Cosechar, amén del tiempo
Cuentan que el campesino regresó a su finca después de tres días consecutivos de fuertes aguaceros. Estaban todavía, amontonadas sobre lo alto del surco anegado en agua, las plantas de frijoles que la última tarde de sol había arrancado de la tierra. Se inclinó a revisarlas con la esperanza de que algo pudiera salvarse, mas los granos se habían podrido o estaban nacidos en sus propias vainas.
Viró la espalda, un fuerte dolor en el pecho lo llevó al hospital, y de ahí a estar varios días de reposo. Después de una semana de aquel suceso, nadie lo había vuelto a ver por el campo. Se le malogró el trabajo de varios meses y toda la cosecha, y esas pérdidas son muy difíciles de reparar.
El ingeniero Gilberto Bernal, especialista en granos de la Empresa Agropecuaria Artemisa, citó otros casos parecidos, en un largo recorrido por los productivos municipios de la provincia homónima.
“Los sembradíos de frijoles que se mantienen están amarillentos porque, a los daños que causa la lluvia intensa y recurrente, se suma el efecto secundario de la transmisión del virus del mosaico y de los hongos, que impiden la reproducción de los granos; sin flores no hay vainas”, razonó Gilberto.
En un cuarto de la casa de Pedro Hernández Brito (Pipe), acumulan los sacos de frijoles, los que pudieron secar con el poco sol de esos días, pero al tacto se sienten húmedos y están partidos o nacidos. Fueron los que se salvaron y él conserva con el ánimo de cocinarlos para su familia; es poco menos de la mitad de lo que tenía previsto cosechar.
Seguir sembrando
A las enormes pérdidas de cultivos y cosechas provocadas por las constantes lluvias, se suman los vientos que hicieron estragos en los platanales, la proliferación de plagas y enfermedades como la sigatoka en el plátano, los virus ya mencionados y la pudrición de las viandas que están debajo del suelo.
En la granja urbana de Artemisa hubo sembrados de boniato y malanga que no pudieron aprovecharse por ese motivo, y las pérdidas en la papa están por cuantificar, sin contar el atraso que hubo en las siembras por causa de las precipitaciones del mes de noviembre y diciembre, lo que indudablemente tiene un efecto negativo en los rendimientos.
En la cooperativa de producción agropecuaria (CPA) Amistad Cuba-México, de Alquízar, fueron reemplazando los campos donde se perdió la papa con la siembra de otros cultivos de ciclo corto, “para mantener el suministro a los mercados de La Habana y de ese municipio, pues hoy lo que estamos sacando es un poco de plátano”, dijo Ramón González, vicepresidente de la cooperativa.
La provincia de Artemisa tiene este año un plan de producción de más de 400 mil toneladas de viandas, hortalizas, granos y frutales, y concentra sus mayores potencialidades productivas en los cuatro municipios de la zona sur, por la productividad de sus suelos y la cultura de los campesinos.
“La estrategia es tratar de rescatar los cultivos que nos quedan en el campo y seguir sembrando, ahora especies de ciclo corto en aquellos lugares donde se perdieron otros que estaban crecidos. No renunciaremos al cumplimiento del plan, aunque hay una afectación considerable”, informó Raimundo Espinosa, director provincial de la Agricultura.
A priori, se cuantifica que unas 800 hectáreas de frijoles que estaban en las diferentes fases vegetativas o cosechados no florecieron, no dieron vainas o sus granos nacieron dentro de estas. La mayoría de los sembrados de plátano vianda tienen las hojas negras o amarillas por la invasión de la sigatoka; y son severos los daños al tomate (343 ha), al ajo (71 ha), a la papa, a otras hortalizas y al arroz; el clima también tiene incidencia negativa en las producciones de los apiarios y en la ganadería.
Que llegue al mercado todo lo que se produce
La dirección de la Agricultura en Artemisa ha reorientado la contratación de las producciones agropecuarias. Se trata de lograr que la mayor cantidad de productos sean comercializados por las empresas estatales para que lleguen a los mercados con precios asequibles. El compromiso, ratificado por la totalidad de los productores, es entregar el 80,04 % de los acopios; después de cumplir este acuerdo, pueden dedicar la otra parte al autoconsumo y la venta en los puntos de las formas productivas; así lo explicaron las autoridades de la Agricultura y lo ratificaron los propios productores.
Otra arista del problema toca a la Empresa Nacional de Seguros Agropecuarios, que aún realiza estudios para cuantificar todas las pérdidas y corresponder monetariamente con las cosechas que estaban protegidas por esta entidad.
Otro proceso que se llevó a la par en este territorio, ubicado en las vastas llanuras del oeste y sur de La Habana, es un diagnóstico del uso que le dan a la tierra los 6 mil 060 productores que las recibieron en calidad de usufructo. Ese estudio arrojó que el 88 % la explotan adecuadamente, mientras a 215 se les rescindió su contrato y se adoptaron otras medidas con 141.
Se trata de lograr que cada hombre y mujer que cuente con un pedazo de suelo, lo haga parir y que sus productos lleguen a los consumidores para acortar la brecha entre los alimentos que se importan y los necesarios para abastecer a los 11 millones de cubanos y más de tres millones de extranjeros que visitan Cuba anualmente.
Artemisa es una de las provincias que mayores cantidades de alimentos cosecha cada año, con una amplia gama en las producciones agrícolas y pecuarias, sustentadas por tecnologías y hombres capacitados para lograrlo.
Una combinación de factores está haciendo muy difícil las labores del campo; hay un desfase de las cosechas por la situación meteorológica, pero, ante tal panorama y los pronósticos de abundantes lluvias para lo que queda de marzo, hay voluntad entre los productores para reponerse de los malos tiempos y enfrentar los por venir.
fny
