El bosque de Teotoburgo donde dos imperios intentaron apoderarse del mundo

El bosque de Teotoburgo donde dos imperios intentaron apoderarse del mundo. Foto: https://ginapicart.wordpress.com/2019/06/22/el-bosque-de-teotoburgo-donde-dos-imperios-intentaron-apoderarse-del-mundo.

El bosque de Teotoburgo, junto con la Selva Negra, son dos de las regiones naturales más famosas de Alemania. En el caso de la Selva Negra, fue el escenario que escogió el gran dramaturgo inglés William Shakespeare para la batalla final en que el asesino del rey legítimo de Escocia y usurpador de su corona, perdió la vida abatido por las fuerzas del bien, un ejército de hombres camuflados tras ramas de arbustos. Así termina Macbeth, una de sus más estremecedoras tragedias. Tras la antigua leyenda en la que Shakespeare se basó para escribir su obra teatral se esconde una muy anterior, una legendaria Batalla de los Árboles, supuestamente ocurrida en tiempos prehistóricos, que dio lugar a mitos y leyendas de las culturas celtas y germánicas y hasta a un alfabeto, el Ogham o Beth-Luis-Nion que, según el acerbo cultural recogido en Irlanda por los monjes cristianos, era el conjunto de caracteres secretos usados por los druidas y los bardos. No es tan célebre como el alfabeto rúnico, pero existen estudios bastante detallados sobre él.

También los árboles juegan un papel esencial en la celebridad del bosque de Teotoburgo, no solo porque es un bosque magnífico, sino por lo que significó para la religión de los antiguos sajones, quienes rendían culto a un árbol gigante que representaba el eje conector del cielo con la tierra. Los escandinavos lo llamaron Ygdrassil, y los sajones, Irgminsul, y con él se relacionan muchos mitos y leyendas.

Los celtas y los germanos no edificaban templos. Usaban los construidos por pueblos neolíticos anteriores, como el celebérrimo círculo de piedras Stonehenge en Inglaterra, pero preferían adorar a sus dioses en medio de la naturaleza, por lo que los bosques eran siempre considerados lugares sagrados y morada de deidades. Los sajones creían que Teotoburgo era la morada de Irmingsul. Si lo fue, es posible que el árbol divino les prestara su ayuda, pues fue en una batalla que tuvo lugar allí en el año IX, cuando infligieron a las legiones romanas la más grande derrota sufrida por el Imperio más poderoso conocido por el mundo antiguo y lleva, por supuesto, el nombre de batalla de Teotoburgo. Yo no puedo narrar lo ocurrido mejor que los creadores de la estupenda revista digital española Los ojos de Hipatia:

Roma quería extender su frontera en el norte del río Rin al Elba, su relación con las tribus que vivían allí era pacífica en su mayor parte y poco a poco los germanos iban aceptando el modo de vida romano, en muchas ocasiones casi sin darse cuenta. Sin embargo, el nuevo gobernador de la región, Publio Quintilio Varo, un hombre conocido por su gusto por la vida acomodada y su simpleza, amenazaba con romper el equilibrio. Varo alteró el proceso de romanización con elevados impuestos y comportamientos abusivos, lo que creó un ambiente de resentimiento hacia Roma. Arminio, un líder de la tribu de los queruscos y aliado de Roma, organizó a escondidas de Varo una revuelta en contra del dominio romano con varios jefes tribales germanos. Arminio había servido durante al ejército romano como oficial de las tropas auxiliares y conocía a la perfección el funcionamiento de las legiones. Sabía que los romanos eran prácticamente invencibles en campo abierto, de modo que pensó otra estratagema para asestarles un duro golpe. Arminio, aprovechando su amistad con Varo, informó al gobernador de una revuelta en la región y le convenció para entrar en el espeso bosque de Teutoburgo. El romano, pensando que no sería nada grave, marchó hacia allí, con sus tres legiones y acompañado de los carros de la impedimenta y de cientos de civiles que asistirían al ejército. Actuaba como si no estuviera en guerra.

La batalla

El ejército romano se adentró en tierras desconocidas. El terreno por el que avanzaban era penoso. Un lodazal repleto de colinas, barrancos y pantanos y los senderos eran tan estrechos que no permitía avanzar más que en filas de dos. La columna medía casi dos kilómetros de largo y la mayoría de los legionarios no llevaban puestas ni sus armaduras ni cascos pues allí pesaban demasiado para moverse con soltura. La fuerza romana estaba compuesta por las legiones XVII, XVIII y XIX, más las tropas auxiliares y la caballería, en total, algo más de veinte mil soldados entre la infantería pesada, ligera y los jinetes. A eso había que sumar docenas de carros con la impedimenta necesaria, las piezas de artillería y el personal civil.

Los germanos apostados en los márgenes del bosque sumaban unos veinte mil guerreros dispuestos a lanzarse a la emboscada sobre la vanguardia romana que se acercaba a ellos. Los bárbaros dejaron caer troncos de árboles sobre los romanos y después atacaron con una lluvia de lanzas y flechas que diezmaron a la primera de las legiones que abrían la marcha. Los proyectiles germanos causaron una gran cantidad de bajas pues muchos legionarios carecían de armadura. Para cuando el resto de fuerzas quisieron reaccionar los germanos habían entablado un combate cuerpo a cuerpo al que los romanos no podían hacer frente pues en ese terreno no existía forma de desplegar sus formaciones de combate. Numonio Vala, el jefe de la caballería romana, aprovechó la confusión para huir con sus hombres, pero la caballería pesada germana le persiguió y le aniquiló. El destino de esas tres legiones quedó sellado en Teutoburgo. Varo, viéndose rodeado, se suicidó dejándose caer sobre su espada. Los bárbaros le decapitaron y enviaron su cabeza al emperador Augusto.

Los días siguientes transcurrieron con combates en las inmediaciones del campo de batalla, en los que los germanos terminaron de exterminar a los pocos soldados romanos que lograron escapar de la masacre de Teutoburgo.

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fny

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