Hallan cementerio de vampiros en Polonia o el regreso del conde Drácula

cementerio de vampiros poloniaLa noticia de que arqueólogos polacos han encontrado el mayor cementerio de vampiros descubierto hasta la fecha, con 44 cuerpos de los cuales 17 presentan señales inequívocas de haber sido ajusticiados por practicar el vampirismo, tales como estar decapitados, tener una hoz al cuello y clavos de plata entre el costillas, que alguna vez fueron clavados en sus corazones, hará regresar a la memoria colectiva supersticiones y temores que hace siglos yacían sepultados en el olvido o bañados por la incredulidad.

Como la creencia en las brujas, el vampirismo es un mito antiquísimo del que ya se encuentran trazas en el Neolítico, y el miedo a estos fenómenos desencadenó verdaderas cacerías humanas, sobre todo en la Edad Media, y no hubo prácticamente ningún Estado europeo que se librara de esas paranoias asesinas. Con orígenes en cultos y creencias paganas anteriores a la cristianización en Europa, estas manifestaciones de culturas ancestrales han permanecido vivas en el imaginario popular, y si bien desde el siglo XVIII ya no se queman brujas, miles de personas practican hoy la wicca y pertenecen a oscuras sectas que utilizan el Libro de las Sobras, una especie de Biblia de las brujas (en realidad un grimorio medieval) y las herramientas consagratorias atribuidas a las brujas, celebran rituales, pronuncian conjuros, y del mismo modo son millones las personas que creen en los vampiros, ven filmes de vampiros como la serie Crepúsculo, con alta teleaudiencia, leen libros de vampiros y hasta se creen vampiros ellos mismos.

Tanto en la creencia en la brujería como en la creencia en el vampirismo y el terror que ambos inspiran, late el rechazo arquetípico al Otro, ya que las brujas solían ser mujeres ancianas que vivían solitarias al margen de la comunidad y conocían artes de curación de origen muy antiguo, y en el caso de los vampiros, ciertos signos exteriores como el color rojo del cabello y la lividez, y señales de discapacidad física o incluso anomalías de la estatura corporal ya fuere por exceso o por defecto, bastaban para hacer caer las sospechas de vampirismo sobre individuos que, como en el caso de las brujas, no eran más que pobres inocentes a quienes les tocaba el papel de chivos expiatorios de la histeria colectiva, fenómeno tan común en la Edad Media como inexplicable es su génesis.

Ciertas profecías bíblicas, de Nostradamus y otros supuestos clarividentes anuncian que hacia el final de los tiempos los muertos saldrán de sus tumbas, en especial los “malditos”. Ojalá estos hallazgos, que pertenecen por entero al mundo científico de la arqueología, la antropología y la historia y son patrimonio cultural de la Humanidad, pero llegan en un momento sumamente convulso de la Historia del mundo y hacen su aparición en un terreno ya preparado por la fantasía exaltada de la posmodernidad, no alienten el despertar de viejas fobias dormidas. Como dice la canción, este es un “mundo loco, loco, loco”, y no sería de extrañar que en un terreno abonado por la inseguridad colectiva, la inestabilidad de los sistemas políticos, el terrorismo, la violencia cultural y de toda índole, las crisis económicas, la desesperación, la pobreza, el retorno de las plagas y el colapso de los valores que desde hace siglos sostienen el espíritu de Occidente, estos hallazgos tan interesantes encendieran de nuevo la llama del odio. El mundo acaba de enterarse de que el “califa” del autoproclamado Estado Islámico ha ordenado matar a todos los recién nacidos que presenten cualquier tipo de discapacidad física. No habría que extrañarse si de repente aparecieran perseguidores de ancianas poco sociables y pelirrojos pálidos. El espíritu de la Lógica y la Razón está perpetuamente amenazado por los miedos ancestrales. Habrá que esperar para ver si Drácula no es exhumado del fondo del inconciente colectivo. Los arquetipos podrían lanzarse de nuevo sobre esta humanidad altamente tecnologizada, y serían un ejército tan tenebroso como terrible.

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