¿Cómo se llama usted?
Hablemos de apellidos. Todos llevamos apellido o apelativo, que es el nombre de familia con que se distingue a las personas; no importa el país en que hayamos nacido y la lengua que se hable en él.
Los apellidos pueden tener, entre otros orígenes, un oficio, ocupación o trabajo –como Zapatero-; un lugar, comarca o sitio –como Valle-; el lugar de nacimiento –como Nápoles-; diversos colores –como Blanco o Verde-; o a la filiación, es decir, ser “hijo de…” –como Enríquez, “hijo de Enrique”-.
Debe señalarse que el patronímico es un nombre propio que designa ascendencia, filiación o linaje. Puede ser un apellido o una forma derivada del nombre del padre o ascendiente, usada después del nombre de pila. Los patronímicos en español surgen del nombre paterno con el uso de los sufijos EZ, OZ, IZ y, a veces, AZ, que significan “hijo de”.
En 1870 entró en vigor en España una normativa para el uso de los apellidos y, desde entonces, la asignación de estos dejó de ser una elección de los padres o del individuo para convertirse en una regla administrativa.
En la mayoría de los países de habla castellana cada persona suele tener dos apellidos: el paterno y el materno.
En España, entre los diez apellidos más comunes se pueden citar Fernández, González, Rodríguez, López y Martínez, o sea, hijo de Fernando, Gonzalo, Rodrigo, Lope y Martín. En Inglaterra predominan los apellidos que indican un oficio o profesión: Smith –herrero o forjador-, Taylor –sastre-, Cook –cocinero-, Clark o Clerk -clérigo, escribano-. Vienen luego, en alta proporción, como en otras muchas lenguas, los apellidos derivados de los colores.
La formación de los apellidos varía en las distintas lenguas. En italiano una terminación corriente es ini, como en Paolini y Pampanini, que viene del caso genitivo del latín, que indica origen.
Entre los idiomas germanos se añade el sufijo sohn –hijo-, del que derivan la forma danesa sen –Andersen-, la inglesa son –Johnson-, y la neerlandesa zoon –Pieterzoon.
En los países anglosajones abunda el prefijo fitz, también con el significado de “hijo de”, como en Fitzgerald.
En el mundo celta actual, en idioma gaélico, algunos apellidos se forman con los prefijos Mac –hijo- y Nic –hija-, como en MacDonald.
En las lenguas semíticas, como el árabe o el hebreo, el apellido se puede expresar con la palabra ben –hijo-. Así, Mohamed ben Yusef significa Mohamed hijo de Yusef.
En los apellidos eslavos existen varias terminaciones para los apellidos, como ovich en el caso de Petrovich.
Es necesario recordar que, por tradición los apellidos, muestran trazas del linaje o procedencia de las familias.
Los siervos o campesinos adoptaban apellidos de oficios o de lugares. Los esclavos, el apellido de la casa de su amo. Y los judíos, un caso muy especial en la historia, eran obligados a llevar apellidos ridículos, como un judío checo a quien conocí, llamado Dimitri Katernoshka, o sea Dimitri el que salta como una rana. Si se convertían, como en el caso de España, podían adoptar apellidos comunes. Los famosos Rojas, que se cuentan entre las familias fundadoras de la Colonia, eran judíos conversos.
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