Parque de la Fraternidad Americana de La Habana
Cuando de parques habaneros se trata el Parque de la Fraternidad Americana o simplemente de la Fraternidad, como es más conocido, ocupa un lugar privilegiado en la preferencia de los habaneros cuando nos decidimos a tomar un breve descanso en nuestro andar por la ciudad. Pero, ¿fue siempre así este lugar?
Se cuenta que inicialmente toda esa área formaba parte de un terreno cenagoso, y que para 1790 es convertido en una zona para la ejecución de ejercicios militares llamada Campo Militar o Campo de Marte, por ser Marte el dios de la guerra en la mitología romana, pero en 1793 el sitio es objeto de una modificación que le otorga cierta preponderancia dentro del espacio social de la ciudad en pleno desarrollo.
Se sabe que en sus cercanías, y en distintos momentos de su historia, fueron construidas dos plazas de toros, a las que ya nos hemos referido en trabajos anteriores, y que en 1800 hubo una carpa llamada “El Circo”, donde debutó el famoso actor cubano, Francisco Covarrubias.
Las condiciones generales del parque fueron mejoradas por iniciativa del Obispo de Espada, lo cual incluyó arbolado, luces y vías internas de comunicación, sin embargo fue al Capitán General Miguel Tacón quien aplicó nuevas y amplias modificaciones, al considerar que, por su excelente ubicación, debía ser incluido en su esquema de embellecimiento de la ciudad.
No muchos conocen que su perímetro fue delimitado al ubicarse una verja de hierro y remodelarse su interior, sin embargo, el acceso era a través de fastuosas puertas en cada punto cardinal, rematadas por escudos de armas a las que se les llamó con nombres de notables figuras: Cortés a la del Norte, Pizarro a la del Sur, Tacón (no podía faltar) a la del Este y Colón a la del Oeste.
Durante la primera intervención norteamericana se ubicaron allí varias unidades de las tropas de ocupación y en los primeros años de la República, instaurada en mayo de 1902, se hicieron nuevas variaciones en la estructura externa e interna del parque, en cuyo proyecto se incluía hasta un jardín zoológico, pero el tristemente célebre ciclón de 1926 le hizo recordar sus orígenes, convirtiéndolo nuevamente en un lugar agreste y desolado.
Su estructura la integran la unión de varios parques de distintas dimensiones y formas situados en una zona comprendida entre las calles Monte, Prado, Dragones y Amistad, por lo que de esta manera queda rodeado de importantes edificaciones símbolos de la arquitectura de la ciudad, como son el Capitolio, el hotel Saratoga, el Palacio de Aldama, los antiguos hoteles Isla de Cuba y New York, la entrada principal del Barrio Chino y la Fuente de La India.
Su verdadera transformación se produjo en la segunda década del siglo XX, momento en el que confluyeron importantes hechos que cambiaron definitivamente su visualidad. Esencial protagonismo tuvo la gestión del entonces Ministro de Obras Públicas Carlos Manuel de Céspedes y la del francés J.C.N. Forestier, quien estuvo a cargo de las obras, previstas para la celebración en la capital, en 1928, de la VI Conferencia Panamericana, finalmente quedó listo y fue inaugurado el 24 de febrero del propio año.
El propósito de Forestier contemplaba el diseño de varias zonas asimétricas, en las que considera el plano urbano de las áreas adyacentes, complementadas con bellas farolas, bancos y una delicada jardinería, pero lo que siempre lo ha distinguido es una gran ceiba llamada “Árbol de la Fraternidad Americana”, que había sido originalmente sembrada en el barrio del Cerro el día de la instauración de la República y que fuera trasladada y resembrada, para que a partir de ese momento fuera nutrida con la tierra de los entonces doce países representados en la mencionada conferencia.
A estas alturas usted se preguntará sobre la gran cantidad de bustos de personalidades internacionales que podemos hallar en dicho lugar. Pues bien, a iniciativa de la Sociedad Cubana de Estudios Históricos e Internacionales, varios años después, se levantaron bustos en homenaje a figuras distintivas del pensamiento o la unidad latinoamericana, como Benito Juárez y Simón Bolívar, entre otros muchos, que se han ido incorporando, hasta en fechas relativamente recientes
En los años 90 la Oficina del Historiador de La Habana acometió la tarea de transformar la imagen de tan emblemático sitio. Se le creó una pequeña cerca perimetral alrededor de los jardines que preserva y exalta este conjunto de parques, renovando su iluminación y sus ornamentos tradicionales, también inició un proceso de restauración de los bustos ya citados.
Lo que, a juicio de este articulista, representó un gran logro, fue el oportuno traslado, hacia otras áreas cercanas, de las paradas de ómnibus ubicadas en el lugar, que tanto daño causaron a la jardinería y a los bancos, además de prácticamente impedir el disfrute del parque como tal.
Desde sus orígenes esta zona de la Habana fue representativa de varios hechos que perduran en la memoria de los habaneros, siendo quizás el más conocido el ocurrido un 29 de junio de 1856, cuando el portugués Matías Pérez se elevó hacia las alturas con su globo aerostático “La Villa de París”, desde el mismo centro del emblemático parque, desconociéndose hasta hoy el desenlace real de este evento, que dejó en la memoria y la mofa de los habaneros la frase: “Voló como Matías Pérez”, aludiendo a aquella persona que desaparecía por razones desconocidas.
Hoy nuestro hermoso parque es un concurrido lugar de descanso para foráneos y nacionales. Sus alrededores han cambiado con la nueva imagen del Hotel Saratoga, el gran pórtico de acceso al Barrio Chino, el remodelado Teatro Martí, así como lo hará con las futuras restauraciones planificadas, entre la que destaca la del Hotel New York, junto con la del Capitolio y sus jardines exteriores, que complementarán un entorno que, sin dudas, lo ratificará como uno de los más visitados de la ciudad. Seamos pues, fieles veladores de su máximo cuidado y conservación.
imop/

Se dice que los de Santo Suárez eran los mas bellos pero hoy en su mayoría son un desastre. Que me dicen de sus áreas verdes y bancos. Inexplicable. Y los guardaparques que?
Los parques de la Habana deberían tener una atención especial. Cuando se construyeron, después fueron bien cuidados. Hoy en su mayoría son muestra de abandono donde irresponsables dejan la huella de su andar cotidiano. Luchemos por darles el esplendor de antaño por el bien de nosotros mismos y de los que nos visitan.