¿Desde cuándo existe el divorcio en Cuba?

Disolución del matrimonio. Foto: Tomada de Cubasí.

He escuchado y leído, repetido hasta la saciedad, el soberano disparate de que el primer divorcio que tuvo lugar en Cuba fue protagonizado por la dama de la alta burguesía criolla Catalina Lasa del Río, célebre en la época por su belleza, y su primer esposo Pedrito Estévez Abreu, hijo de Marta Abreu, la gran patricia villaclareña, y Luis Estévez Romero, quien fuera vicepresidente durante el Gobierno de Estrada Palma.

No es verdad. Esta pareja no se divorció. Catalina y su amante, el rico hacendado Juan de Pedro Baró, fueron al Vaticano y solicitaron del Papa la anulación del matrimonio de ella, lo que les fue concedido, y se casaron en París, donde tenían su residencia oficial antes de que él le construyera la bellísima mansión de estilo florentino, ubicada en 17 y Paseo, en El Vedado.

En 1918, cuando el entonces Presidente de Cuba Mario García Menocal, amigo y condiscípulo de Baró, legalizó el divorcio Catalina y Baró regresaron a la isla, amparados ya por el manto de la legalidad y con derecho a ser reconocidos por la alta sociedad habanera como un matrimonio respetable y libre de todo cuestionamiento.

Baró se había divorciado de su primera esposa, Rosa Varona, con quien tuvo dos hijos, mucho antes de conocer a Catalina. Este divorcio lo solicitó y obtuvo doña Rosa en los Estados Unidos por la causal de Infidelidades reiteradas. El acta consta en el Archivo Nacional y reproduje fragmentos de la misma en mi artículo Historia de un gran amor, una mansión y una tumba.

¿Quiénes fueron entonces los protagonistas del primer divorcio en Cuba?

Hace muchos años me encontraba revisando uno de los tarjeteros de la sala de referencias de la Biblioteca Nacional José Martí, cuando encontré una tarjeta que me remitió a algún texto donde quedaba definitivamente aclarado que los primeros divorciados cubanos fueron… y aquí conspiran contra mí los más de 30 años transcurridos desde aquella tarde. Ya no conservo el dato, y tampoco puedo recordar con exactitud si el demandante de aquel divorcio era de profesión dentista o veterinario. Es una investigación que deberé retomar algún día a fin de ofrecer esa información a los lectores.

Sin embargo, es probable que tampoco esta pareja, cuyos nombres he olvidado, hayan sido los primeros en beneficiarse de la aprobación de la ley de divorcio en nuestro país, por una razón muy simple: la ley emitida por el presidente Menocal tampoco fue la primera que tuvo la Perla de las Antillas.

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fny

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