Afán de sembrar, amén del tiempo
Los agricultores de la provincia de Artemisa no descansan en su laboreo diario, a pesar de los pronósticos de los meteorólogos, quienes indican que febrero y marzo de este año serán lluviosos.
Los hombres y mujeres del campo se afanan en seguir sembrando, en salvar cada cultivo, recuperar el tiempo con nuevas plantaciones, en hacer las cosas bien, porque “el pueblo come todos los días. Y ya vendrán tiempos mejores”, como aseguró Pedro Hernández Brito (Pipe).
Cuando este campesino habló así, ya sabía que tenía perdida la mitad de su cosecha de frijoles, y la otra mitad -que aparentemente pudo salvar- no servía para sustituir importaciones ni para comercializar, pues los granos estaban nacidos dentro de los sacos.
En Artemisa, casi todos los cultivos han sido perjudicados; la debacle comenzó desde septiembre último, arrancada de la campaña de frío (la más productiva en Cuba), y no pudieron hacer la mayoría de las siembras porque la intensa sequía lo impidió.
Ahora, a las pérdidas de cultivos y cosechas debido a las constantes lluvias, se suman los vientos que hicieron estragos en los platanales, la proliferación de plagas y enfermedades, como la sigatoka en el plátano, el virus del mosaico y los hongos en los frijoles, el fusarium en los garbanzos y las pudriciones de viandas que están en la tierra sin poderse recolectar.
En noviembre no pudieron sembrar papa, y estaba afectada la totalidad de las áreas hasta el 29 de enero, incluidas 50 hectáreas (ha) perdidas, después de 19 días de constantes aguaceros en el referido mes. El encharcamiento pudre las plantas, que, además, merman sus rendimientos por el exceso de humedad.
Se cuantifica que unas 800 ha de frijoles en las diferentes fases vegetativas o cosechados no florecieron, no dieron vainas o sus granos nacieron dentro de estas. Hay campos completos que todavía tienen las plantas recogidas que no pudieron trillarse; algunos están ya en los sacos, pero -a falta de calidad- no han podido comercializarse.
La mayoría de los sembrados de plátano vianda tienen las hojas negras o amarillas por la invasión de la sigatoka; y hay yuca, col y boniato en la tierra, podridos o rajados, que no sirven para el consumo. Los daños son severos en el arroz y el ajo, además de en el tomate y otras hortalizas; el clima también tiene incidencia negativa en las producciones de los apiarios y en la ganadería.
No obstante, los productores no bajan sus brazos. “La estrategia es tratar de rescatar los cultivos que nos quedan en el campo y seguir sembrando, ahora especies de ciclo corto, en aquellos lugares donde se perdieron otros que estaban crecidos”, informó Raimundo Espinosa, director provincial de la Agricultura.
“No renunciaremos al cumplimiento del plan, aunque hay una afectación considerable. La mayoría de las cooperativas han vuelto a plantar sobre los mismos suelos que perdieron sus cultivos anteriores, ratificó Ramón González, vicepresidente de la Cooperativa de Producción Agropecuaria Amistad Cuba-México.
Hemos reemplazado algunas siembras por cultivos de ciclo corto, que puedan cosechar y enviar a los mercados, pues hoy lo que están sacando es un poco de plátano. La Empresa de Seguros está haciendo estudios, valorando las pérdidas; imagino que son millonarias, precisó.
La agricultura en Artemisa ha reorientado la contratación de sus producciones. Se trata de lograr que la mayor cantidad de productos sean comercializados por las empresas estatales para que lleguen a los mercados con precios asequibles.
El compromiso, ratificado por la totalidad de los productores con quienes discutió una comisión, es entregar el 80,04 por ciento. Después de cumplir este acuerdo, pueden dedicar la otra parte al autoabastecimiento y la venta en los puntos de las formas productivas, explicaron las autoridades del sector.
También se estudia, en conjunto con el Ministerio de la Agricultura, las fichas de costo para los cultivos (no son los mismos en todas las regiones ni formas productivas), lo que permitirá ajustar los precios de compra al productor y venta en los mercados.
Actualmente se aplican, mes a mes, los precios máximos oscilantes, propuestos por la Agricultura y aprobados por el Consejo de la Administración de la provincia, para tratar de bajarlos en el comercio minorista. Ya se encuentran establecidos en los mercados estatales, y muchos puntos de venta de las cooperativas se han acogido a ellos.
fny
