Oryema

Geoffrey Oryema Photo François DestocUn regalo puede causar gran impacto en la vida de una persona, quién lo duda. A mí me sucedió cuando hace años alguien me regaló un tesoro musical en forma de una caja de casetes donde había excelentes grabaciones de La Ópera de Porgy and Bess, varias versiones del Avemaría, El concierto de Aranjuez, la banda sonora del filme París-Texas, Madame Buterfly y otras maravillas.

Poco tiempo después quedaron arruinadas sin remedio durante una mudada, en la que otro alguien les derramó encima un frasco de aceite para cocinar, en lo que considero uno de los peores desastres domésticos que me han ocurrido en esta vida. La pérdida que me causó mayor dolor, desesperación en verdad, fue la de un casete sin solapa, en cuyo lomo una mano había escrito en modestos caracteres, a pluma, la palabra Exile.

Nunca he sido capaz de describir aquella música, algo que jamás había escuchado, sonoridad enteramente nueva para mis oídos, instrumentos imposibles de identificar, arreglos vocales que me inducían una intensísima gama de emociones.

Exile… Un título que evoca muchas cosas, pero el idioma me era enteramente desconocido, aunque las voces tenían ciertas peculiaridades que me hicieron pensar en África.

Desde la primera vez que escuché a aquel intérprete me pregunté cómo yo había podido pasar tanto tiempo sin saber de su existencia, sin su música. Recuerdo que lloré sin consuelo cuando me convencí de que ningún esfuerzo ni procedimiento salvador serían capaces de hacer sonar de nuevo aquella cinta en mi grabadora. Exile se había ido.

Pasaron los años y yo siempre preguntaba en Internet en todos los grupos de intercambio de libros, discos y películas, hasta que una española me dio la clave que tanto había buscado: el músico se llamaba Geoffrey Oryema y era, en efecto, un africano. Ella me envió Exile por correo electrónico, pero nunca pude abrirlo. Oryema se me convirtió en uno de esos paraísos personales perdidos a los que revisitamos con nostalgia siempre. Parecía un imposible.

Pero hace poco, alguien logró conseguir el disco original de Exile en una grabación de los años 90, carátula intacta en su muy intacto celofán, y me lo hizo llegar a través de medio mundo. El disco viene acompañado por un pequeño libro donde por fin pude saber quién es Geoffrey Oryema.

Este genial músico africano nació en 1953 en Soroki, una ciudad al este de Uganda. Su padre fue un militar de alta graduación  que formó parte del Gabinete Ministerial de su país, pero tras el ascenso al poder de Idi Amín Dada fue brutalmente asesinado. Su familia quedó indefensa y Geoffrey, entonces de 24 años, tuvo que huir del país y cruzar la frontera en el baúl de un auto, convirtiéndose así en un exiliado. Estas dolorosas vivencias de la muerte de su padre, la separación de su madre y sus hermanos y su huida a una nación extranjera fueron desgarradoras para su sensibilidad y quedaron plasmadas en este disco deslumbrante y de una dimensión casi mítica. Su vida en el exilio fue difícil, pues aunque Oryema reconoce que en Kenya fue tratado con consideración, quienes lo acogieron en tierra ajena nunca le ahorraron la percepción de ser ente ellos un extranjero.

Exile, su primer álbum, fue editado en 1990 bajo la producción de Brian Eno, conocido periodista y compositor inglés de música electrónica y experimental y activista medioambiental. Contiene diez canciones cantadas por Oryema en swahili y acholi, sus idiomas de juventud. Estas canciones (salvo dos de ellas) tienen nombres africanos: Pini runa woko, Land of Acana, Piri Wango Iya, Ye, ye, ye Lakan woto kumu, Makambo, Jok omako niako, Solitude, Lubanga y Exile. Todos los temas, como el título del ábum indica, se refieren al trauma terrible de la muerte de su padre, la separación de su familia y el exilio forzoso.

En Land of Anaka, tema de fuerte contenido simbólico, Oryema evoca la tierra de Anaka, una especie de lugar mágico o sagrado a donde van, según creencias de su etnia, las almas de los muertos, y donde él supone que mora su padre. En versos muy conmovedores habla del hogar abandonado por su familia, donde solo hay ahora arena muerta.

En Solitude recrea el momento en que su madre recibe la noticia del asesinato de su esposo, y el cántico ritual que ella entona para comunicárselo a sus hijos.

