Símbolos marinos en el cementerio de Colón

El más importante camposanto de La Habana y del país – la necópolis de Colón- constituye un legítimo monumento arquitectónico.

En esta antigua ciudad de los muertos atesoramos admirables obras de arte dispersas en toda su amplitud, que convierten a este sagrado lugar en el tercero de importancia a nivel mundial.

Fue diseñado en 1868 y su construcción duró casi 15 años, se inició el 30 de octubre de 1871 y fue concluido el 2 de julio de 1886.

Está colmado de atributos utilizados para hacer referencia a las religiones, fundamentalmente la católica, algunos de ellos relacionados con símbolos marinos.

El primero es el Ancla, que alude a la fe y la esperanza en la resurrección y se aprecia desde el siglo III en relieves y pinturas de catacumbas. También simboliza firmeza y solidez.

Durante los primeros tiempos del cristianismo se empleó para evitar la representación de la cruz, de la que se considera símbolo.

El pez, como atributo del agua, participa en su simbolismo como signo de pureza, sabiduría, fecundidad y resurrección. Está asociado a la iconografía del bautismo, por lo que decora especialmente las pilas bautismales. Para el cristianismo primitivo el pez evoca a Cristo por razones lingüísticas, al constituir la palabra pez en griego el acróstico de la expresión Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador. También los peces representan a los fieles pescados por esos pescadores simbólicos que son Cristo, los apóstoles y los obispos. Especialmente al Delfín se le otorga el significado de resurrección y salvación.

Las Cadenas, que también aparecen en las obras que colman el sagrado recinto, representan la Pasión y la Flagelación de Cristo.

Las esponjas, como los clavos, lanzas, dados, la corona de espinas y el cáliz, objetos relacionados con el Escarnio y la Crucifixión, se consideran símbolos de la Pasión.

El Pelícano, ave marina que tanto acompaña a quienes laboran en altamar, se afirma que hace referencia a Jesús Salvador. Es símbolo del sacrificio de Cristo en la cruz y de la abnegación. Con frecuencia se le encuentra representado en las puertas de los sagrarios, y también lo vemos posado en la cruz o a su pie, en escenas de la “Crucifixión simbólica”.

Aunque nada tiene que ver con el mar, entre tantas curiosidades que atesora esta necrópolis, resulta interesante conocer una de tipo arquitectónico. Resulta única en todo el cementerio la capilla circular de Domingo León, uno de los terratenientes azucareros cubanos que realizó su fortuna en los primeros años de la República. Está ubicada en el Cuartel Noroeste, cuadro 9 y fue construida en 1942. Posee motivos geométricos al estilo Art-decó, siendo lo más llamativo el recipiente mortuorio situado en la parte superior de su puerta.

A pesar de la solemnidad que le caracteriza, indiscutiblemente la necrópolis de Colón constituye un museo al aire libre, que ofrece a sus visitantes espléndidas obras de arte dignas de ser admiradas. Muestra de ello lo constituye la importante cifra de extranjeros que acuden diariamente a contemplar tan fabulosas construcciones.

imop/

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