Alberto Piloto y el Munanso de los Orishas - Radio Ciudad Habana
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Alberto Piloto y el Munanso de los Orishas

artista camagueyanoMunanso es un término congo utilizado para definir al hogar, y Orisha el vocablo yoruba con que se identifican a las deidades del Panteón de esa cultura, muy arraigada en Cuba.

Esta confluencia de términos africanos se hace presente en el proyecto del artista camagüeyano de la plástica Alberto Piloto, quien además encierra muchos otros misterios que devela en dialogo para esta publicación.

Los inicios de su historia artística fueron en una manifestación algo distante a la cultura de matriz africana: el ballet clásico.

Algunas de sus vivencias como primer bailarín del Ballet de Camagüey durante ocho años, fueron abriendo el camino hacia una conversación que superó todas las expectativas.

¿Cuál ha sido el punto de contacto entre el bailarín y el ahora artista de la plástica?

La madurez artística es el mayor contacto entre ambas artes, el artista tiene que ser integral para que sea verdadero y hacia eso he  dirigido mis pasos.

Un buen  bailarín tiene que ser un buen plástico, aunque no sepa pintar, tiene que ser capaz de llevar a la escena el sentimiento que deja en el óleo un pintor.

Me he descubierto, después de viejo, porque yo lucho, de vez en cuando me parece que fui músico, porque  ese es otro arte que me atrae.

¿Qué significó el Ballet para usted?

La educación total como artista, ya que es la universidad cumbre, te enseña a pensar, a respirar, a sentir, a ser disciplinado y exigente contigo mismo.

En mi opinión todas la artes son como la vida y vivir es un arte, por tanto el que no sepa vivir la vida no es un artista, y eso incluye todos los amores que se profesan.

Por eso no me considero un buen artista, sino un buen ser humano.

En su obra plástica hay una marcada presencia de la cultura de matriz africana. ¿Cómo llega a esta cultura?

Por circunstancias de la vida, me vi salvado por la cultura afro cubana, ante situaciones que me llevaban hacia un mundo muy bajo y degradante.

Ellas (la cultura yoruba, la conga y otras) me ayudaron a enfrentarme a los “demonios” de un barrio muy subdesarrollado, sin conocimiento, solo por instinto, ya que era muy joven y no sabia a ciencias ciertas lo que estaba haciendo.

Me convencí de que la grandeza no es imprescindible para vivir, lo que hace falta es sentimientos.

¿Por eso abre su obra con Elegguá, porque es chiquito y grande a la vez?

Por eso, porque sin él no se puede hacer nada, porque es el principio y el final.

Porque basado en su patakín, cuando un niño habla hay que escucharlo, porque es el único que tiene claridad y transparencia en su voz.

¿Por qué tanta presencia de Orishas en su obra plástica?

Por dos razones, una porque lo grande que somos se lo debemos a los negros y lo poco que somos, a los españoles.

Los cubanos no sabemos tomar frijoles ni comer arroz blanco, preferimos el “moros y cristianos” y eso lo aprendimos de los llegados de África y su cocina.

Muy pocos cubanos saben tocar una gaita o unas castañuelas, sin embargo todos llevamos un tambor dentro.

Usted tiene de la cultura y la religión china, entre otras influencias. ¿Cuánto ha aportado esto a su obra?

Cuando niño mi abuela (China de Kantón), me robó con apenas siete días de nacido y me escondió en un basurero, lugar donde luego supe que me había consagrado en una de las expresiones de su cultura natal, aseverando que cada mil años nace un San  Fan Kon.

Iniciándome así en el budismo, grado en el que fui confirmado años más tarde, con todas las ceremonias necesarias y heredando el altar de mi abuela.

Entonces la vida me ha demostrado que si tengo un don, con el respeto a mis amigos, la entrega al trabajo, con lo que honro el principio que rige a los budistas, porque este es para los sabios y los valientes.

“…si no eres sabio, pégate a un sabio”, reza en uno de los refranes budistas.

El sabio no es un erudita, sino el que tiene experiencias ante la vida, por eso no le damos un plato de comida a nadie, les enseñamos a pescar para que pueda lograr su sustento de por vida.

Con eso ayudamos a que ningún hombre se sienta en el derecho de explotar, utilizar ni humillar a otro, por el hecho de poseer más riquezas o conocimientos.

¿Por qué practica el budismo actualmente?

Porque lo herede de mi abuela y porque no es una religión, es una forma de vida. Nos distingue por como respiramos, como vivimos y vemos las penurias de la humanidad, como la sufrimos llorando por dentro.

Coméntenos sobre su formación como artista de la plástica.

No tengo formación académica alguna en esta manifestación, es también resultado del híbrido que soy, y mi obra no es más que la materialización de una necesidad: la de crear.

Por supuesto el budismo ha estado marcando mis pasos, porque nosotros tenemos un solo Dios, el del trabajo y el enseña que el Sol sale todos los días, pero no igual para todos, y el día que no seas capaz de arrancar una yerba mala, entonces te convertirás en eso.

Impresionantes y fabulosas  figuras de las deidades del Panteón yoruba ocupan las paredes de su proyectos, en el poblado de Jimaguayú, imágenes creadas son una novedosa técnica inventada por este artista, y que tiene como principal implemento una jeringuilla.

“La técnica surgió de una necesidad, motivada por el Período Especial, el Bloqueo a que hemos estado sometidos como pueblo, por más de medio siglo y las carencias que trajo en aquel momento.

Llegó el momento en que me vi sin un pincel, y sin posibilidades de adquirirlo, trate de hacerlo con pelo de caballo y con otros materiales, pero fue infructuoso, entonces me rehusé a dejar de pintar.

Entonces encontré una jeringuilla en desuso y probé, con la incertidumbre como testigo, y asombrosamente para mí el resultado fue casi mágico, lo que se presentaba ante mis ojos era casi increíble.

¿Ahora que tiene otros materiales, por qué continúa trabajando con las jeringuillas?

Porque es muy especial el efecto visual que se logra, las texturas y los relieves sobresalen del óleo y dan una sensación de majestuosidad impresionante.

He recibido la visita de artistas de varias naciones y todos quedan deslumbrados ante la técnica que utilizo, muchos me han preguntado si es merengue lo que uso, o si es espuma u otro material.

¿Cómo se encarga de transmitir sus experiencias a los más jóvenes?

El trabajo comunitario lo hago partiendo del concepto humano, no impongo mis criterios, a mis aprendices les pregunto que entienden de la vida y les propongo mezclar a sus experiencias de vida, las diferentes manifestaciones de la plástica, y con ello la enriquecen.

Estoy vinculado a dos escuelas primarias, con un proyecto comunitario en el que se han involucrado niños con buenas actitudes y disposición.

Allí no solo imparto técnicas de pintura, también trato sobre el trabajo con el papier mache, la cerámica y la escultura.

Además, en el proyecto  “Casa de Piloto y sus Orishas”  hemos recibido la visita de importantes personalidades del arte cubano, quienes desde sus experiencias han dado fe de nuestro quehacer.

Igualmente  mis cinco hijos se encargan de mantener mi legado, el que aprendí de manera autodidacta y que pongo a disposición del mundo, a nombre del arte cubano.

¿Dónde se comercializa su obra?

He estado presente en Galerías del mundo y en Alemania tengo una especialmente concebida para mi arte, pero no vendo mi obra porque más que dinero, quiero amigos.

imop/

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