Retomar los antiguos precios de la agricultura urbana
El movimiento de la agricultura urbana y suburbana es el que tiene mayores potencialidades para contribuir a la disminución de los precios de los productos agrícolas, que desde hace tres años han cogido un ritmo tan elevado que se hacen insostenibles para la mayor parte de la población.
Incluso, esta concepción fue aceptada por los propios miembros del movimiento, reunidos en su balance anual, basados en la fortaleza que tienen, con los más de ocho mil puntos de venta situados en los propios organopónicos, semiprotegidos y huertos intensivos que, al no tener intermediarios, pueden vender siempre por debajo de los precios que imperen en los mercados agropecuarios de sus respectivos municipios.
Desde este tipo de agricultura, también pueden manejarse mejor las siembras que se harán para garantizar el suministro estable de hortalizas y condimentos frescos a la población, que siempre fue el objetivo supremo de esta iniciativa.
Y es posible también, dada la concentración de la producción y la fuerza de trabajo estable que tienen estas unidades, de aplicar sistemas que permitan consignar las fijas de costo de cada cultivo, y el total de costos en que incurren por el uso de la electricidad, petróleo, agua, abonos, mano de obra y demás elementos del proceso productivo.
Las cinco provincias que mejores resultados tienen en este movimiento de pequeña agricultura -La Habana, Pinar del Río, Matanzas, Villa Clara y Sancti Spíritus- pueden ser las abanderadas en retomar el camino con que surgieron los organopónicos.
Es necesario crear puntos de venta en los perímetros de las fincas más distantes de la agricultura suburbana, que siempre estarán situados a menos de cinco kilómetros de las ciudades y poblados, con vistas a abastecer de viandas y frutales, con lo cual se apoya el suministro de alimentos a la población.
En este tipo de agricultura, se precisa producir más, vender más y diversificar los cultivos, así como también incrementar las siembras de lechuga para semillas en todos los municipios, y no confiarse en las de importación, que a veces llegan tarde o presentan dificultades en la germinación.
Hay que escalonar mejor las siembras de todas las hortalizas, desde quimbombó -una de las más rústicas- hasta las más complejas, de acuerdo con los meses en que se puedan cosechar.
Pero la agricultura urbana también requiere más de medio millón de microaspersores de los que se fabrican en Cuba, para reponer los que están en uso, y conseguir mejores resultados en el ahorro de agua y en la eficiencia de su explotación.
No se puede permitir que existan canteros vacíos, cuando la población está reclamando mayor cantidad de alimentos. Este es un principio que debe cumplirse en todo momento, porque así surgió la agricultura urbana: con pequeños espacios dentro de las ciudades, para propiciar trabajo y alimentos a la población.
fny
