Los violines del cielo

Stradivarius_violin_Palacio_Real_MadridQuienes hayan tenido la suerte de ver el filme canadiense El violín rojo, del director François Girard, seguramente habrán quedado impresionados ante la historia del luthier que barnizó su mejor violín con un barniz en el que mezcló la sangre de su joven esposa muerta de parto.

Así consiguió un instrumento cuyo sonido estremecía a quienes lo escuchaban por recordar el lamento de una voz humana. La película es tan fuerte que al final el espectador se pregunta si habrá una historia real tras la trama contada. Y en efecto, la hay.

El violín rojo está inspirada en la figura del luthier Antonio Stradivari, nacido en la ciudad de Cremona, Italia, y considerado el más grande constructor de instrumentos de cuerda de todos los tiempos, y en uno de sus violines más famosos, el llamado Red (rojo) Mendelssohn, que fabricó entre 1720 y 1721.

Cremona fue el más importante centro de luthiería de Europa en los siglos inmediatamente posteriores al Renacimiento, debido a que se encontraba en una zona que poseía todos los recursos naturales necesarios para la fabricación de instrumentos musicales, y al mismo tiempo se hallaba ubicada en el centro de un área cuyas potencialidades comerciales a nivel internacional habían sido desarrolladas al máximo por la República de Venecia.

Cremona fue la cuna de las tres familias de luthieres más prestigiosas del mundo, Amati, Stradivarius y Guarnieri, creadores de instrumentos de cuerda frotada (violines, violas, chellos, guitarras, mandolinas y arpas) cuyo precio puede alcanzar hoy muchos millones de euros, y son muy codiciados por los intérpretes más famosos del planeta.

Stradivarius (latinización del italiano Stradivari) nació en 1644, fue un hombre discreto de vida rutinaria, dos veces casado y padre de once hijos todos legítimos, trabajó siempre en su taller y llevó una existencia más bien íntima de la que no se sabe casi nada.

Como todos los genios, en torno a él ha crecido una leyenda según la cual quiso ser un gran violinista, pero muy joven aún comprendió que no estaba dotado para alcanzar su sueño, por lo que a los 14 años entró como aprendiz en el taller del ya entonces famoso luthier Andrea Amati, donde aprendió el oficio, pero hoy las muchas investigaciones llevadas a cabo en torno a su persona arrojan dudas sobre si fue discípulo del fundador de esta dinastía de artesanos artistas o de su nieto Nicoló. O tal vez de ninguno de ellos.

Los entendidos en la materia aseguran que los más de 1 200 instrumentos creados por el maestro Stradivarius, pero sobre todo sus violines, tienen un sonido y una fuerza expresiva inigualables e insuperables. Hoy solo quedan unos cientos de estos ejemplares en circulación pública, y otro número imposible de calcular forma parte de colecciones privadas.

Con algunos de estos instrumentos han tocado solistas de la talla de Yehudi Menuhin y Jascha Heifetz, lo que aumenta su valor en el mercado de la música. En la lista de grandes intérpretes que han usado violines Stradivarius aparece el nombre del gran violinista decimonónico cubano de fama internacional Maestro Brindis de Salas, quien poseía el violín llamado Swan-song, fabricado en 1737.

Muchas de estas piezas llevan nombres realmente impresionantes, como La Rouse Boughton, La Chatedrale, Soil, El Mesías, Lady Blunt, Conde de Armaille, Archinto, etc. Alguno ha sido subastado en más de 140 millones de dólares.

El origen de la singular sonoridad y colorido de los violines Stradivarius ha dado lugar a muchas leyendas, a cual más romántica. Se ha dicho que el secreto está en la madera, que el Maestro obtenía de barcos hundidos o de antiguas catedrales y castillos; que provenía de un solo y gigantesco árbol que el Maestro descubrió medio hundido en un río, por lo que la madera se había impregnado de las vibraciones del torrente.

Muchos creen que el efecto acústico se debe a una fórmula secreta que Stradivarius creó para barnizar las maderas de arce y abeto que empleaba en la fabricación de sus piezas, y que habiéndola anotado en una página de su Biblia, después de su muerte esta fue arrojada al fuego por uno de sus hijos para que no pasara a la posteridad.

Se ha especulado infinitamente en torno a los posibles ingredientes de la supuesta fórmula secreta y hasta mágica del Maestro Antonio Stradivarius. Hay quienes apuntan a una hierba llamada sangre de dragón, sustancia gomosa de color rojo obtenida del fruto de una palmera malaya que Marco Polo trajo de Oriente.

También estudios posteriores indican que pudo haber usado vidrio triturado, algunas resinas de árboles frutales, algunos aceites que no han podido ser identificados y bórax, esta última sustancia como prevención contra el ataque de insectos, en especial las termitas, y también contra hongos creados por la humedad ambiente y las condiciones de almacenaje tanto de la madera como de los instrumentos ya terminados.

