El Cañón Ordoñez de La Habana

Compartiendo en casa con un grupo de amigos con los que habitualmente abordo, entre otros muchos, los temas bélicos relacionados con la defensa de La Habana de los ataques a que fue sometida durante cientos de años, salió a relucir el Cañón de Ordoñez, que dentro del sistema de fortificaciones formó parte de la defensa del litoral de la ciudad y fue destinado a la Batería de Santa Clara, ubicada en los terrenos que hoy ocupa el famosos Hotel Nacional.

Y por supuesto, surgió la pregunta, ¿Qué de particular tenía este cañón?

Pues bien, esto me hizo pensar que quizás podría haber un significativo grupo de personas que lo desconocieran, por lo que me sirvió de tema para la historia que a continuación les cuento.
Se consideró el cañón más grande del mundo en el siglo XIX y oficialmente hizo su último disparo un 13 de junio de 1898 durante la Guerra Hispano-cubana–norteamericana, aunque excepcionalmente hizo otro disparo, justo cien años después, cuando fue declarado Monumento Nacional el insigne Hotel Nacional de Cuba.

Según nuestra historia, posterior a la toma de la Habana por los ingleses, en 1762, el gobierno colonial español decidió adoptar algunas medidas defensivas con el fin de fortalecer lo que se consideró sitios vitales de la costa.

Esta medida motivó que fuera emplazado frente al mar, en un macizo rocoso que gozaba de una privilegiada posición, una contundente batería, durante el gobierno del teniente coronel Proscopio Basscourt, Conde de Santa Clara, en los terrenos de su propiedad, que le habían sido donados en 1797 al gobierno español.

Su relieve tipográfico le garantizaba la plena observación de  la costa de este a oeste, incluyendo la entrada del canal del puerto y una buena parte de la incipiente Villa, permitiéndole a la vez establecer comunicación y cruzar sus fuegos con otros puntos fortificados de la costa.

A mediados de 1850 este emplazamiento fue modernizado teniendo en consideración los nuevos proyectos de reinterpretación de las fortificaciones.

Con los parciales derribos de las murallas se construyen simultáneamente tres nuevas y poderosas  baterías: La Velasco, Las Animas y La Reina, esta última, ubicada en el actual Parque Maceo, con el objetivo de poder entrecruzar sus fuegos con la de Santa Clara y crear una sólida defensa por el este del litoral de la ciudad.

En el último tercio del siglo XIX, se decidió dotar a la ciudad de dos proyectos de artillería y de defensa, uno de ellos fue en la Batería de Santa Clara, a la cual se le hicieron diversas modificaciones a fin de obtener una mayor efectividad.

Los nuevos conceptos de la balística a partir de la segunda mitad del siglo XIX repercutieron en la Habana, lo que la llevó a contar con el sistema más completo que España tuvo en ese tiempo, y que se reflejó en el campo atrincherado de la línea costera habanera.

La Batería de Santa Clara y el resto de las baterías costeras fueron cubiertas con taludes de tierra para defenderse y protegerse del enemigo. De este modo se integraba al tercer y último sistema defensivo de la ciudad de la Habana.

Es entre 1895 y 1898 que se sitúa allí el famoso Ordóñez, inspirado en el cañón naval francés de 1870. Su constructor fue Salvador Ordóñez, de ahí su nombre, y se consideraba el cañón más grande existente en su época.

Era de 30.5 calibres, tenía 10 metros de longitud y 48.3 toneladas de peso, disparaba un proyectil de 380 kilogramos a 511 metros por segundo, con una carga de pólvora de 120 kilogramos. El modelo de 1892 al final tendría 35,1 calibres y el mismo peso de proyectil y carga de pólvora, pero su mayor longitud le proporcionaría, al tener rayado progresivo, 517 metros por segundo de velocidad, aunque nuevos datos afirman que pudo llegar hasta los 540.

A 2000 metros perforaba 45 centímetros de hierro forjado, el modelo definitivo de 1892 perforaría 48,5 centímetros.

El precio de un Ordoñez de 30,5; incluido el cañón, el montaje y 100 proyectiles, era de 144.000 pesetas.
Durante el bloqueo naval a la Habana, en junio de 1898, ejecutado en el transcurso de la guerra hispano-cubano-norteamericana, el Ordóñez disparó al crucero norteamericano Montgomery, según consta en la placa colocada por el historiador de la ciudad, Emilio Roig de Leuchsenring en 1956.

Con la firma del tratado de París el 10 de diciembre de 1898, el lugar donde se emplazaba la batería se convirtió en un cuartel hasta agosto de 1929, en que esa área fue otorgada por subasta a la compañía americana Purdy and Herderson, con el fin de  construir un hotel de lujo, el Nacional de Cuba.

De aquel emplazamiento actualmente quedan vestigios de dos cañones de largo alcance, el Krupp y el Ordóñez, ambos de extraordinario valor histórico.

En 1982 al declararse a la Habana Vieja Patrimonio de la humanidad por la UNESCO, se integró también al reconocimiento a su sistema de fortificaciones, y por ende, a los restos de la Batería de Santa Clara.

El Ordoñez es hoy admirado y fotografiado por miles de turistas, y en la imagen que cada cual logra se le puede apreciar majestuoso e imponente en el tiempo, como otro de los magníficos símbolos dignos de ser reverenciados en nuestra bella ciudad.

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imop/

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1 opinión en “El Cañón Ordoñez de La Habana

  1. Muy interesante el contenido del artículo, permite conocer detalles de la historia a nuestra juventud

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