Las rocas y Samuel
Un tanto científico, un tanto niño, Samuel sonríe y conversa sin parar. Se pregunta el porqué de cada estructura en el pedacito de historia que tiene entre sus manos. Le gustan las ciencias, la matemática, jugar en las tardes. Le gusta su Habana.
“A La Habana le falta un poco de limpieza, sí. Pero a mí me gusta porque yo vivo aquí. Cambiar La Habana sería como hacer una guerra. La guerra primero se gana en la mente, psicológicamente, y para cambiar La Habana hay que cambiar la mente de todas las personas. La Habana siempre va a ser la misma”, comenta el joven de 16 años que forma parte del “Taller de Tesoros Paleontológicos en la Arquitectura de La Habana Vieja” que coordina la Oficina del Historiador de la Ciudad.
“Un milloncito de años no es nada… Usted, para esta roca, no existe todavía”; asegura Samuel, mientras examina las huellas microscópicas que un erizo dejó en algún momento de su existencia.
Más de quince adolescentes descubren la Geología y la Paleontología en el taller; a la captura de fósiles y formas, por cotidianas, casi invisibles, que posee la arquitectura de La Habana Vieja.
“Hemos podido aprender cosas que no sabíamos que existían. Por ejemplo, sobre algunas estructuras de escape que tienen las rocas, formadas hace 65.5 millones de años aproximadamente.
“Una hipótesis es que cuando el meteorito que extinguió a los dinosaurios impactó en la Tierra, expulsó hacia la atmósfera inmensas cantidades de sedimentos. Era mucho polvo que se quedaba “flotando” e impidió que el sol incidiera sobre las plantas que, al no poder realizar la fotosíntesis, morían. Cuando mueren las plantas mueren los herbívoros, al morir estos, los carnívoros… y así se extinguen los animales”.
“Ahora, la roca se formó cuando el sedimento comenzó a bajar en el mar y a depositarse en el fondo. Al ser tanto, tanto, tanto sedimento… fue aplastando el agua y los gases que quedaban debajo; y estos, a su vez, que buscaban siempre la manera de salir con más presión, dejaron una marca, a lo que se le llama “estructura de escape”. De manera que, cuando la roca se solidifica, se queda con estas características”.
Samuel mueve la roca entre sus manos y se emociona al hablar sobre “la juventud” de una piedra que tiene aproximadamente un millón de años de formación.
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