Final de Juego de tronos: ¿la gran estafa…?
No imagino el número de los fans de la descomunal e inigualable serie televisiva Juego de tronos -de la que no hay que explicar nada porque sería como redundar sobre El señor de los anillos- que literalmente se habrán tirado de los pelos al descubrir cómo termina la octava temporada. En el reparto donde vivo he visto llorar a vecinos míos, entre quienes se cuenta, en un primerísimo lugar de indignación, mi propia hija, por las soluciones que fueron presentadas al final de la serie.
Se discute sobre eso en La Habana con la misma pasión que se enredan en virulentos combates verbales los aficionados a la pelota en Prado. La gente está disgustadísima con que nada menos que el inmaculado Jon Nieve, cuasi versión del purísimo sir Percival del Sabto Grial, haya asesinado alevosamente a su amada, la bella, pequeña, heroica, intrépida, leal, justiciera y magnífica Danaerys Targaryen de la Tormenta, Kaalessi, Madre de Dragones y Rompedora de Cadenas, señora de los Inmaculados y hacedora de todo el trabajo sucio de la serie para quitarle de encima a la Humanidad de los siete reinos la amenaza letal de los Caminantes Blancos y la peste viviente de la reina Cercei.
Siendo como somos los cubanos tan aficionados a emitir opiniones y juicios de valor sobre todo lo que en el mundo ha sido, es y será, porque no existe un cubano que no sea tan sabio por lo menos como Leonardo da Vinci y Einstein juntos, ya se han “escrito” en La Habana decenas de proyectos para el final que, a juicio de los entendidos telespectadores citadinos, debió tener Juego de Tronos. Lo que muchos no saben es que, con ligeras variantes, todos los proyectos tienen el mismo final feliz: Jon y Danaerys se casan y gobiernan juntos en Poniente; el Gnomo y Samsa, que en definitiva están casados, vuelven a vivir como un verdadero matrimonio y el Gnomo reina con ella en el Norte; Arya se casa con el bastardo Gendry Barathion; Jamie Lannyster se queda con lady Brienne, que en la vida real es una preciosa mujer glamorosísima, lo digo para quienes no lo sepan; Sam el Gordito, sabio y fiel amigo de Jon, es npmbrado su Mano; Gusano Gris y Missandei son los amigos más fieles de Jon y Danaerys y además, la pareja real los cubre de honores y fortuna; los dragones tienen pequeños dragoncitos y forman un ejército volante que asegura la tranquilidad en Poniente por los siguientes mil años, etc… Pero sucede que los guionistas -el autor no sé, porque no me he leído los libros- decidieron no ser tan predecibles y ahorrarle al mundo un final que hubiera sido un bote de melaza chorreante y que, además, una serie de semejante calibre no merecía.
Por una vez yo también tomé la decisión de no investigar el sentir internacional al respecto y escribir mi propia opinión sin contaminarla con ajenas. Nadie acepta que Danaerys, quien tenía unas intenciones magníficas para llevar la felicidad a la especie humana y hacer libres a todos los hombres, haya terminado montada en Drogo quemando a diestra y siniestra a justos y pecadores en Desembarco del Rey. Pero es que los espectadores no se acuerdan de que en toda la estirpe de los Targaryen parece haber habido solo dos individuos cuerdos: el Maestre de la Guardia de la Noche y el padre de Jon.
El resto fueron una banda mezcla de pirómanos y cretinos que querían quemar a todo el mundo y se creían dragones ellos mismos. Genéticamente, Danaerys nació con una caja de fósforos en las manos. El dolor por la decapitación de Missandei le desató la locura. ¿Había que matarla? Pero es que los espectadores no recuerdan que cuando Jon le preguntó qué pasaría con todas aquellas personas que no sabían que el proyecto de reinado de ella era el bueno, ella le respondió con un gesto apenas esbozado pero muy significativo: “No tienen opción”. ¿Tenía que matarla Jon, a quien ella amaba tanto que estaba dispuesta a compartir con él no solo su vida, sino su precioso y codiciado Trono de Hierro y su dragón? Bueno, pensemos: ¿y quién, además de Jon hubiera podido atravesar el cerco de protección de los inmaculados, quedarse a solas con ella y acercársele tanto como para clavarle una daga en el vientre…? Pero bien, ya está muerta: ¿No era Jon el rey verdadero, el Targaryen heredero de los siete reinos? ¿Cómo es que siendo un guerrero tan intrépido se deja quitar su corona? Porque nunca quiso ser rey y lo está repitiendo desde que empezó la serie: él solo quería ser un explorador en la Guardia de la Noche; está destrozado por haber tenido que asesinar a la mujer que ama y, sobre todo, los Inmaculados quieren su cabeza. Él sí que no tiene opción.
