Migdalia y Marina: dos mujeres y una historia
Las manos de Marina abrazan un bastón que la ayuda a caminar por la casa.
A unos pasos de Ciudad Libertad, en una de las antiguas casas de los sargentos de Batista, vive Migadalia: una señora que cuida a su madre, de 102 años, y prepara el mejor aderezo casero que se vende en las cafeterías por cuenta propia.
Migdalia nació en 1938, en el Central Violeta de la antigua provincia de Camagüey, hoy Ciego de Ávila.
En el central donde conoció después a Eduardo Chibás, en un encuentro con el pueblo, mientras era custodiado por la guardia rural.
La familia buscó un horizonte más amplio que el del tiempo muerto antes y después de la zafra azucarera y llegó a La Habana en enero de 1956. Vivían al fondo del Hospital Militar, y a pesar de estar tan cerca del cuartel militar, Migdalia confiesa que nunca vio a Batista y que le temía mucho a “aquel señor”.
“En aquel entonces yo era muy jovencita y estudiaba en el Instituto de Marianao. Allí hubo muchos muchachos que estaban en el Movimiento 26 de Julio y si las perseguidoras veían a alguno por la noche en la calle, lo recogían. De las cosas que les hacían, los gritos se sentían afuera. Aquello era muy triste, muy triste”.
Tiempo después, en abril de 1961, la mujer que hoy tiene 102 años, miraba el amanecer desde la ventana de un ómnibus rumbo al trabajo y veía cómo los aviones lanzaban luces desde el cielo. Bombardeaban el aeropuerto y la base militar de la fuerza aérea de Ciudad Libertad. En casa, muy cerca del antiguo Cuartel Columbia, su hija Migdalia permanecía escondida debajo de la cama.
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