El bórax es un elemento de origen mineral cuya presencia en los violines Stradivarius ha sido confirmada por el hallazgo de partículas de sales minerales adheridas a la madera de los instrumentos. El uso del bórax como preservante era ya conocido en el Egipto faraónico, donde fue una de las sustancias utilizadas en los procesos de momificación de cadáveres.

Al parecer, Stradivarius la aplicaba como protección en la primera capa de la madera de sus instrumentos. Esta pequeña mineralización de la madera ayudaría a la densidad de la misma, lo que amplificaría la potencia de la sonoridad.

Se ha descubierto que entre 1700 y 1720, dos décadas conocidas como el período dorado de la luthiería en Cremona, una plaga de insectos afectó a Europa, hecho que justificaría la preocupación por incorporar el bórax al barniz empleado en sus trabajos. Una de las características únicas de las piezas Stradivarius es su inmunidad a los insectos.

Varias obras de Stradivarius han sido sometidas a escáneres y estudios endoscópicos, y han mostrado que en algunas partes de sus estructuras la madera adelgaza su espesor hasta menos de un milímetro, cuando la norma para la fabricación de estos instrumentos es de varios milímetros.

Otra posibilidad que pudiera explicar el sonido tan propio de los Stradivarius serían las modificaciones que el Maestro hizo al estilo de su mentor Amati, pues construyó sus propios violines con cajas de resonancia más estrechas y alargadas, lo que sin duda influyó en las variaciones de su sonoridad. Sin embargo, todos los expertos en la materia coinciden en que no hay dos violines Stradivarius con idéntico sonido.

Pero hasta el momento la teoría más aceptada es la que atribuye las propiedades únicas de los Stradivarius a las condiciones del secado de su madera. Cuando va a ser usada en la fabricación de instrumentos musicales, la madera debe ser sometida a un largo proceso de secado no menor a unos 70 años.

Sin embargo, la costumbre de Stradivarius de colocar en el interior de cada uno de sus instrumentos una etiqueta con la fecha de fabricación de la pieza, ha permitido comprobar que el tiempo de secado de las maderas que empleó no excedió de 25 años.

Stradivarius vivió en una época de inviernos extraordinariamente crudos que azotaron a Europa al punto de que se la ha catalogado como una Pequeña Edad del Hielo, a la que se le ha dado el nombre científico de Mínimo de Maunder.

Estas temperaturas tan bajas habrían influido en que los árboles crecieran entonces más lentamente y desarrollaran una fibra más compacta, lo cual, desde luego, redundaría en una mayor fortaleza del sonido. Durante esos inviernos se obtuvo la madera más densa de los últimos 500 años.

Los violines y demás instrumentos de cuerda que fueron construidos en ese mismo tiempo por otros grandes luthieres cremonenses, entre quienes se cuentan las familias Amati y Guarnieri, no alcanzan la perfección sonora de los Stradivarius.

Parece más sensato suponer que fueron varios los aspectos que influyeron en la calidad e inimitabilidad de los instrumentos que fabricó Stradivarius, sin que se deba omitir de esta fórmula multifactorial la suprema importancia del genio personal del Maestro, su don natural, que aunque parezca lo más subjetivo pudo ser, tal vez, lo que más influyera en estas joyas de la creación artística que son cada una de sus obras. Se cree que el Maestro construía unos 13 violines por año, sin que se conozca la cantidad de otros instrumentos que fabricó en igual lapso de tiempo. Construyó su último violín a los 92 años de edad y murió un año después, en 1737.

Como dato curioso quiero mencionar que el instrumento que inspiró El violín rojo tiene en la parte superior de su caja de resonancia una franja de un extraño color rojizo cuya causa no ha podido ser explicada.

Este violín Red Mendelsshon, es hoy propiedad de la célebre y enigmáticamente bella intérprete norteamericana Elizabeth Pitcairn, para quien lo compró su abuelo en una subasta en casi dos millones de dólares. ¿Habrá sido esta franja sangrienta la que sugirió la macabra procedencia del color del barniz del violín cinematográfico…?

En cualquier caso, si usted encuentra en algún momento de su vida un instrumento de cuerda frotada que lo hipnotice con la belleza de su sonido, en cuyo interior descubre una etiqueta donde esté escrito: “Antonius Stradivarius Cremonensis Faciebat Anno…” seguido de un período de tiempo comprendido entre 1661 y 1736, sepa que su estrella de la Fortuna ha lanzado sus rayos resplandecientes sobre usted, destinándolo a convertirse en un violinista coronado por la Fama, en un repentino millonario o en el feliz poseedor de una de las obras de arte más perfectas que ha creado la Humanidad. Si el Hada de los Deseos le permitiera elegir, ¿qué escogería…?

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