La Patrona de la bahía y el puerto de La Habana
Sincretizada como Yemayá, la dueña del mar en la religión Yoruba, la Virgen de Regla es venerada en Cuba y en otros países. Es la patrona del pueblo costero habanero que lleva su nombre, protectora de la bahía de la Habana y patrona de los marinos.
Los argumentos transmitidos durante generaciones y que han llegado hasta nuestros días, aseguran que la bahía de Nipe, encontró en la Virgen de la Caridad a su reina celestial, mientras la bahía de La Habana halló a su protectora en la Virgen de Regla.
Su historia se remonta a época tan lejana como el siglo V, cuando a partir de una revelación, San Agustín el Africano, Obispo de Hipona, encarga que fuera esculpida en madera la Santa de rostro negro para adornar su oratorio.
Durante varios siglos la imagen de la virgen ha sido salvada, incluso pasó en plena tormenta a través del Estrecho de Gibraltar, lo que se considera su primer milagro, después de lo cual la tradición hizo que se convirtiera en Patrona de los marinos. Las invasiones de los bárbaros no lograron destruirla y pudo llegar a Cádiz, España, donde halló su santuario.
La esfinge fue hábilmente protegida de los invasores y en 1330, un canónigo del Convento de Santa María de Regla la encontró después de haber soñado que una gran dama de tez oscura le ordenaba ir a orillas del mar a rescatarla, poco después, en agradecimiento a su protección, un señor feudal de Chipiona cedió su castillo como monasterio de culto a la imagen.
Con el proceso de colonización llegó a Cuba la evangelización de sus pobladores, con su arribo los españoles trajeron e impusieron a sus deidades. En el pueblo de Regla desde 1687 y hasta 1696, se veneró una imagen representada por un cuadro pintado al óleo, pero en 1696 el castellano Don Pedro de Aranda donó al templo una escultura que había traído consigo de su primer viaje a España, la cual, para regocijo de sus feligreses, sustituyó al cuadro en el altar.
La tormenta del 24 de octubre de 1692, destruyó totalmente la ermita de la Virgen de Regla, pero gracias al sacerdote Juan Martín de Concedo, quien llegó al santuario para darle gracias por su protección, al encontrarlo totalmente destrozado, concibió la idea de levantarlo nuevamente, de manera que resultara más sólido y fuerte que el anterior.
En pocos años seguía creciendo la devoción por la virgen negra, que recibía visitas para rendirle tributo desde lejanos lugares. En 1708 se agregó a la iglesia dos altares para ampliar el lugar de culto tan demandado. El 14 de diciembre del propio año se declara a la virgen Patrona de la Bahía, momento en el que el Regidor Decano de ese Cabildo deposita en sus pies la llave que simboliza a la ciudad. Fue una época de gran realce para el santuario, aunque nada existía en Regla, sólo algunos cuartos para hospedar a los devotos a continuación de la iglesia.
En el año 1714 el Administrador del Santuario solicitó al gobierno de la Habana que la virgen fuese confirmada como Patrona de la Bahía y del Puerto y el 26 de diciembre de ese año, con una gran celebración que contó con la asistencia del Capitán General, el Obispo, los Regidores, el clero y una multitud de fieles postrados delante de la sagrada imagen, ratifican su simbólica condición de Patrona de la Habana.
A partir de este modesto templo tiene su origen el marítimo pueblo de Regla. Cuenta la historia que Zeferina, una tuerta de 70 años, solicitó en 1737 autorización a los propietarios del terreno para levantar un bohío muy cerca de la ermita y poder así comercializar cazuelas y carnes a quienes lo visitaban. La acción de esta humilde mujer fue ampliando la cantidad de vendedores en el lugar, lo que propició la fundación del pueblo, incuestionablemente vinculado a la virgen.
En 1762, en medio del ataque de los ingleses, el capellán trasladó, montado en su caballo, la imagen de Nuestra Señora de Regla y todas sus prendas hacia la iglesia del Calvario. Dos días después las trasladó nuevamente hacia el ingenio de San Diego Marrero en Managua, donde permaneció durante doce días. Los historiadores afirman que los ingleses llegaron a ocupar la iglesia con sus fuerzas.
El templo que hoy se conserva fue construido en 1811, pero no fue hasta 1818 que se terminaron de edificar la torre y la fachada. Sus altares no están revestidos de oro como lo tienen otros países de América Latina, es modesto y humilde, pero con una belleza muy singular. La imagen de la virgen no se muestra lujosa, está engalanada con su sencillo traje azul. El color de su vestido, que es el del mar que nos rodea, identifica a la capital cubana y a muchos de sus atributos.
Desde 1696 se ha mantenido la tradición de celebrar cada 8 de septiembre el Día de la Virgen de Regla. Surgió con un carácter ritual, pero paulatinamente el pueblo le fue incorporando otros elementos. Desde 1961 ha conservado su autenticidad como fiesta religiosa, aunque limitada al templo católico y al espacio público donde se despliega la procesión, la cual antes también se realizaba en aguas de la bahía. En estas han participado, además de la imagen de la virgen con sus ornamentos, todos los utensilios de las misas, como vestiduras de sacerdotes, vasos sagrados, estandartes, etc.
Las vírgenes de la Caridad y de Regla son invocadas por los navegantes ante las tempestades. Abundan las historias de tragedias marítimas en las que son rescatadas personas gracias a algún milagro de alguna de estas dos vírgenes.
Un acontecimiento la vincula a las luchas revolucionarias. En 1958, en vísperas de la procesión, la virgen fue secuestrada por un grupo de jóvenes rebeldes enfrentados al gobierno de Batista, quienes tuvieron el propósito de demostrar que no eran momentos de celebraciones ni fiestas patronales, sino de lucha contra el gobierno imperante, que pretendía dar una imagen irreal de una paz que no existía en el país.
Esta acción impidió la celebración de las fiestas y procesiones previstas ese año.
Hasta nuestros días ha llegado, entre otras muchas, esta popular tradición. Con más hermosas o menos pomposas celebraciones, pero siempre sin faltar la devoción a la venerada virgen. Muestra de ello se puede apreciar en pleno 2018, cuando para celebrar el 500 aniversario de nuestra real y maravillosa ciudad de la Habana en el 2019, se está previendo por El Club Náutico Internacional Hemingway de Cuba, rescatar una bella procesión por la bahía, que hace más de 50 años que no se realiza.
Les invitamos desde ya a disfrutar de tan atractivo acontecimiento.
imop/
