Fidel Castro: magisterio al servicio de la Revolución

Hoy escribo no para rendirle culto a un Dios sino a un hombre sencillo que se irguió gigante. Con el que crecí y fui descubriendo cada jornada. No en libros de textos sino en la propia vida. No fue difícil porque siempre estaba ahí, junto a los humildes.

Hablo de Fidel Castro, el Comandante en Jefe de los cubanos. Ese que desde muy temprana edad combatió los abusos asiéndose a una ideología por los humildes y para los humildes.

El mismo que avizoró y se reveló prontamente ante los  atropellos diarios en su época de estudiante.

Ese Fidel que organizó un pequeño ejército después multiplicado en miles. Que descubrió  y aumentó en el pueblo grandes virtudes, inteligencias, méritos, reservas.

Hoy rindo culto al hombre que fundió lo viejo con lo nuevo y logró la unidad de todos los cubanos con subyugante oratoria. Que arremetió siempre contra el enemigo con electrizante discurso.

Hombre con tal convicción en la unidad que erigió la nación que hoy todos respetan. Que nos enseñó a defender los valores en los que creemos al precio de cualquier sacrificio. El que puso todo su magisterio al servicio de la Revolución. Ese cubano tan universal como  Martí, que interpretó como nadie la realidad de su tiempo.

 

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