La emisora Radio Ciudad de La Habana ha tenido la iniciativa de convertir algunos de sus espacios en sala de exposiciones.Para comenzar esta pequeña fiesta de la cultura ha sido escogida la muestra titulada “Junto al olor del café”, de la artista habanera María de los Ángeles Hidalgo-Gato, más conocida en el mundo de la plástica como Mariángeles.
Graduada de la Academia de Artes Plásticas San Alejandro, Mariángeles se desempeñó como ilustradora científica en el instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí, y más tarde como profesora en la Escuela Vocacional de Artes Plásticas de Nivel Elemental Paulita Concepción. Entre los alumnos que han pasado por sus aulas se cuentan creadores que hoy han gozan de fama internacional
Ya en 1990 Mariángeles abandonó la enseñanza y se dedicó por entero a la pintura. Ha participado en más de una veintena de exposiciones colectivas en centros de cultura, galerías y museos no solo de Cuba, sino también de España, Estados Unidos, Francia, Venezuela, y su obra tiene presencia en colecciones privadas. Aunque ha incursionado en diversas temáticas, le atrae un mundo genuinamente femenino en el que la mujer se mueve en escenarios cotidianos, pero también se transforma en símbolo y se rodea de ámbitos mágicos.
En los dos cuadros que acompañan esta nota puede apreciarse al primer golpe de vista la técnica depurada de un pincel exacto en sus propósitos. La gama de colores, en los que predominan los tonos de los amaneceres cubanos, se apoya en los rosas, naranjas, ocres y púrpuras. Esta elección del color traduce una mirada de mujer y es, al mismo tiempo, de una suave luminosidad que recuerda el interior de las caracolas.
El rostro de Martí se suma a la ya infinita galería de Apóstoles, uno y el mismo que han inspirado a los pintores cubanos, pero este Martí de Mariángeles recuerda las mejores páginas del Diario de Campaña del Maestro, aquellas en que el autor se extasía en la contemplación y descripción de la naturaleza en los campos de Cuba. Arboles, pájaros, flores, ramas y raíces, y ese suelo sembrado de humus y hojarasca que caracteriza la tierra de nuestras sabanas, están en el Martí de Mariángeles como Martí está en la isla, impregnado y eterno.
El segundo cuadro muestra un torso de mujer cubierto de motivos florales, pero colocados en tal forma que sugieren de algún modo las figuras que en la Antigüedad se hacían grabar los guerreros en los yelmos de sus armaduras. Y como la magia de la cultura debe mucho a la capacidad asociativa de la mente humana, una mirada a esta pintura me ha recordado de pronto el yelmo cubierto de relieves de Alejandro Magno y de tantos emperadores romanos que, perpetuados en bustos de mármol, han llegado hasta nosotros.
Se trataría entonces, tal vez, de una armadura de amazona este busto florial de Mariángeles, o del coselete de una diosa de las mieses. Todos estos rejuegos de la imaginación que ocurren en el espectador dicen mucho del potencial de una obra de arte para sugerir mundos y sensaciones, es decir, sobre el poder de la creación para engendrar más creación. Las obras de arte que no conducen al lector más allá de los límites de su marco podrán ser muy perfectas muestras técnicas, pero no tienen daimón, palabra que en griego antiguo significa, no demonio, como muchos creen, sino aquel espíritu de inquietud que empuja al hombre a trascender sus propios límites.
Hay que saludar esta iniciativa de Radio Ciudad de La Habana que hace pensar en los años sesenta, cuando proliferaban en La Habana pequeñas salitas de exposiciones, pequeñas salas-teatro, cuando el cartel cubano tuvo su época de oro, cuando nuestro cine dio sus grandes clásicos… Fue una de las épocas más ricas de la cultura capitalina. Regresemos a esta tradición que se ha ido perdiendo en el caos de los años, y hagamos de nuestra capital un hervidero de cultura que dilate el espíritu de sus habitantes y los induzca a convertirse cada día en seres humanos más sensibles y mejores.
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