Automedicación
Hace tiempo conversaba con un colega sobre la propensión que tiene la población a automedicarse. Y el colega pensaba que eso se debe a que el cubano es un pueblo hipocondríaco. Yo, en cambio, pienso que el cubano obedece a una compulsión muy fuerte que lo induce a opinar sobre todo lo humano y lo divino. Es parte de nuestra idiosincracia, como la afición por la pelota o el gusto por el baile.
Pero ocurre que opinar sobre lo que no se conoce en profundidad nos convierte en seres superficiales, mas en lo tocante a la medicina, nos puede transformar en cadáveres. Así de simple.
Todo medicamento tiene efectos secundarios que generalmente sólo el profesional de la medicina conoce bien. El más sencillo, la aspirina, “buena para todo”, como se suele creer, puede provocar desde una gastritis hasta un agravamiento del asma bronquial, y llegar incluso a inducir la muerte por
hemorragias.
La Metoclopramida, tan buena para ayudar las digestiones y aliviar otros males estomacales, puede llegar a destruir los ganglios basales del paciente provocándole cuadros neurológicos severos.
Hacer aquí una lista de fármacos y sus efectos secundarios sería improcedente. Ese es un conocimiento que sólo compete al médico que receta medicinas a un enfermo. Él se encargará, mediante el interrogatorio en consulta al enfermo, de determinar qué medicinas convienen a su mal.
La medicina verde, que muchos consideran inocua y sin ningún efecto secundario, también ofrece sus peligros al ignorante; por ejemplo, el simple jarabe de sábila y miel de abeja que muchas madres hacen tomar a sus hijos para promover la expectoración catarral. Muchas personas, al prepararlo, le
adicionan las consabidas dos líneas de aguardiente de caña para mejorar su efecto, convirtiendo con esto el preparado en un brebaje capaz de anular el efecto de cualquier antibiótico que haya sido recetado al niño por su médico, pues el alcohol inhibirá su acción.
La flor de la majagua, tan empleada por la población en cocimientos para aliviar las crisis de asma, puede resultar muy nociva en aquellos pacientes asmáticos, especialmente niños, que sean alérgicos a la aminofilina, pues esta flor la contiene.
Las plantas, cuando no se conocen bien sus características, pueden ser peligrosas incluso sin ingerirlas. Bastará con que se proceda a quemar en el jardín, o en el patio, algunas con componentes altamente tóxicos, para que la liberación de estos mediante el fuego provoque en las personas que están
cerca una cadena de efectos capaz de llevarlas en pocos minutos a la asfixia y la muerte.
Si necesitamos buscar alivio a un malestar pasajero o a los síntomas de nuestra enfermedad, lo mejor es acudir a un especialista que nos orientará debidamente. Automedicarse puede ser muy peligroso para nuestra salud y la de aquellos a quienes más deseamos aliviar.