Exile, canción que da título al álbum, es una carta abierta, una llamada a la paz y al fin de la lucha armada, que ha probado ser tan destructiva en una tierra una vez llamada “la perla de África”. “El veneno de nuestra sociedad es conocido como “Apoka –Poka Me Kaka” —afirma  Oryema—, expresión lingüística que significa tribalismo, organización social perteneciente a estadios primarios de la civilización humana que siguen vigentes y son causa de confrontaciones sangrientas entre las etnias africanas.

Todas las canciones del disco giran en torno al amor por la tierra que dejó atrás y sus lugares, que le invaden la memoria cada día en una interminable ronda de nostalgia. El disco también contó con la participación de Peter Gabriel, importante cantautor y compositor de rock británico que interpreta el coro en los temas Land of Anaka y Ye Ye Ye, mientras que David Bottrill tuvo a su cargo la percusión y coproducción el disco.

En 1993 Oryema lanzó su segundo álbum, Beat the Border, a través del cual obtuvo reconocimiento internacional. Cuenta con Jean-Pierre Alarcen como guitarrista, Brian Eno como productor y con las colaboraciones de Manu Katché y Ayub Ogada. El álbum evoca el espíritu y la cultura africana para los que viven en países del tercer mundo.

Night to Night es el tercer álbum del cantautor editado en 1996 en el que rememora episodios de su infancia en los campos de Uganda, noches en Kampala y viejas heridas vividas durante el régimen político de Idi Amin Dada.]

Sus tres primeros álbumes fueron producidos por Peter Gabriel a través del sello discográfico Real World. Posteriormente firma con Sony International, un sello establecido en Francia, donde el reside desde su exilio. Además de los dos idiomas nativos mencionados, también canta en inglés y francés.

Oryema ha empleado en su música una mezcla de instrumentos tradicionales de varias zonas de África, y de instrumentos modernos y tradicionales occidentales. Entre los primeros se encuentran la kora o arpa africana, construida con una calabaza cubierta de cuero y un mástil de 22 cuerdas con escala heptafónica, cuyo sonido es híbrido de arpa y laúd; el lukeme, el nanga, el shaker senegalés, el djembe y otros. Entre los segundos están las guitarras acústica y eléctrica, el bajo, pianos Yamaha, la flauta tradicional irlandesa, el órgano, la guitarra de textura, y otros.

En julio de 2005, actuó en el concierto brindado en Cornualles, LIVE 8: Africa Calling y en Live 8 Edinburgh. Estos conciertos fueron parte de una serie de espectáculos que buscaban inclinar la atención de los líderes reunidos en el G8 hacia los temas de la extrema pobreza.

Debido a la poética de sus canciones y su particular voz, la prensa francesa e internacional se refiere muchas veces a él como “el Leonard Cohen africano”.

Creo que en Cuba Oryema no es muy conocido, si acaso será un músico de culto en mínimos cenáculos de entendidos. Tampoco conocemos a otros muchos importantes músicos del continente del cual proviene la mitad de nuestra cultura, tales como Ali Farka Touré, Ballake Sissoko, Boubacar Traoré, Foday Musa Suso, Seckou Keita, Sidiki Diabaté, Toumani Diabaté, Mamadou Diabaté, Yerko Fuenzalida, Gabriel Vass, Kaouding Cissoko, Sekou Kouyate, Babou Diébaté y otros,  a pesar de que algunos de ellos viven desde hace tiempo en España y Francia, como el propio Oryema, y trabajan con músicos occidentales de gran renombre. En Cuba, productora de ritmos sincréticos especialmente bailables que han invadido el mundo y ejercido notable influencia sobre músicos de todos los países, los verdaderos, los auténticos músicos y compositores africanos siguen siendo un vacío en la cultura musical de nuestro pueblo, y un vacío deplorable, pues el genio musical habita en ellos y son expertos indiscutibles y admirables que con esos instrumentos tradicionales, confeccionados algunos de ellos con sencillos componentes naturales, son capaces de crear sonoridades comparables a las de los más célebres músicos de Occidente, y en ocasiones hasta los superan, además de que como ejecutantes son verdaderos virtuosos capaces de proezas inimaginables.

Geoffrey Oryema es un ejemplo de músico comprometido y, al mismo tiempo, un creador de nivel artístico insuperable, un poeta y un ser humano de profunda sensibilidad, que debería ser ejemplo inspirador para todos los artistas de la Tierra que viven y trabajan o proceden de zonas del planeta donde aún la incultura, la pobreza y la barbarie, el tribalismo y formas atrasadas de religiones impiden el desarrollo humano y la elevación del alma de los hombres.

imop/

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