Primeras organizaciones sinfónicas de Cuba

orquesta sinfónica de MatanzasLa República, pese a haber sido una época tan convulsa y contradictoria en lo político y en lo social, o quizá por eso mismo, fue una etapa de gran riqueza cultural en la historia de Cuba. Lo fue en la música, en la pintura, en la literatura, en el periodismo, en la arquitectura y, de cierta manera, también en la danza clásica. Diferentes instituciones aportaron este florecimiento en las artes y el pensamiento, entre ellas la Academia Nacional de Artes y Letras, que como indica su nombre tuvo entre su membresía a casi todas las figuras prestigiosas de la intelectualidad y el arte cubanos, y el Grupo Minorista, integrado entonces por un grupo de jóvenes que ejercerían una influencia decisiva en la orientación de la cultura cubana no solo durante las cinco décadas republicanas, sino también durante las casi seis décadas posteriores a 1959.

En el período republicano se crearon las primeras orquestas sinfónicas de la Isla. Gonzalo Roig fundó la Orquesta Sinfónica en 1922, y en 1924 la Orquesta Filarmónica, bajo la dirección del músico español Pedro Sanjuán, a quien sustituyó más tarde Amadeo Roldán. Poco después esta orquesta estrenó la música de Roldán, Caturla y otros músicos de la vanguardia internacional que habían iniciado búsquedas formales dentro del movimiento que entonces se llamó afronegrismo, y que nació al calor de los trabajos del célebre etnólogo don Fernando Ortíz.

La Sinfónica tenía una orientación estilística más clásica. En ella tocaron músicos como Ernesto Lecuona, Rodrigo Prats, Gonzalo Roig y Eduardo Sánchez de Fuentes.

En estos años surgió la Sociedad Por Arte Musical, que tanta importancia tendría en la trayectoria de la música de concierto y en el desarrollo de otras manifestaciones artísticas. También se fundaron los conservatorios de mayor renombre y prestigio nacionales, como los de Hubert de Blanck, Julián Orbón, Eduardo Peyrellade, Alberto Falcón y otros, que tuvieron filiales en casi todas las capitales de provincia, y en los cuales se formaron alumnos que darían gran brillo a nuestra música.

Durante la etapa republicana también se desarrolló con esplendidez la música popular. Surge un tipo de rumba asociada al pregón, que los especialistas consideran muy sofisticada, “blanqueada”, pero que hizo furor en países como Estados Unidos y Francia. En los géneros de la rumba y la cancionística de influencia afro descollaron músicos insignes como Eliseo Grenet, Moisés Simons con El Manisero, y Margarita Lecuona, con la celebérrima Babalú Ayé, por solo mencionar las piezas más conocidas de estos autores.

En los años 20 cubanos en las guitarras del Trío Matamoros el son oriental llegó a La Habana para quedarse, y fue en la capital cubana donde sus intérpretes se agrupan en los nuevos formatos del sexteto y el septeto entre los que destacaron el Sexteto Nacional de Ignacio Piñero y el Sexteto Occidente de María Teresa Vera.

Un decenio más tarde se impusieron las llamadas charangas francesas, nacidas de las orquestas danzoneras. Estas agrupaciones dieron lugar al danzonete y al danzón de nuevo ritmo, cuyos músicos má representativos fueron Orestes y Cachao López. Estas orquestas a veces estaban integradas por músicos negros y a veces por músicos blancos, y en ocasiones eran mixtas, y lo mismo tocaban en sociedades de recreo de negros que de blancos. Una de las más exitosas y reconocidas fue la de Antonio María Romeo, que llegó a tocar en Nueva Yok y gozó de una popularidad inmensa. Por la misma fecha surgió la orquesta danzonera de Antonio Arcaño.

Las primeras décadas de la República vieron también un gran desarrollo de las bandas militares, las cuales, como ya había ocurrido en el sur de los Estados Unidos décadas antes, jugaron un papel importante en la aparición del género precursor del jazz, el ragtime.

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