Britania, la historia maravillosa del  HBO

Es una pena que la serie Britannia, que no ha sido trasmitida aún por la televisión cubana, tenga hasta ahora una sola temporada. Lo digo porque salvo en los dos tomos de Las colinas huecas y La cueva de cristal, de la escritora inglesa Mary Stuart, publicadas en Cuba en la colección Huracán hace ya tanto tiempo como el que el hombre lleva caminando por la Tierra y jamás reeditadas, nunca he visto en ningún libro, revista, filme o cualquier clase de material audiovisual mejor representada la cultura de los celtas británicos precristianos.

Y gracias, porque al menos esa la conocimos los cubanos que leímos las novelas de Stuart, porque la cultura del resto de las naciones celtas no españolas nos es absolutamente desconocida, lo que es casi un crimen, porque los antiguos irlandeses son una de las culturas más extrañas, complejas y apasionantes de la historia de la humanidad, amén de una de las más antiguas, por cierto.

Pero volviendo a Britannia, se trata de una serie de la cadena HBO, conocida por la extraordinaria calidad de sus productos. Así la presenta Wikipedia:

Es una serie de televisión británico-americana del género fantasía histórica​ escrita por Jez Butterworth. La serie de nueve partes es la primera coproducción entre Sky y Amazon Prime Video, y es protagonizada por las estrellas Kelly Reilly, David Morrissey, Zoë Wanamaker, Liana Cornell y Stanley Weber. ​

Se emitió en Sky Atlantic en el Reino Unido (los 9 episodios disponibles en Sky On Demand en el Reino Unido desde el 18 de enero de 2018) y en Amazon Prime Video en los Estados Unidos (el streaming comenzó el 26 de enero de 2018). En España, se estrenó el 19 de enero de 2018 en HBO. En Latinoamérica, el 6 de mayo de 2018 en Fox Premium Series.

Ambientada en en el año 43 A.D., la serie se desarrolla durante la conquista romana de Gran Bretaña – “una tierra misteriosa gobernada por mujeres guerreras salvajes y druidas poderosos que pueden canalizar las poderosas fuerzas del inframundo.” Los rivales celtas Kerra y Antedia deben trabajar juntos para combatir la invasión romana liderada por Aulo Plaucio.

Acabada de salir del horno, como se dice. Sin embargo, yo no estoy de acuerdo en que sea una serie de fantasía histórica. Histórica sí, fantástica NO, rotundamente no.

Tiene algunos personajes de ficción, pero la mayoría no lo son, y las dos tribus britanas cuya rivalidad es explotada por los romanos existieron. Si me pusiera a enumerar aquí todas las tribus que se encontraron los romanos en Britania no acabaría ni en un día escribiendo.

Y es muy cierto que en aquella sociedad celta las mujeres llevaban la batuta y reinaban con frecuencia sobre sus tribus y sobe las del esposo que hubieran elegido en caso de muerte de este.

También es cierto que los druidas gobernaban a reyes y reinas, pues ni el rey más poderoso se hubiera atrevido a desafiar sus sentencias ni sus órdenes.

Eran un sacerdocio todopoderoso como le tocó comprobar a los romanos, no solo al general Aulo Plaucio, personaje protagónico de esta primera temporada, sino sobre todo a su sustituto, el general Suetonius Paulinus, a quien el emperador Claudio tuvo que enviar a la carrera porq   ue las tribus britanas, unidas por fin bajo una poderosa reina, estaba exterminando a las legiones romanas destacadas en su tierra con métodos tan crueles como los que los mismos romanos empleaban contra sus súbditos.

El elenco es bueno. Los dos grandes personajes enfrentados no son, como pudiera creerse, Aulo Plaucio el romano, interpretado por el actor británico David Morrissey, y alguna de las reinas britanas, sino Aulo y el druida Veran, encarnado por el también británico Mckenzie Crook , increíblemente un actor de comedias, de un modo tan magistral que deviene una actuación memorable por su extrema —y siniestra— naturalidad.

Puedo garantizar a los espectadores cubanos de esta serie que estén interesados en la cultura celta que la reconstrucción de época, así como la puesta en escena de los festivales religiosos de los britanos, sus costumbres, su vestuario, su armamento y sus técnicas de combate son fieles a la realidad casi en un absoluto por ciento.

Y para estupor de muchos también lo es el ritual funerario de la preparación del cadáver del rey anciano muerto para darle sepultura. Aunque hermosa, la civilización celta fue extremadamente cruda y cruel, aún en Irlanda, donde alcanzó su mayor esplendor antes del siglo V.

