Semblanza de Emilio Roig de Leuschenring
Cuando los habaneros paseamos por las calles de La Habana Vieja y admiramos los monumentos y edificios rescatados por la labor paciente y constante de la Oficina del Historiador de la Ciudad, nos viene a la mente la imagen de un hombre de camisa y pantalón gris que camina incansablemente por los alrededores, disparando aquí y allá su mirada inquieta y escrutadora. Todos le conocemos por Eusebio Leal, el Historiador.
Pero las nuevas generaciones ya casi no recuerdan a quien le precediera en la labor casi sagrada de preservar el patrimonio histórico y cultural: a su maestro Emilio Roig de Leuschenring, a quien Leal nunca ha olvidado y a quien reconoce deberle muchísimo.
Emilio Roig de Leuschenring nació en La Habana el 23 de agosto de 1889 y desde muy pequeño sintió atracción por las letras. Observaba con interés la vida del pueblo y de la urbe y pronto despertó en él la afición por retratar costumbres, de ahí nació su amor por la Historia. Es posible que al estudiar el devenir de los sucesos humanos haya comenzado a inquietarse ante las imbricaciones de la nación cubana con el poderoso vecino del Norte, lo que finalmente le llevaría a una toma de posición política absolutamente definida: a favor de Cuba y contra todos sus enemigos. Así se conformó su antimperialismo militante y apasionado, de tan reconoda raigambre martiana.
Pero el pensamiento político de Roig no se quedó encerrado en los estrechos límites de una mirada nacionalista, sino que extendió sus ramas sobre toda la América. Él fue desde el principio un entusiasta defensor de Augusto César Sandino y su pequeño ejército de desarrapados empeñados en liberar Nicaragua de la tiranía de los Somoza. En 1919, escribió su conocido ensayo La ocupación de la República Dominicana por los Estados Unidos, y comenzó sus investigaciones sobre la sombra imperialista sobre la hermana nación de Puerto Rico.
A partir de 1922, comienza a escribir una serie de alegatos historiográficos dirigidos contra la Enmienda Platt, los cuales terminan fraguando en un libro que, en 1935, tituló Historia de los Enmienda Platt. Una interpretación de la realidad cubana.
En 1923, colaboró estrechamente con Julio Antonio Mella en promover la alianza del estudiantado universitario con las agrupaciones obreras, alianza de la que nació la Universidad José Martí, donde Roig impartió conferencias. Asimismo, en igual fecha, formó parte en primera línea del movimiento de intelectuales revolucionarios conocido como Grupo Minorista y fue uno de los firmantes de La Protesta de los Trece.
En 1941, ocupa uno de los principales puestos en la labor de propagandizar la campaña nacional “Por la Escuela Cubana en Cuba Libre”.
Roig era anticlericalista convencido y eso lo llevó a defender la implantación de una enseñanza racionalista y laica en nuestras escuelas públicas, que aunque fuese consecuente con la libertad de cultos preconizada por la Constitución de la República, no intentara la imposición de un credo por sobre los demás ni intentara subordinar el pensamiento científico en la enseñanza a los postulados y dogmas de religión alguna.
Luchó con todas las fuerzas de su espíritu y su pluma a favor de la libertad de conciencia, de la igualdad de raza y de derechos para el hombre negro en el seno de la sociedad cubana. Sostuvo una estrecha amistad con Fernando Ortiz y colaboró con él en la fundación de organizaciones y publicaciones que promovían la integración e igualdad de los negros, así como también su aportación a la cultura nacional. En 1936, tomó parte en la fundación de la Sociedad de Estudios Cubanos y fue nombrado por Ortiz director de la revista Estudios Afrocubanos, en la que trabajó durante sus primeros cuatro números.
Su quehacer como historiador abarcó dos líneas fundamentales de trabajo: la de sus escritos e investigaciones personales y la que lo llevó a realizar importantísimas compilaciones de documentos, entre las cuales se destaca la publicación de las Actas Capitulares del Ayuntamiento de La Habana, así como también las colecciones dedicadas a la obra de José Martí, Antonio Maceo, Máximo Gómez y otros próceres de la Isla.
Como periodista desempeñó una fecunda colaboración en publicaciones de su época, como las importantes revistas Social y Carteles, donde haciendo un esfuerzo tremendo y, en ocasiones, robando tiempo a su descanso enviaba publicaciones semanales.
Bajo su orientación personal se fundaron la Oficina del Historiador de la Ciudad, el Museo de La Habana y varios congresos nacionales de Historia.
Como etnógrafo publicó en cuatro volúmenes La literatura costumbrista cubana de los siglos XVIII y XIX, y puso toda su influencia a favor de una buena causa cultural, como fue que se reanudara el permiso para la salida en Carnaval de las antiguas comparsas de negros, prohibidas durante décadas por los más absurdos prejuicios raciales. Sus trabajos descriptivos sobre nueve de estas comparsas, publicados por la revista Carteles, constituyen aún hoy una fuente de información no superada sobre el tema.
Emilio Roig de Leuschenring murió el 8 de agosto de 1964 en La Habana que tanto amó. He visitado la que fue su casa, ahora restaurada por su discípulo y heredero intelectual Eusebio Leal Spengler, y al sentir el silencio que señorea entre la sombra azul de sus patios, envueltos en la brisa susurradora que se trenza entre columnas y barandas, he tenido un atisbo fugaz del alma contemplativa de su antiguo dueño, amante de la vida, estudiosa, ávida de conocimiento, y a la vez luchadora incansable por las causas que creyó buenas; alma revolucionaria, honesta y sabía que aún ronda incansable entre la menta y la verbena, entre la palma y la rosa, entre la ciudad de hoy y de ayer, la eterna y hermosa Habana.
fny
