Las corridas de toros en La Habana (II)

Prohibidas estaban en la ciudad de la Habana, desde principios del siglo XX, estos sangrientos espectáculos, pero aun así, nada impidió que en agosto de 1947 los habaneros tuvieran la posibilidad de ver, en plena faena, a dos célebres toreros mexicanos Silverio Pérez, conocido como Compadre Silverio y apodado El Faraón de Texcoco, y Fermín Espinosa, Armillita, quienes fueron contratados por algunos empresarios, ávidos de aumentar sus fortunas.  

Esta exhibición se organizó para ser desarrollada en el Gran Stadium de La Habana, actual Estadio Latinoamericano, que había sido inaugurado un año antes. Concebida como una legítima reunión de bravos toros, este espectáculo, se pudo haber presentado en las más famosas plazas del mundo.

Los habaneros de la época pudieron apreciar los ostentosos trajes de seda, que se exhibieron durante varios días en la vidriera de la renombrada tienda La Filosofía, donde admiraban todos sus componentes, incluyendo llamativo el capote de paseo, lleno de bellos bordados.

Se realizó una gran divulgación del evento, destacándose en ella la bravura de los ejemplares que se iban a utilizar, considerados como colosales bestias de un peso mínimo de 370 kilos, además de la celebridad de los valientes matadores contratados.

También fue acondicionado, en muy poco tiempo, el novísimo Stadium, en el que se crearon las condiciones necesarias de puertas, tableros, etc., para garantizar la calidad del espectáculo. Los encierros fueron ubicados detrás de la cerca del jardín izquierdo y los chiqueros del toril dentro del propio césped, aproximadamente a cinco metros del ruedo.

La muerte por esos días en Córdova del célebre torero Manuel Rodríguez, conocido como Manolete, víctima de una cornada, es considerada como un “Mal presagio”, para el acontecimiento taurino previsto en la Habana, y tal parece que así hubiera sido.

Vendidas ya prácticamente todas las entradas, el Ministro de Gobernación anunció que las funciones de los días 30 y 31 de agosto no serían oficiales, sino solamente demostraciones. Por tanto son vetadas las banderillas, las garrochas con puyas de los picadores y la “última suerte“, la de matar, irremediablemente suspendida.

Además de tan pésima noticia, otros aspectos nublan la calidad del espectáculo. El ganado utilizado el día 30 era más que manso y apenas se movía, y durante la corrida del domingo 31, ante treinta mil personas, aunque las afiladas cornamentas se mueven algo más y permiten algunos temerarios capotazos que causan furor en el público, cuando llega el cuarto y último toro, y ya no es legitima la lidia, una fuerte lluvia da por terminado el trabajo del torero.

Por supuesto que el espectáculo resulta bochornoso, sin la calidad que merecía su público, quienes no pudieron apreciar el verdadero arte de la tauromaquia, y donde por tanto, no faltaron agresivas reacciones que hicieron llegar al ruedo sombreros, cojines, botellas de bebida, e incluso, algún que otro ladrillo.

Con tales resultados nadie más intentó organizar en La Habana otra lidia de toros, quedando solamente en el recuerdo de los citadinos de la época el fracasado intento de 1947.

Este redactor tuvo la oportunidad de asistir a una de estas corridas en Santiago de Compostela, España, donde el único torero fue, el muy conocido en Cuba, Palomo Linares, quien tuvo a su cargo el enfrentamiento con cinco impresionantes toros.

Respetando los criterios de los apasionados a este espectáculo, me atrevo a afirmar que no fue de mi agrado, aun cuando el público allí presente coreaba cada acción y gritaba enardecido rabo u oreja, para premiar el buen ejecutar de tan distinguido matador.

Hoy muchas voces se levantan en contra de esta ejecutoria, de tanto arraigo en España y en otros países. Cada cual, desde su óptica, podrá emitir su propia decisión. Yo voto por su no continuidad, al menos de la forma actual en que se desarrolla. ¿Y usted amigo lector?

imop/

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1 opinión en “Las corridas de toros en La Habana (II)

  1. Me parece un bello e instructivo articulo sobre las plazas y corridas de toros sucedidas en nuestra Cuba en tiempos de nuestros abuelos y anteriormente a su nacimiento inclusive.Gracias por ampliar nuestro espectro de conocimiento.

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