Diabetes: aumentar la percepción del riesgo
La sequedad en los labios, la sed constante y un sabor extraño a metales dieron la alarma. Herminia Valdivia no tenía otro síntoma ni malestares, pero acudió al médico en busca de consejos, de un diagnóstico de sus más recientes sensaciones.
Y no estaba equivocada. Los niveles de azúcar en su sangre eran muy elevados, y su médico de familia la remitió de inmediato a la atención secundaria, de donde salió con la orden de ingreso: había que estabilizar aquella situación y, luego, poner un tratamiento.
La diabetes había tocado a su organismo y, como otros cubanos, entraba en la abultada lista de quienes padecen esta enfermedad en el mundo. Afortunadamente, en Cuba existe un programa dirigido especialmente a tratarla.
El aumento disparado de personas que enferman con tal dolencia ha cuadruplicado las cifras desde 1980, al punto de alcanzar el 8,5 % de los adultos del orbe, quienes tienen en común para su padecimiento los malos hábitos alimentarios, que desencadenan disímiles enfermedades.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha lanzado una alerta en el primer informe de la diabetes de este año. Da cuenta de que en 2014 la cantidad de adultos afectados por este mal ascendía a 422 millones, fundamentalmente al predominar en ellos factores de riesgo, como la obesidad y el sobrepeso.
Según datos de la propia fuente, ese padecimiento causa alrededor de 1,5 millones de muertes al año. Los niveles elevados de glucosa en la sangre ocasionan 2,2 millones de fallecimientos más.
La OMS acentúa en su información que los habitantes de los países de ingresos bajos y medianos se ven afectados de manera desproporcionada. “Afecta a los sistemas sanitarios y las economías de los países debido al aumento de los gastos médicos y a la pérdida de salarios”, precisa.
Los Objetivos de Desarrollo Sostenible incluyen la meta de reducir en una tercera parte la mortalidad prematura ocasionada por las enfermedades no transmisibles, entre las que se encuentra la diabetes, por lo que los Gobiernos deben poner empeño en crear políticas públicas que aseguren el conocimiento del riesgo y las herramientas para su prevención.
Los especialistas reconocen que se puede limitar la proliferación y los efectos de la dolencia, promoviendo y adoptando estilos de vida más saludables, especialmente entre los jóvenes, como la actividad física sistemática y la alimentación balanceada.
fny
