El acuerdo de Paris sobre cambio climático, yo tengo un sueño
Ciento sesenta y cinco países firmantes del nuevo Acuerdo de París sobre Cambio Climático pudieran no ser todavía determinantes en el cese de las agresiones que la Humanidad viene causando al planeta desde hace tanto tiempo. De buenas intenciones está empedrado el camino que conduce al infierno, dice un refrán tristemente válido para todos los tiempos.
El nuevo acuerdo, que sustituye al Protocolo de Kyoto, tiene carácter universal y jurídicamente vinculante, y entrará en vigor cuando haya sido firmado por los primeros cincuenta países que han anunciado su aquiescencia, entre los cuales se encuentran potencias como China y Estados Unidos, país este que anteriormente se había negado a firmar el mencionado Protocolo y otros acuerdos relacionados con la supresión de los gases que provocan el efecto invernadero, uno de los principales causantes del cambio climático que amenaza con hacer realidad aquella fatídica profecía final de Nostradamus: “Sobre el pecho de los hombres nacerán flores”.
Parafraseando al asesinado Reverendo Martin Luther King, líder religioso de la comunidad afronorteamericana, sería muy hermoso tener un sueño… que pudiéramos ver cumplido. La materialización de un acuerdo en el que todos los países de la Tierra se comprometan a dejar de hacer todas aquellas cosas que están matando nuestro planeta reviste caracteres de utopía, porque parece extraordinariamente difícil que las principales naciones implicadas en semejante destrucción logren dejar de portarse tan mal como lo han hecho hasta hoy. ¿MOTIVO? Son muy grandes los intereses que están en juego y muy poderosos los grupos que los respaldan, más poderosos, en algunos casos, que los Gobiernos firmantes.
Cuando se examina con atención la situación actual, de inmediato saltan a la vista dos puntos candentísimos que pueden constituir obstáculos tal vez insalvables para esta buena intención de salvar el planeta, aunque no son los únicos.
En primer lugar se encuentran los alimentos transgénicos, una de las creaciones más modernas de la alta tecnología en el Primer Mundo, y cuyo consumo trae asociados muchos problemas, entre ellos el agotamiento de fuentes de agua dulce, la transmisión al ser humano de elementos químicos de muy alta toxicidad a través de la cadena alimenticia, y el empleo en su producción de maquinaria que suprime la necesidad de mano de obra humana, con lo que se ha agudizado la miseria entre los agricultores.
Pero las semilla transgénicas o genéticamente manipuladas incrementan la producción de alimentos y el tamaño de los mismos, con el consiguiente aumento de ganancia para las empresas que los fabrican. Si a esto se añade que las semillas transgénicas son estériles y los agricultores deben volver a comprarlas para cada siembra, la ganancia aumenta. ¿Quién conseguirá que los grandes consorcios de alimentos renuncien a estos dineros?
El segundo punto controversial son los Polos. El calentamiento global ha reducido —y continuará reduciendo— la masa de hielo de los casquetes polares terrestres, lo que hará que el área geográfica correspondiente a ellos se reduzca de manera considerable y quede casi libre de hielo, sobre todo en verano, según afirman los científicos que comenzará a ocurrir a más tardar dentro de dos décadas.
Todo esto implica una catástrofe terrible para los tres reinos de la Naturaleza, que se verían comprometidos al punto de que la situación climática se vuelva incompatible con la Vida, pero resultará de lo más positivo para quienes esperan sacar provecho de esta nueva geografía planetaria y no ocultan su entusiasmo y su impaciencia porque ese día llegue YA.
Aunque el peligro de que la depredación humana aumente es el mismo para el Polo norte que para el Polo Sur, este último está protegido desde 1961 por el Tratado Antártico, una legislación internacional que lo ha declarado reserva científica y prohíbe en ese territorio la actividad militar y la prospección de minerales. ¿De quién hubo que proteger de semejante modo a una de las regiones más inhóspitas y desoladas de la Tierra? Pues de naciones como el Reino Unido, Francia, Noruega, Australia, Nueva Zelanda y hasta Chile y Argentina, que alegan tener derechos sobre ese inmenso lugar helado y desprovisto de habitantes.
Puede comprenderse el reclamo de los dos últimos debido a su inmediatez espacial, pero en el resto de los casos, ¡francamente!… Hasta la fecha este Tratado ha sido ratificado por 50 Estados, entre ellos Rusia, China y Estados Unidos. Sin embargo, cuando se tiene noticia de que la cantidad de petróleo que subyace bajo ese suelo tan disputado podría resultar equivalente a doscientos mil millones de barriles del codiciado combustible, que hasta hoy mantiene en marcha la civilización, uno empieza a preguntarse con un estremecimiento cuán sólida sería la durabilidad de este Tratado, cuya renovación debe tener lugar en 2048, pero ¿cuál será la situación del mundo en ese momento? Partiendo de lo extremadamente caótica que es hoy, las predicciones distan mucho de ser esperanzadoras.
