El castillo de Los Tres Santos Reyes Magos de El Morro (III)

castillo-del-morro-de-la-habana. Foto: http://airesdemiisla.blogspot.com/2017/06/el-los-tres-reyes-del-morro-tambien.html.

Cuando en 1538 la reina Juana de Castilla ordenó a Hernando de Soto, Gobernador de Cuba y Adelantado de La Florida, la construcción de una fortaleza que protegiera la villa de San Cristóbal de las incursiones de piratas y corsarios, le sugirió que aquel primer conjunto defensivo fuera erigido en la loma de El Morro.

Sería difícil intentar comprender desde nuestra perspectiva histórica por qué De Soto no la obedeció, pues no dejó ningún testimonio escrito de las razones por las cuales contradijo a su soberana, aunque tal vez haya influido en tal decisión su anhelo por partir cuanto antes en la expedición que preparaba para la conquista de La Florida, y que se hizo a la mar apenas un año después de su nombramiento y dos de su matrimonio con doña Inés de Bobadilla. Era un hombre impaciente, en verdad.

Luego de la catástrofe que supuso para la villa de San Cristóbal el ataque pirata perpetrado en 1555 por el corsario francés Jacques de Sores, donde tan triste papel hizo el entonces Gobernador Pérez de Angulo, la Corona decidió que Cuba no tuviera nunca más Gobernadores civiles, y envió en sustitución del fallecido Angulo al capitán don Diego de Mazariegos con órdenes de construir una nueva fortaleza mejor situada y equipada para defensa de la villa.

No por gusto era Mazariegos avezado militar, pues retomó con urgencia la sugerencia hecha por la reina Juana a De Soto y, además de ocuparse de llevar adelante la edificación del castillo de la Real Fuerza, hizo construir sobre el peñón de El Morro una torre vigía de 12 metros de altura, de cantería blanca que refulgía bajo la luz del trópico y podía ser vista en ocho leguas a la redonda. Dicha torre, además de alojar centinelas que mantenían una constante vigilancia sobre el litoral, servía de orientación a las embarcaciones que se acercaban a San Cristóbal. Sin saberlo, creó la edificación destinada a convertirse tiempo después en el faro de El Morro, célebre en el mundo entero por ser la imagen icónica de La Habana.

Antes de hablar de este castillo hay que dedicar espacio a una breve biografía de su arquitecto jefe, que también lo fue de la fortaleza de San Salvador de La Punta. El maestro Bautista Antonelli era miembro de una familia italiana donde al menos siete de sus integrantes fueron arquitectos civiles, hidráulicos y militares de gran prestigio, quienes sirvieron a cuatro monarcas españoles durante 90 años, y dejaron importantes obras en la propia España, Portugal, norte de África y las colonias españolas del Caribe.

Diseñado por el ingeniero Bautista Antonelli. Foto: Pinterest.
Diseñado por el ingeniero Bautista Antonelli. Foto: Pinterest.

El Consejo de Indias lo escogió, junto al maese de campo Juan de Texeda, para elaborar un plan de fortificaciones que garantizara la seguridad de los puertos españoles del Caribe. Ambos llegaron a La Habana en 1539 para comenzar las obras en El Morro y La Punta y terminar los trabajos de la Zanja Real, encargada de llevar el agua a la villa. No más llegar, Antonelli tuvo dos ideas que dejan en claro su lucidez como arquitecto militar. La primera fue comprender la importancia suprema de la loma de La Punta, de la que dijo que quien fuera dueño de ella lo sería del castillo de El Morro, y quien fuera dueño de la loma de La Cabaña lo sería de la villa. La segunda fue cerrar la boca del puerto con una cadena de gruesos maderos unidos por peines de hierro, la misma que aparece entre los símbolos del escudo original concedido por la Corona a la villa de San Cristóbal.

A pesar de su prestigio y de ser uno de los arquitectos favoritos de Felipe II, la estancia de Antonelli en La Habana distó mucho de ser placentera, pues, como otros antes de él, también fue víctima de intrigas y componendas por parte de los altos funcionarios de la villa. Adquirió, además, en el rostro una enfermedad de la piel, supuestamente por exposición al sol.

Por ambas situaciones, pidió al rey que le permitiera regresar a España o de lo contrario se obligara a los funcionarios que le dejaran trabajar en paz, sin interferir en sus decisiones. Lo primero no le fue concedido, pero la orden de respetar sus designios sí fue dada al Gobernador que lo importunaba y vino acompañada, además, por un significativo aumento de salario para el solicitante. Trabajó con Antonelli su sobrino Cristóbal de Roda en calidad de ingeniero ayudante. No solo proyectaron y construyeron las dos fortalezas, sino que trabajaron también en los planos para la nueva iglesia parroquial, en un trazado de la San Cristóbal como ciudad y en la formación técnica del personal que convirtió la villa fundacional, sembrada de bohíos del siglo XVI, en la ciudad de obras de fábrica del siglo siguiente. Murió en España.

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fny

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