Mujer cubana: Espacios conquistados
Así, de los primeros pasos encaminados a eliminar problemas como la prostitución, la ignorancia sobre su propio cuerpo, la incultura, entre otras cuestiones, se pasó a objetivos de mayor envergadura como la adopción del Código de Familia en 1975, que establece la igualdad jurídica absoluta de la mujer y el hombre en el matrimonio, define iguales deberes y derechos de los cónyuges ante los hijos y en el desenvolvimiento del hogar. Igualmente, se reconoció su igualdad de derechos en la Constitución de la República de Cuba.
Como se recoge en el artículo 44 del Código, desde la década de los 60 y en respuesta a las exigencias de la FMC, el Estado organizó instituciones como los círculos infantiles, los seminternados e internados escolares, casas de atención a ancianos y servicios que facilitaban a la familia trabajadora el desempeño de sus responsabilidades.
De igual modo, al velar por la salud femenina y por una sana descendencia, concedió a la mujer trabajadora una licencia retribuida por maternidad, antes y después del parto, y opciones laborales temporales compartidas con su función materna.
Así no solo se creaban las condiciones necesarias para la realización del principio de la igualdad sino que, unido a la ardua tarea de concientización llevada a cabo por la FMC, la mujer comenzó a tener una mayor participación en la vida social del país, al romper con la tradición patriarcal que la unía indisolublemente al cuidado y atención de la familia y el hogar.
Espacios conquistados
Desde la victoria revolucionaria de 1959, la eliminación de las disparidades entre géneros en los diferentes niveles de educación, ha propiciado, entre otros, el acceso de las mujeres a empleos de calidad.
Cabe resaltar igualmente que la creación y desarrollo de un Sistema de Salud Integral logró una gran incorporación de mujeres a sus tareas. De solo representar el seis por ciento de los 6 000 médicos existentes en el país al triunfo de la Revolución, a inicios del nuevo milenio el aporte femenino se equiparó con el masculino, manteniéndose en equidad su participación en los planes de colaboración y en brigadas como la Henry Reeve.
Lo mismo ocurre con las cifras de graduados por niveles de enseñanza, en las cuales la mujer sobresale por constituir la mayoría de los estudiantes que superan el nivel preuniversitario y acceden a las universidades, para representar la vanguardia de la fuerza profesional del país. Ello significa una enorme diferencia con las cifras de este mismo sector a inicios de 1959, cuando las mujeres mayores de diez años de edad estaban representadas de la siguiente forma: 23 por ciento eran analfabetas, 73 por ciento subescolarizadas y solo un dos por ciento había completado la enseñanza media, argumenta la socióloga Hernández Pita.
En el Perfil Estadístico de la Mujer Cubana en el Umbral del Siglo XXI publicado por la ONEI, se recogen datos que reflejan similitud en la incorporación de hembras y varones en la enseñanza primaria y en el primer nivel de la enseñanza secundaria. Sin embargo, a partir del segundo nivel, o preuniversitario, tiende a crecer la participación de las féminas, tanto en la matrícula como en la retención escolar.
La tendencia ha aumentado por años, sobre todo en el preuniversitario, nivel de enseñan-za en que su número casi duplica al de varones, quienes por diferentes razones prefieren matricular en los cursos de Educación Técnica y Profesional. Cada día las cubanas ganan también más espacio y relevancia en la dirección del hogar.
Todos estos cambios reflejan el lugar alcanzado por la mujer en la vida de la nación y demuestran que no se limitan a su incorporación al mercado del trabajo por las necesida-des económicas de la familia, sino como sujetos conscientes de la importancia de su rol para la transformación de la sociedad.
Fuente JUventud Rebelde/mm

El devenir de los derechos para los cubanos a revertido en una dignidad que muchos americanos envidian tener. Ahora que Sudamérica pasa por una difícil coyuntura, muchos miramos con anhelo a Cuba.