La serie ha sido fiel a ese espíritu y los espectadores deben estar preparados para escenas de fuerte impacto emocional.

HBO no necesita detenerse en esta primera temporada, pues la historia de la conquista romana de Britania está muy lejos de terminar en esos primeros diez capítulos, ya que la insignificante niña que aparece en esta temporada protegida por una de las reinas britanas y por los druidas no es otra que la reina Boudicca o Boadicea, la mujer que logró unir a todas las tribus de Britania y levantarlas contra Roma en una hazaña guerrera que estuvo a punto de darle la victoria sobre el mayor imperio hasta entonces conocido por la Historia.

Esta niña tiene que crecer en la serie, llevar qa cabo todas sus batallas, y la historia, si va a adaptarse a la realidad, termina cuando Suetonius Paulinus invade la isla de Mona, un islote sagrado donde habitaba el archidruida o jefe del colegio druídico britano junto con todos sus discípulos.

El extraordinario poder de los druidas queda demostrado por el hecho de que desde la primera incursión de Julio César, que terminó con su veloz retorno a Roma, los romanos se dieron cuenta de que su verdadero enemigo era este colegio sacerdotal, cuyos miembros dominaban la sociedad celta y poseían poderes tales que eran capaces de paralizar a los legionarios romanos para que los guerreros pudieran matarlos uno a  uno sin encontrar resistencia.

Los druidas estaban organizados como un colegio perfectamente estructurado según rígidas jerarquías, a la manera de los sacerdocios de Amón en Egipto y los mismos sacerdocios de Roma.

Todos eran admitidos a la enseñanza, incluidas las mujeres,  aunque para alcanzar los grados superiores de un estudio que se prolongaba 12 años tenían prioridad los hijos de los nobles y de los propios druidas.

El aprendizaje se dividía en bloques: quienes vencieran el primer bloque se convertían en filid o poetas que debían ser capaces de recitar de memoria más de 300 poemas y cantos rituales y guerreros. El siguiente bloque graduaba médicos. El próximo bloque graduaba legisladores, y el último graduaba magos capaces de dominar el agua, el fuego, la lluvia y el viento, de provocar nevadas, ventiscas, granizo, inundaciones y toda clase de fenómenos naturales: también dominaban la hipnosis, en la que basaban muchas de sus manipulaciones, eran expertos herbolarios y maestros  en toxicología. Y hechiceros muy eficaces.

En la serie hay varios ejemplos de eso, pero me gustaría mencionar una escena en que se cruzan en un camino las carretas en que viajan, en una Aulo y su segundo al mando, y en otra el druida Veran, y este lanza con disimulo a tierra una especie de muñeco de paja que recoge el general auxiliar de Plaucio. Lo examina con curiosidad, se lo guarda y esa misma noche enloquece e intenta asesinar a Plaucio.

Para quienes no conozcan la cultura celta ni a los druidas, aclaro que el muñequito de paja no es tal, sino un hechizo que los druidas llamaban “el mechón del loco”, y al ser arrojado por uno de ellos contra una persona le provocaba un estado psicótico que duraría el tiempo que el druida quisiera.

También podían provocar enfermedades y hasta la muerte con canciones que componían en forma de maldiciones. San Patricio, introductor del cristianismo en Irlanda, y más tarde San Columba, que lo hizo en Escocia, y de quien se dice fue un druida renegado, se encargaron de hacer copiar a sus monjes las leyendas, himnos, poemas, mitos y todo el material oral que produjo esta cultura que no era ágrafa, como generalmente se supone, pues disponía de un alfabeto que manejaban las casta superiores de su organización social.

Gracias a esta minuciosa labor de conservación ha podido salvarse un tesoro de inestimable valor, del que ha partido lo que hoy conocemos como revival celta, Enya y River Dance incluidos.

Britannia es una serie impecable como realización, como reconstrucción histórica, como guión, como casting, y lo único que le reprocho es la música. Con tanta calidad y rigor histórico como derrochó HBO se imponía una banda sonora con música verdaderamente celta.

Es una serie magnífica que recomiendo a todos los espectadores que gusten del cine histórico y, desde luego, tratándose de una cultura cuyo acervo está basado casi enteramente en mitos y leyendas, pues también a los amantes de la fantasía heroica, aunque reitero que Britannia es mucho más que eso.

imop/

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