¿Quién era el ave Fenix?´
Sí, uno se lo pregunta porque es una frase que se ha escuchado desde la infancia: “Fulano renació como el Ave Fénix…”.
Lo primero es aclarar que se trata de uno de tantos animales que integran la fauna mítica de todas las culturas. Es uno de los símbolos del renacer, pero más que eso es un símbolo de la vida eterna inscripto en otra figura simbólica: la del eterno retorno.
Aquellos humanos cuyas hazañas nos permiten suponerle un grano de humanidad más alto que el de los mortales comunes, tales como los héroes, los patriotas, et., se dice que renacen o renacerán como el ave Fénix.
En la culta y desarrollada Inglaterra todavía los ingleses esperan el regreso del Rey Arturo, quien salvará el país en cualquier circunstancia difícil. Y este es solo un ejemplo.
El mito del Ave Fénix, abordado por literatos de todos los tiempos, es una historia ampliamente difundida y aparece con diferentes versiones en tradiciones de países distantes en el espacio geográfico.
Diversas fuentes aseguran que era un ave fabulosa, fruto de la imaginación de los sacerdotes egipcios y, según la leyenda, la única de su especie. Para unos se parecía a un pavo por su tamaño, con un penacho o moño sobre su cabeza, plumas doradas en el cuello y cola blanca con manchas carmíneas.
Otra versión dice que su aspecto era parecido al de una garza, del tamaño de un águila, con un plumaje de color rojo, anaranjado y amarillo. Su nombre proviene del griego foinix, que significa rojo. Para los egipcios, el Ave Fénix era como el símbolo de la inmortalidad y dios protector de los muertos, debido a que tenía una estrecha relación con el renacimiento.
Los egipcios le dedicaron al Ave Fénix un templo en Heliópolis, convertida en la ciudad sagrada de ese ser emplumado, que volvía allí cada 500 años para morir y renacer, pues ese era su principal papel, crearse a sí mismo luego de su fallecimiento. Cuenta la leyenda que esa ave, cuando sentía la proximidad de su final, construía un nido de sándalo y otras maderas resinosas y perfumadas.
Posado el Fénix sobre su nido, la luz del sol consumía a ambos y todo quedaba convertido en cenizas olorosas. Entre los restos del incendio aparecía un huevo que los rayos solares empollaban hasta que nacía nuevamente el Ave Fénix. Muchos siglos después, durante la dominación romana, los primeros cristianos, influidos por los cultos helénicos, hicieron de esa singular criatura mitológica un símbolo viviente de la inmortalidad y de la resurrección.
El Ave Fénix es símbolo del renacer, del poder del fuego, de la purificación y la inmortalidad. El mito le atribuía varios dones, como la propiedad curativa de sus lágrimas. También representa la delicadeza, pues vivía solo del rocío sin lastimar a nadie.
En China esta ave es de buen augurio y forma parte de sus tradiciones; junto al dragón simboliza la confraternidad inseparable. La versión india dice que el Fénix, cada cinco siglos, se inmolaba en vísperas de la primavera, en un altar preparado por un sacerdote.
En la mitología grecorromana, Hesíodo afirmaba que ese pájaro vivía nueve veces más que un cuervo. En México, el Fénix aparece junto al gran dios Quetzalcoatl, y la leyenda cristianizada asegura que vivía en el jardín del Paraíso. Hoy, el Ave Fénix es sinónimo del renacer físico o espiritual.
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