Usted no debe leer El péndulo de Foucault sin pasar antes… por aquí
Si usted tuvo contacto con la radiestesia conoce qué es un péndulo: un objeto con forma de esfera o de cono que pende al extremo de un hilo y oscila en varias direcciones. Los radiestesistas lo emplean para encontrar corrientes subterráneas de agua, yacimientos de metales, tesoros enterrados y hasta para hacer diagnósticos médicos y ubicar personas desaparecidas. Pero ¿usted sabe cuál es el péndulo más famoso e importante del mundo…? Sí, ese mismo, el péndulo de Foucault, que inspiró al semiólogo y escritor italiano Umberto Eco una de sus novelas más famosas.
El péndulo de Foucault no es una invención artística, sino un objeto real creado por el físico francés León Foucault (1818-1868), considerado el fundador de la moderna técnica de construcción de los grandes telescopios, quien también trabajó en la determinación de la velocidad de la luz junto al científico Armand Fizeau. Sus investigaciones demostraron que la velocidad de la luz en el aire es superior que en el agua.
El primer péndulo construido por Foucault era una bala de cañón recubierta de latón que pesaba veintiocho kilogramos y pendía de un cable de sesenta y siete metros de largo. Una púa colocada en la parte inferior de la esfera dibujaba el trazo dejado por las oscilaciones sobre una balsa de arena que yacía debajo del ingenio. La primera exposición pública de su artefacto se realizó en el Observatorio de París, pero hubo muchas más, y a la tercera de ellas ya Foucault y su invento habían ganado tanta celebridad que acudió a la exposición el mismísimo emperador Napoleón III, quien quedó sumamente impresionado cuando Foucault le aseguró que aun cuando la Tierra estuviera envuelta en un denso manto de nubes que la ocultara de la vista, el movimiento del péndulo bastaba por sí solo para probar las teorías de Galileo Galilei: Epur si muove, sin necesidad de ejecutar ningún cálculo astronómico
Las oscilaciones del péndulo permitieron, entre otras cosas, conocer que En el Polo Norte la Tierra haría un giro completo debajo del péndulo en 24 horas. Igual ocurriría, pero en sentido contrario, si nos encontráramos en el Polo Sur. En el Ecuador no daría ningún giro (o podríamos considerar que tarda un tiempo infinito en dar una vuelta). En una latitud intermedia como la de París, la Tierra parecería girar más lentamente que en los polos.
Casi inmediatamente después de su construcción, reproducciones del péndulo de Foucault fueron colocadas en varias instituciones científicas francesas de gran prestigio, pero también pueden verse en otros países. México tiene una en el Centro Cultural de Querétaro, mientras que el más antiguo de España se encuentra en el Museo de Ciencias de A Coruña, en un local de cinco pisos de altura. También cuentan con reproducciones el Real Observatorio Astronómico de Madrid, el Museo de Ciencias de Barcelona, la Universidad de Granada y en el Parque Científico de Cantabria.
Una de las piezas más destacables del vestíbulo de la Asamblea General es el Péndulo de Foucault, entregado a las Naciones Unidas en 1955 por los Países Bajos. El Péndulo de Foucault, bautizado con el nombre del físico Jean Bernard Leon Foucault, prueba visualmente la rotación de la Tierra. Está formado por una esfera bañada en oro y rellena en parte de cobre, suspendida desde el techo a casi 23 metros de altura por un cable de acero inoxidable. Una rótula le permite balancearse en todas direcciones. Un electroimán situado bajo el péndulo contrarresta la fricción con el aire, manteniéndolo con un balanceo uniforme. En el transcurso de un día, la dirección en la que se mueve el péndulo cambia debido a la rotación de la Tierra. La esfera tarda 36 horas y 45 minutos en completar su ciclo.
La espectacularidad del péndulo de Foucault no ha decrecido con el paso del tiempo. Sigue estimulando la fantasía humana al extremo de haber inspirado a Umberto Eco su célebre novela de igual nombre. Su trama deslumbrante gira en torno a una historia en la que tres editores reciben de una importante editorial académica la encomienda de investigar un misterioso manuscrito hallado en Brasil, que parece guardar relación con la masacre de los Templarios, tema que ha dado tanta tela por donde cortar a los círculos esotéricos y ocultistas del mundo, además de haber hecho correr ríos de tinta e incontables publicaciones de historiadores e investigadores de otras disciplinas. Los editores, en un intento por hacer divertido su tedioso trabajo, imaginan un Plan basado en la teoría de las conspiraciones, pero el divertimento se les va de las manos y terminan involucrándose con templarios modernos, druidas, masones, rosacruces y cuanta secta secreta ha existido en la Historia. Toda esta farándula pintoresca, a la que Eco trata con sorna manifiesta, busca un secreto que está oculto en el péndulo de Foucault que se encuentra en París, punto donde deben converger todos los siniestros buscadores.
Si ha habido alguna vez un momento apocalíptico en que la Tierra dejó de girar, fue el 16 de abril de 2010, cuando la reproducción del péndulo de Foucault, ubicada en el Museo de Artes y Oficios de París, sufrió una ruptura del cable del que pendía y cayó, causando daños irreparables en el péndulo mismo y en el suelo de mármol del Museo. Algunas pesadillas pueden hacerse realidad, aunque por suerte esta se consumó a escala reducida y la Tierra, impasible, continúa su eterno girar en el espacio.
fny