De cualquier modo los reclamantes ya están allí, aunque por ahora solo en forma simbólica, pues su presencia se limita a la construcción de bases para la investigación científica en toda aquella geografía. Y será un acto de buena voluntad suponer que, en efecto, se trata solo de investigaciones científicas, puesto que los cielos de este continente, muy límpidos y libres de interferencias de radio, crean condiciones maravillosas para la investigación del espacio profundo y el seguimiento por satélite, lo que los hace ideales para la instalación de redes de vigilancia encubierta superiores a las de la actual red ECHELON, más conocida como La Gran Oreja, y también para el control remoto de sistemas de armas ofensivas.
La situación del Polo Norte es mucho peor. Desde 1996 se encuentra bajo control de las Naciones Unidas en calidad de territorio neutral, y existe un Consejo Ártico constituido por los cinco países que comparten aguas territoriales con esta región (Rusia, Canadá, Estados Unidos, Dinamarca y Noruega, a los que se añaden Islandia, Suecia y Finlandia, aunque no tienen costas implicadas).
Pero este Consejo no tiene capacidad normativa ni regulatoria, lo que significa que no puede imponer ninguna Ley de exclusión, regulación o prohibición de uso de la zona para cualquier fin. Según cálculos acreditados de organizaciones internacionales, cerca del veintidós por ciento de las reservas de hidrocarburos aún no descubiertas en el planeta estarían enterrados bajo los fondos marinos del Ártico, junto el trece por ciento del petróleo y el treinta por ciento de las reservas de gas inexploradas del mundo.
Los cambios geológicos traídos ya por el deshielo y los que están por venir podrían garantizar un acortamiento notable en los tiempos de navegación alrededor de la Tierra, ya que con la disminución drástica de las áreas heladas se han abierto nuevas rutas que harán innecesario bordear los Polos y agilizarán enormemente el comercio y la transportación. Si, milagrosamente, los catorce millones de kilómetros cuadrados que abarca la ya no tan helada extensión del Polo Norte no han sido pasto aún de la voracidad de Gobiernos, consorcios, transnacionales y otras hierbas aromáticas en una geopolítica tan inestable como la del mundo actual, pero ¿qué se puede esperar para dentro de veinte años, cuando finalice el plazo que tantos expertos, científicos y especialistas del cambio climático han coincidido en anunciar para que la Vida comience a desaparecer en las formas que hoy le conocemos? En semejantes condiciones, cuando la Globalización y el Neoliberalismo hayan transformado aún más el rostro de esta Tierra nuestra, será extraordinariamente difícil seguir manteniendo a los Polos en esa especie de virginidad de la que aún gozan.
Soñar no cuesta nada, reza otro refrán. Los sueños alimentan la esperanza, y la esperanza es una fuerza que no hay que desdeñar, sobre todo si anida en los pechos de millones de seres humanos en todo el planeta.
Hay que creer que los 165 países cuyas firmas aparecerán después de hoy rubricando el nuevo Acuerdo de París para el Cambio Climático logren ponerse efectivamente de acuerdo para que el planeta no se caliente más de 2ºC con respecto a los niveles preindustriales (hoy la amenaza es de un aumento de 5ºC). Hay que creer que los miles de miembros de ONG que han estado haciendo vigilia de presión alrededor de la sede de las Naciones Unidas en Nueva York pesen lo suficiente como para ayudar a que los malos intereses de una parte pequeña de la Humanidad cedan espacio a una moderación científico-tecnológica y comercial que permitan alcanzar en la segunda mitad de este siglo un equilibrio entre los gases contaminantes y la absorción de CO2 causados por el ser humano.
Ojalá que los cien mil millones de dólares ofrecidos por los países desarrollados para revertir la situación, los cuales deben comenzar a fluir hacia su destino a partir de 2020, se materialicen, y por encima de todos los síes especulativos haya tiempo todavía para cambiar el desastre en que la codicia y el ansia de poder de unos pocos han sumido a nuestro mundo. Pero para eso habría que cambiar toda la estructura de los sistemas económicos, políticos y sociales que, como dijo en su discurso ante la ONU el presidente boliviano Evo Morales, son culpables fundamentales de todo cuanto ocurre. Yo tengo un sueño, ¿y usted…?
imop/
