Catalina Lasa, el presidente Menocal y los diamantes de la Primera Dama

La Historia es una, por supuesto, y registra los grande eventos de la Humanidad, pero en el gran río de la Historia hay pequeñas corrientes que pertenecen a motivos desdeñados por los historiadores de lo grande, motivos pequeños, intrascendentes si se quiere, pero que interesan a mucha gente en todas  partes.

Tengo un ejemplo de ello en este mismo blog, donde uno de los posts estrella es la investigación de 30 cuartillas que dediqué hace años a Catalina Lasa del Río, titulada Historia de un gran amor, una mansión y una tumba. Junto con la historia de los amores de José Martí y Carmen Zayas Bazán, los vitrales coloniales, la historia de la cocina cubana y la danza del vientre son los temas que más lectores atraen a mi humilde casita de Word Press.

Me tocó en suerte que durante uno de sus viajes fuera de Cuba mi esposo, el historiador Oscar Ferrer, pudiera conocer en persona a una descendiente de Catalina Lasa, quien tuvo la extraordinaria gentileza de revelarle muchos detalles interesantes, entre ellos la verdadera historia de la creación de la rosa Catalina Lasa, que se parece poco, lamentablemente, a su leyenda, y que en su momento publiqué en mi web-blog.

Acabo de recibir en esta ocasión un comentario de la señora Georgina Menocal, biznieta de Mariana Seva y el General Menocal, tercer Presiente de Cuba (sucedió a José Miguel Gómez en el cargo). Georgina encontró en mi artículo sobre los Baró-Lasa un punto que ella me asegura no se ajusta a la verdad. En atención a su solicitud me apresuro a publicar aquí su mensaje aunque no le he pedido autorización para ello, pero infiero que es su deseo:

Estimada Sra. Picart, soy bisnieta de Mariana Seva y el General Menocal. Me acaba de caer entre manos su publicación sobre Catalina Lasa.

Al visitar Cuba me enteré por primera vez de la anécdota de que Catalina Lasa y Juan de Pedro y Baró le regalaron unos aretes de brillantes a mi bisabuela en agradecimiento por su actuación durante “el escándalo”. Lo consulté con mi padre, Mario García Menocal y de Almagro y con mi tío Pedro. Esta anécdota es totalmente falsa.

Mi Padre, primer nieto del General, me aclaró que si hubo tratamiento favoreciendo a Catalina fue porque Chema Lasa, hermano de Catalina, era íntimo amigo del General y que casi todos los días Chema visitaba a mi bisabuelo en su finca El Chico, cerca de Guajay. Ojalá que usted pueda ser la primera en desmentir esto.

Por cierto, estamos emparentados con Juan de Pedro por el lado Abreu.

Creo que con tanta cercanía, se explica el tratamiento de mis bisabuelos a Catalina y Juan.

Nunca he pretendido pasar por historiadora. Soy una periodista que investiga, con cierto grado de especialización en La Habana colonial y republicana, aunque no sean los únicos temas en que me ocupo, y me interesa muchísimo la Historia, la de Cuba también, por supuesto.

Investigar en Cuba es difícil, porque nuestra población, como no es un secreto para nadie, se ha estado exiliando fuera de la isla por más de medio siglo, y ya queda muy poca memoria histórica que vaya más lejos, incluso, del período especial. El cubano tiene una curiosa capacidad para el olvido, lo hace rápido y bien. No hay ancianos venerables a quienes recurrir en busca de información, en muchos casos no hay documentos, y el acceso a colecciones privadas es casi imposible.

El mismo Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad, ha contado las vicisitudes que hubo de pasar para obtener el Diario de Céspedes, que estaba en manos privadas.

La familia Lasa del Río era numerosa. Catalina tuvo hermanas y hermanos. Como en todas partes la aristocracia y la alta burguesía se casan dentro de su propio círculo, siguiendo las prácticas antropológicas de los antiguos clanes endogámicos. Prácticamente todas las familias de esas clases sociales estaban emparentadas en Cuba. Estoy segura de que Georgina Menocal está en lo cierto sobre la relación entre Menocal y Chema Lasa.

También estoy casi segura de que es muy poco probable que Juan Pedro Baró y Menocal, quienes estudiaron en los Estados Unidos y me parece recordar que en el mismo centro docente (este dato tendría que repasarlo), no hayan tenido una relación personal, ya sea de amistad o de negocios.

El apoyo del matrimonio presidencial Menocal-Seva fue decisivo para la reinserción de los Baró-Lasa en la alta sociedad cubana, que los había repudiado por la anulación (que no divorcio) del matrimonio de Catalina con Pedrito Estévez Abreu, hijo de la patricia villaclareña Marta Abreu y de Luis Estévez, vicepresidente de la República bajo el mandato de Estrada Palma.

Lo que se ha dado en llamar “el escándalo” no se debió a que Catalina se casara después con Baró, sino a que su relación amorosa con él había comenzado antes de que terminara su matrimonio con Pedrito, padre de sus tres hijos, por lo que se trató de un adulterio, hecho público por la familia Abreu y severamente anatematizado por las costumbres de la época.

Así que Menocal y su esposa, Mariana Seva, al cambiar las leyes sobre el divorcio en Cuba e invitar a los Baró-Lasa a un almuerzo en el Palacio Presidencial, dieron a esta pareja un espaldarazo que ni cien pendientes de diamantes hubieran podido compensar, pues ese apoyo fue lo que permitió a los Baró-Lasa  volver a ocupar su puesto en la clase social a la que pertenecían, lo que, por supuesto, favorecía los negocios de Baró y la vida social de los esposos.

¿Quién iba a negarse a socializar con una pareja que almuerza en privado con el Presidente de la República? María Luisa, condesa de Revilla de Camargo y algunos pocos, pero el resto de la alta sociedad entendió el mensaje.

Hay muchas versiones de qué regalaban los Baró-Lasa y no solo a Mariana Seva. En la famosa —y suntuosa— fiesta que ofreció Baró para inaugurar el palacete que había hecho construir para Catalina en la calle Paseo, si dice que para atraer a los invitados colocó en los asientos de la mesa del banquete:

1-pinturas de Menocal

2-joyas de Lalique

3-otros presentes

El detalle no está claro para los historiadores. ¿Existieron esos presentes? Yo no lo sé, aunque supongo que sí. ¿Existieron los pendientes obsequiados a Mariana Seva? Yo no lo sé, aunque no  es  una práctica rara en sociedad obsequiar algo valioso (casi siempre joyas) a la esposa de un amigo que ha prestado una ayuda inestimable a la mujer que un hombre ama. El apoyo incondicional ofrecido por Menocal a los Baró-Lasa ¿se debió a la amistad de Menocal con Chema Lasa o a la que tenía —o no tenía—  con Baró? ¿O a ambas relaciones? Como yo no tengo hasta hoy manera de saberlo, le doy el crédito a la señora Georgina Menocal, y le agradezco la gentileza que ha tenido al proporcionarme datos de familia. Me siento honrada de complacer su solicitud.

imop/

 

 

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