Las Voces Humanas, un lujo que debe apreciarse

Leo BrouwerEs una suerte inmensa que el Maestro Leo Brouwer, uno de los más importantes y significativos compositores y músicos cubanos de todos los tiempos, haya decidido ofrecer a los cubanos un festival como Las voces Humanas. Probablemente nunca antes en la historia de nuestra cultura hayan convergido en la Isla tantas personalidades del arte internacional con repertorios tan escogidos, variados y exquisitos como los que ahora se ofrecen al disfrute del público, junto con espectáculos que abarcan otros terrenos culturales como el teatro y las artes plásticas. Un evento de semejante envergadura es, en verdad, un lujo que me pregunto si seremos capaces de apreciar en todo su valor.

En un comentario publicado en la revista Bohemia y firmado por Raúl A. Medina, se lee al final:

“El programa del último festival de Leo Brouwer es amplísimo y apenas comienza. Es mejor no perder ni uno de sus detalles por si el maestro decide, ahora sí, cerrar esa ventana a lo mejor de la creación del hombre, que tanto esfuerzo y recursos le cuesta mantener abierta un mes, cada año.

Me gustaría hacer una reflexión al respecto, y es que, si bien es cierto que la instrumentación y puesta en escena de cualquier espectáculo cultural consume recursos económicos y humanos, todo lo que se invierta en productos culturales de verdadera y altísima calidad destinados al pueblo cubano, podría parecer a algunos un derroche de recursos, pero en realidad es una inversión que se recuperará con creces, pues si la economía es la base material de un país, la cultura es la base espiritual de un pueblo. Lo que el Maestro Brouwer nos ofrece ahora es un tesoro que, sin duda, ayudará a restaurar la maltrecha sensibilidad artística y, en especial, la sensibilidad musical de los cubanos, que hemos pasado de ser uno de los más importantes países productores de géneros y ritmos musicales en el mundo y uno de los principales colonizadores de los mercados musicales de América Latina y Estados Unidos, a ser en parte, un consumidor voraz de un reguetón soez y musicalmente pobrísimo.

Gracias a la iniciativa que ha desplegado Brouwer con Las Voces Humanas, los cubanos no solo tendremos la oportunidad de conocer intérpretes y géneros musicales de los que nunca o muy poco habíamos oído hablar, como por ejemplo, el bellísimo y siempre melancólico fado portugués o la reinterpretaciones realizadas por Sting de piezas de John Dowland, uno de los principales compositores de Renacimiento inglés, contemporáneo de Shakespeare, y de quien se dice que la métrica de sus canciones estaba fuertemente influenciada por la métrica de la prosa y el verso del gran bardo universal.

Gracias a Las Voces Humanas pudimos volver a escuchar a Edin Karamasov, uno de los principales laudistas de la actualidad, quien ya ofreciera hace años -igualmente invitado por Brouwer- un concierto en San Francisco de Paula que, en mi opinión, no fue plenamente apreciado por la concurrencia, tal vez porque no tuvo el público que se merecía. No dispongo de espacio para una enumeración más extensa de todas las joyas que comprende este proyecto musical sin precedentes en nuestro país.

Hay que tener muy en cuenta que, si bien la Revolución ha sistematizado la enseñanza oficial de la música creando las escuelas de arte con sus programas de estudios inspirados en los más prestigiosos métodos de enseñanza de la música empleados en Rusia y Alemania, el acceso a estos centros es, aún hoy, en cierta manera restringido, y al mismo tiempo han sido eliminadas las escuelas de superación profesional, donde personas que por su edad quedan fuera de las exigencias de las escuelas oficiales podían, sin embargo, acceder a una formación musical de calidad. La consecuencia inmediata de estos procedimientos ha sido una disminución en el número de intérpretes de la música no popular con formación académica. En paralelo, o tal vez como efecto colateral de ello, ha habido una verdadera proliferación de músicos y cantantes de géneros populares, fundamentalmente reguetón, que han ocupado los espacios de difusión de un modo preocupante. Si bien es cierto que la abundancia aumenta la posibilidad de descubrir nuevos talentos, no pueden invertirse los términos de modo tal que la ecuación se convierta en una garantía de que la abundancia es talento. De este modo han llegado a la televisión, las emisoras de radio, los teatros y los salones de música bailable algunos grupos magníficos, pero otros de calidad muy discutible, y músicos capaces de componer muy buenos ritmos pero pésimos letristas, todo lo cual ha dado como resultado esa banalidad que tanto preocupa al Maestro Brouwer y a muchos otros cubanos, sean trabajadores de la cultura o simples aficionados a ella.

Una de las consecuencias que ha tenido este modo de concebir la enseñanza de la música (unido en ocasiones a las erradas políticas de difusión de los medios masivos de comunicación) es que el público cultivado y capaz de disfrutar la música que demanda cierto conocimiento, ha disminuido de un modo apreciable, y el acceso a los géneros musicales no populares ha devenido evento de culto sobre todo entre los jóvenes, mientras han crecido desmesuradamente las cifras de quienes asisten a los conciertos de mala música, convertidas por obra y desgracia de algún genio no identificado en propagadoras de productos subculturales que sólo transmiten pésimos valores conductuales, en lugar de ayudarlo en su crecimiento cultural, que es, también, uno de los modos en que el hombre crece como ciudadano.

El encuentro con las músicas del mundo y con las voces humanas de otros ámbitos ayudará a formar un público culto mayoritario entre la población de Cuba, aunque desde luego, solo será un esfuerzo muy loable destinado a perderse como una gota en el mar si no tiene continuidad, si no tiene apoyo, si no puede multiplicare y mantenerse pese a la inversión de recursos que algunos parecen lamentar tan dolidos.

Y quienes, alarmados, sacan cuentas con el lápiz afilado para hacer ver que la cultura despilfarra dineros necesarios a la economía, deberían pensar no solo en lo positivo que será para el desarrollo de nuestros ciudadanos elevar su espíritu a través de la buena música que ofrecen Leo Brouwer y sus invitados en Las Voces Humanas. Los que hacen estos cálculos deben pensar que, en la medida en que los cubanos se enriquezcan mediante el disfrute y descubrimiento de estas músicas hasta ahora tan alejadas de nuestros oídos, nos enriqueceremos también como creadores y productores de música.

Otra razón por la que resulta altamente encomiable este encuentro internacional es porque en su seno ha habido cabida para agrupaciones e intérpretes cubanos que nunca antes habían tenido oportunidad de salir del estrechísimo marco de la iglesia, como es el caso del ensemble Lauda de música antigua, dirigido por Henry Vidal.

Las Voces Humanas será una ayuda inestimable para que recordemos la buena música y seamos capaces de discriminar los productos adulterados que se nos ofrecen como el único pan de cada día a nosotros, los habitantes de una de las tierras más musicales del planeta. Ojalá Leo Brouwer continúe preocupado por el estado musical de Cuba y no desista, vencido por los cálculos pedestres.

 

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