¿De dónde vienen los spaguettis?
Desde hace décadas las pastas italianas se han convertido en uno de los platos más socorridos de la comida cubana, en especial los spaguettis. ¿Qué cubano no sabe preparar alguna receta sabrosa con este alimento? ¿Y quién no recuerda cómo su proceso de fabricación manual quedó inolvidablemente ilustrado en Terra Nostra, una de las mejores telenovelas brasileñas que han llegado a nuestras pantallas? Spaguettis con tomate y queso, con vegetales, con picadillo, con masitas de pollo o cerdo, y hasta conozco quien gusta de comerlos blancos y sin ningún sabor. Pero la gran noticia es que al parecer los spaguettis NO son italianos, como siempre habíamos creído, sino… ¡chinos! Qué sorpresa, ¿verdad?
Los primeros spaguettis que se comieron en Europa fueron, probablemente, inventados por los etruscos, quienes trituraban conjuntamente en sus majaderos cereales y granos que luego mezclaban con agua y cocían hasta obtener una pasta resinosa. Cuando los griegos llegaron al territorio que hoy corresponde a la ciudad italiana de Nápoles encontraron que los nativos de la zona preparaban una pasta de harina de cebada mezclada con agua y secada al sol, a la que llamaban makaria.
En la Roma del siglo III a.C. también se consumían pastas, para cuya confección los creativos romanos habían inventado utensilios y maquinarias que, aunque necesariamente rústicos, daban excelentes resultados. En aquel entonces ya se conocía la riquísima lasagna. Probablemente la expansión imperial de Roma diseminó por Europa y sus provincias del Oriente el hábito de comer pastas.
Siglos más tarde Marco Polo trajo a su Venecia natal desde las tierras del Gran Kan pastas elaboradas con productos agrarios de aquellas regiones remotas, y también diversas recetas para su confección.
Sin embargo, parece que el origen de los spaguettis es mucho más antiguo, porque los arqueólogos han desenterrado al noroeste de China, en las márgenes del mundialmente célebre Río Amarillo, lo que parecen ser unos fideos delgados y de color de paja, de unos 50 cm de largo, confeccionados con una pasta de mijo chino. Pero aún podemos escarbar aún más profundamente en el nebuloso saco de los orígenes de los spaguettis, pues los inquietos turcos aseguran haber hallado en la ciudad neolítica de Hattusa, situada en la meseta de Anatolia y una de las más antiguas urbes de la Tierra, restos de spaguettis muy primitivos confeccionados con una pasta de granos locales.
De cualquier modo, vengan de donde vengan, los spaguettis siguen siendo la comida de urgencia más sabrosa del mundo. Usted tiene invitados a almorzar, está contra reloj y no sabe cómo salir del atolladero: pone agua a hervir en un caldero grande, le agrega sal y aceite y cuando bulle le lanza dentro los spaguettis, y de paso lanza también unas cebollas, tal vez unas rodajas de zanahoria y unas hojitas de acelga o espinaca y un poco de habichuelas, luego cuela todo y baña el resultado con pasta de tomate y queso, si lo tiene, y ya está listo un banquete con el que hasta el comensal más exigente se chupará los dedos. ¿Tiempo de preparación? Menos de 30 minutos… si la cocinera es hábil, por supuesto. Y pegan con casi cualquier bebida: vino, refresco de cola, limonada… Una maravilla. No hay mejor comida para acompañar un partido de fútbol en la tele, una reunión familiar en una casa playera y hasta el festín de unos amantes llenos de entusiasmo y muy hambrientos.
Como detalle curioso sepan los grandes devoradores de spaguetadas que los gourmets de las pastas siempre prefieren fabricarse manualmente sus propios spaguettis, pero sobre eso no puedo contar nada porque no tengo ni idea de cómo se hace.
imop/
