Néstor Leonelo Carbonel, un personaje cubano
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Néstor Leonelo Carbonel, un personaje cubano

Néstor Leonelo Carbonel es un nombre poco conocido entre los cubanos, tal vez un tanto menos desconocido desde que su bisnieto Oscar Ferrer Carbonell obtuviera en La Habana el premio del concurso de Biografía y Memorias de la editorial Ciencias Sociales.

El agasajo lo alcanzó por su libro Néstor Leonelo Carbonell como el grito del águila, titulado así por el autor debido a una frase que aparece en una epístola de José Martí, donde el Apóstol caracteriza al modesto patriota.

Porque si hubo hombres clave en la vida de Martí, y por ello en la independencia de Cuba, uno fue el jovial y rubicundo ex capitán del ejército mambí, quien desde muy joven se involucró con la causa de la independencia de la isla, y tras un brillante desempeño bajo las órdenes de los jefes  insurrectos Serafín Sánchez y Honorato del Castillo, y tras sufrir los rigores de las  prisiones coloniales y una condena a muerte, tuvo que tomar el camino del exilio.

Nacido en 1846 en la actual provincia de Santi Spiritus, tras perder en la guerra su primera mujer y casi toda la descendencia de ese matrimonio inicial, Carbonell marchó a Tampa con su segunda esposa  y sus hijos sobrevivientes de la catástrofe.

En Tampa se instaló en el barrio de Ibor City. Allí trabajó como maestro, ejerció el periodismo y fue propietario de una pequeña librería donde se realizaban frecuentes tertulias de cubanos exiliados que acudían día a día en busca de las últimas noticias sobre el destino de la patria, a la vez tan cercana y tan lejana.

En su incesante trabajo al servicio de Cuba, Carbonell fundó el club Revolucionario Ignacio Agramonte, y en su condición de Presidente de esa institución invitó a visitar Tampa a un joven y fogoso orador cuyo nombre, José Martí, ya corría de boca en boca entre los refugiados de la isla.

Fue así como se conocieron los dos insignes cubanos. Martí se trasladó desde Nueva York al podio modesto preparado por los tabaqueros que seguían a Carbonell, y ante ellos pronunció sus dos más célebres discursos, Con todos y para el bien de todos y Los pinos nuevos, arrebatando a la concurrencia enardecida.

Sobre la base del trabajo comenzado tan exitosamente por el luchador espirituano, fundó el Partido Revolucionario Cubano, redactando sus Estatutos en la misma humilde salita de la vivienda donde habitaba Carbonell con su familia, rodeado de la veneración de los niños y del aroma del café que colaba para él la emocionada esposa de Néstor Leonelo.

Tras la muerte de Martí, el final de la Guerra trajo a las playas cubanas una marea de exiliados que regresaban llenos de fe y esperanza. En diciembre de 1898 volvieron a pisar tierra cubana Carbonell y su pequeña tropa familiar. Se instaló en La Habana, donde permaneció hasta el final de su vida.

En los tiempos de la Primera Intervención Norteamericana trabajó como conserje del Instituto de La Habana, dio clases y escribió artículos para el periódico La lucha. Luego se desempeñó como segundo jefe del Archivo Nacional, y durante el primer Gobierno republicano se ganó el odio del Presidente Estrada Palma por oponerse abiertamente a sus planes reeleccionistas, lo que le valió  la cesantía de su cargo. También condenó con firmeza la Segunda Intervención provocada por aquel mal político.

El Presidente José Miguel Gómez lo elevó al rango de Jefe de Sección en la Secretaría de Gobernación y más tarde le confió la Jefatura del Archivo de la Presidencia de la República. Durante el Gobierno de Alfredo Zayas Carbonell fue encarnizado oponente de la corrupción desatada por el deshonesto mandatario.

Carbonell se entregó en cuerpo y alma a divulgar la obra martiana, y junto con sus hijos José Manuel y Néstor, fue uno de los primeros panegiristas del Apóstol en un comienzo de siglo donde este era más conocido entre los exiliados retornados que entre los cubanos residentes en la isla.

En la sala de su  humilde casa habanera en la calle Amistad se creó el Ateneo de La Habana, fundado por su hijo José Manuel. Néstor Leonelo, a quien por su fabulosa memoria sus amigos apodaron la imprenta ambulante, murió en la capital el 8 de noviembre  de 1923, tan modestamente como había vivido, y solo en esa hora final recibió el homenaje unánime de sus contemporáneos el hombre de quien Martí escribiera:

Vive en Tampa, como un padre del pueblo, el fidelísimo cubano Néstor Leonelo Carbonell. Él es de aquellos cubanos incansables que solo sienten dicha en lo que eleve y mejore el alma patria….

imop/

 

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