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La cueva del Taganana

Hotel Nacional de Cuba, TagananaLos huéspedes que disfrutan la belleza del hotel Nacional de Cuba, uno de los más elegantes y refinados de La Habana, se sentirán siempre deslumbrados por su arquitectura española, su decoración art deco y neoclásica y su semejanza con una antigua iglesia.

Los guías de turismo les susurrarán al oído que el afamado escritor cubano Alejo Carpentier llamaba a este hotel “castillo encantado”. Pero ¿cuántos se preguntarán qué hubo antes donde hoy se yergue esa maravilla de la hotelería internacional?

El Hotel Nacional fue construido en lo alto de una colina que mira al mar, pero esa colina alberga una de las cuevas con más historia en la isla de Cuba.

La loma del Taganana, como se la conoce, está ubicada en el saliente costero de Punta Brava, casi al extremo de la caleta de San Lázaro, y era un sitio habitual de desembarcos de piratas, que tomó su nombre de otra caverna en la isla canaria de Tenerife donde se refugió la princesa guanche Cathaysa, quien fue capturada y vendida por los castellanos como esclava en 1494.

En Cuba, asegura la leyenda que una de las cuevas bajo la loma del Taganana sirvió de albergue a un indio cubano del mismo nombre que huía de sus perseguidores españoles.

El gran novelista cubano Cirilo Villaverde inmortalizó estas creaciones del imaginario popular en su obra literaria.

En esta elevación estratégica fue instalada a mediados del siglo XIX la llamada batería de cañones de Santa Clara. El cañón “Ordóñez”, uno de los más grandes de la época, aún descansa en su base y se ofrece a la curiosidad de quienes visitan los magníficos jardines del hotel.

Durante la Crisis de los Misiles tropas de las milicias cubanas estuvieron atrincheradas en la cueva esperando el desenlace de acontecimientos que estremecieron al mundo durante trece largos días.

Hoy la cueva es un museo que recuerda al visitante el conflicto de alta tensión vivido por el mundo en aquellos momentos. Un guardián muestra a los visitantes las trincheras y otros objetos y documentos que allí se han conservado.

El testimonio de este hombre es una fuente de inestimable valor, pues él fue uno de los 30 000 milicianos movilizados en Cuba en aquella fecha en que el mundo estuvo al borde de una guerra nuclear.

imop/

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