueblo que tiene heridas, como todo pueblo, pero que sabe estar con los brazos abiertos, que marcha con esperanza, porque su vocación es de grandeza. Hoy los invito a que cuiden esa vocación, a que cuiden estos dones que Dios les ha regalado, pero especialmente quiero invitarlos a que cuiden y sirvan, de modo especial, la fragilidad de sus hermanos…”

La Habana se regocijó con la visita pastoral, en la que el Sumo Pontífice se solidarizó con las causas justas del continente, con los pobres y desamparados del mundo y veneró a la Patrona de Cuba, la Virgen de la Caridad del Cobre, a quienes profesan los hijos de esta tierra infinito amor.

La Plaza de la Revolución  se llenó para la Santa Misa y sin lugar a dudas creyentes y no creyentes salieron mas hermanados al retornar a sus hogares y en la Catedral fueron muy sabias las palabras que dirigió a los consagrados a Dios.

El intercambio del Papa Francisco con los jóvenes y su convocatoria a la unidad, a no establecer conventillos, dejó una huella que perdurará por mucho tiempo, y es que somos un pueblo que aspira a un futuro mejor con todos y para el bien de todos.

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