Gerardo Alfonso entre canción y realidad

 

Por la calle Infanta, un cartel inmenso tiene el rostro de Gerardo Alfonso junto a un micrófono que le canta a La Habana: lo más grande. Representa una de las tantas gigantografías que inundan la capital cubana en su 500 aniversario.

El cantautor que ha dedicado más de diez canciones a la ciudad de las Sábanas blancas colgadas en los balcones, cree en el potencial de la música para transformar y cambiar actitudes. En ese camino, comenta:

“Éramos muy taciturnos y nocturnos. Andábamos tocando en los parques y enamorándonos, bebiendo. De ahí se forjó la trova, que es un poco bohemia. Tocaba uno canciones y entre canciones y amores, del dedo a la cuerda, de la cuerda a los cantos, del canto a los sueños, de los sueños al verso… y los cantos eran reflejo de la realidad, la vida, la muerte, de solares. Pero la canción del trovador de hoy no está comunicando con la gente como es debido, con la época. No estamos diciendo verdaderamente, no estamos sacudiéndole los cachetes a la nación, por eso tampoco tiene mucha demanda. Creo que es importante renovarse totalmente, nos falta ese lenguaje, ese discurso, sintonizar y comunicar con el público”.

“Llegar con una canción al gusto de todas las personas, que coincidan contigo en una idea, es algo milagroso. Lo malo es que encandila y a veces todo lo demás no vale. Por más insignificantes que sean, todas las canciones son un trabajo, un esfuerzo, una dedicatoria, un desgarramiento. La música es el lenguaje más pleno, más perfecto, pero la letra es urgente porque necesita mover la conciencia, que es mover la rueda de la evolución”.

“Uno es un rompecabezas. He sido un artista que por el mismo estilo de vivir que tengo, mi actitud, me he metido en terrenos minados ideológicamente, lo que ha provocado opiniones que a veces se hacen mitos, tropiezos, y eso tergiversa toda tu trayectoria”.

La peña mensual de Gerardo Alfonso en la Casa del Alba Cultural abre paso a nuevos intentos por conectar con la audiencia. Como músico cubano, no ha dejado de escribir, de contar su realidad.

imop/

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