Escuelas de Oficios para adolescentes cubanos
“Yo suspendí dos veces: séptimo y octavo grado. Esa es la verdad. Y me trajeron para aquí. Mi especialidad es la Elaboración de Alimentos”. Ernesto habla poco frente a las personas desconocidas, a quienes nombra profe como sinónimo de autoridad, de respeto. Baja la cabeza. Ríe ante los comentarios de sus compañeros, que le observan.
Sentado a la misma mesa de trabajo está Cristian, el peluquero del grupo, quien afirma que “es mejor saber más oficios, como mi papá, que es albañil, cocinero, de todo un poco”.
Edilberto comparte el mismo espacio junto a Cristian y Ernesto en el Taller Polivalente de Electricidad de la Escuela de Oficios Antonio Maceo, ubicada en el municipio Playa. 
Una de las instituciones beneficiadas con equipamientos del Proyecto firmado en el año 2015 entre la Fundación Iberostar y UNICEF en Cuba. “Este es el taller polivalente que más me gusta porque son cosas que a uno le motivan”, cuenta el adolescente.
“En la (escuela) Primaria nosotros nunca hicimos esto. Son cosas que el profesor explica y a uno le gusta. Yo estoy aquí guiándome y tratando de imitar lo que está haciendo el profe, preguntando… Cuando tú ves que instalas una cosa, lo conectas a la corriente y enciende; dices: ¡Yo lo hice!”, comenta Edilberto.
Los talleres polivalentes se encuentran en muchas ocasiones en mal estado debido a las roturas de los equipos, al desgaste de las herramientas y a la falta de materiales; por lo que muchos instrumentos pertenecen a quienes imparten estas clases prácticas con el objetivo de incentivar las habilidades del alumnado.
“Me gusta la albañilería desde chiquito. De ahí aprendes muchas cosas: plomería, electricidad. De la albañilería se desarrollan muchos oficios. Ése es el que yo escogí, es el que más me gusta, porque es el oficio mío y es en el que aprendo más. Además, desde que nací estoy viendo cómo mi papá trabaja en la albañilería”, indica Edilberto, y comienza a cortar los cables que trajo el profesor, luego se sumerge en una caja de madera que contiene una bombilla de luz.
En más de dos ocasiones, cada semana, el estudiantado se inserta a la vida laboral a través del vínculo con empresas, entidades laborales o en la propia escuela.
“El adolescente está descubriendo el mundo, como mismo el niño pequeño descubre cómo vive, cómo camina, qué partes tiene… El adolescente descubre la sociedad: cómo se mueve, hacia dónde va, qué puede hacer, cómo funciona y cómo me inserto yo en ese mundo. En esas aristas trabajamos con los muchachos y en la creación de una cultura económica”, advirtió la directora del centro, Marta Calzada Machín, resaltando cómo durante y después del Período Especial se dificultó la adquisición de máquinas y herramientas en las Escuelas de Oficios, lo cual limita la preparación laboral general que se realiza en los talleres polivalentes, fundamentalmente con relación a las clases prácticas sobre metales, carpintería, electricidad, albañilería, confecciones textiles y computación.

Si bien los oficios que se estudian en las instituciones docentes responden a las necesidades de las comunidades donde están enclavadas y a las características propias de cada adolescente, los muchachos y muchachas poseen la potestad para seleccionar qué oficio desean ejercer de acuerdo a sus necesidades psíquicas e intelectuales y tienen el derecho a participar en talleres polivalentes que enriquezcan sus capacidades para la vida cotidiana.
Texto y Fotos: Adriana Castillo González
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