De cualquier manera, la sabiduría de su hermano Brandon el Tullido, el primero de su nombre, rey de los Ándalos y de los Primeros Hombres y Protector del Reino por la gracia de una asamblea de aristócratas donde hay unos cuantos idiotas, pero también unos cuantos inteligentes (en número mayor), deja a Jon libre y rey del Pueblo Libre que vive más allá del Muro, pues la Guardia de la Noche ya no existe, Brandon lo sabe, y cuando envía a Jon hacia el Castillo Negro, ya antes ha enviado allí a Tormund, el gigante pelirrojo que ha salvado a Jon tantas veces, y que lo está esperando con esa sabiduría sin pretensiones que es propia de los pueblos. Aún si no fuera más que por esa estratagema brillante que prueba la astucia y el sentido de justicia de Brandon, este merece ser rey más que nadie: ha sido una víctima inocentísima de los Lannyster, ha perdido a casi toda su familia de manera sangrienta, nunca conocerá el amor, el placer, ni podrá engendrar hijos, y para colmo tiene poderes mágicos, es un cambiaforma capaz de ver el futuro. Es verdad que durante las ocho temporadas tuvo una vida más bien en la sombra y que uno se preguntaba para qué estaba en la serie, pero bueno, esas vidas así, silenciosas, a veces están predestinadas a terminar brillando en la Luz con el mayor esplendor. Además, fíjense si es sabio este joven que se queda con una Mano y un Consejo excelentísimos, que van a solucionar todos los problemas del reino.
Lo que disgusta a los fans es que el final de la serie les ha jugado una mala pasada coronándose como Miss Impredecible, un poco como que se ha burlado de todas las predicciones, pero, si uno analiza las soluciones una por una y desde una postura racional sin apasionamientos, ve que las soluciones son geniales. Mi hija dice que no, que si Danaerys tenía que morir no había que humillarla con una muerte tan indigna de una gran reina, y ya tiene como 10 muertes imaginadas para su personaje favorito que se lo dejan mejor parado. Y reniega de los guionistas, del novelista y de Poniente entero. Se siente, como tantos otros, vilmente estafada.
Y ahora viene la segunda parte del problema, que se llama “Aquí no se ha dicho la última palabra”. Los observadores más sagaces predicen que Samsa, quien desde los primeros capítulos siempre dijo que lo que más ansiaba en la vida era ser reina, pronto no se conformará con Invernalia y querrá el trono de Brandon. Que Jon, pasado el tiempo y su pena, tampoco se conformará con vivir cubierto de pieles apestosas en medio de la nieve, expulsado de la civilización y sin tener contra quién combatir, puesto que el magnífico trabajo sucio de Danaerys ha dejado a Poniente sin enemigos; que Arya se ha hecho a la mar en busca de tierras desconocidas en un barco cuya bandera ostenta la imagen de un lobo huargo, emblema de los Stark, lo que quiere decir que la nave es de su propiedad, lo que quiere decir que siendo la asesina y aventurera que todos sabemos que es, no nacida para ser dama, se ha convertido en una pirata conquistadora. Entonces, lo que se desprende de todos estos finalitos abiertos es que… ¡Tiene que haber más temporadas con lo que harán ahora los personajes que el escritor y los perversos guionistas dejaron vivos, o nosotros, los fans habaneros de Juego de tronos, localizamos a Drogo y quemamos a todo el equipo de realización, para que aprendan que no hacen televisión para demostrar lo astutos que son, sino para complacernos a nosotros, los espectadores fieles que hemos estado años esperando por ellos, no faltaba más, qué sinvergüenzas…! ¡Que se los coman los Caminantes Blancos!
fny
