Outlander: historia, arte, cultura y momentos para no olvidar

Outlander: historia, arte, cultura y momentos para no olvidar. Foto: https://articulo.mercadolibre.com.ar.

Para ciertos lectores no tan bien intencionados de mi blog, que los hay, como pude comprobar cuando apoyé los intentos desesperados de Catalunya por separarse de España, parecerá que soy una fanática compulsiva de las independencias si confieso que en los días en que se debatía la separación de Escocia de Inglaterra, yo esperaba con ansias la noticia del SÍ de los escoceses. Lamento profundamente que no haya ocurrido, aunque comprendo que este momento de la historia del mundo no es el más indicado para separaciones de dejan vulnerable a alguna de las partes o a ambas. Pero sucede que ciertas profesiones, aunque no hayan quedado más que en vocaciones alimentadas de modo autodidacta, marcan la personalidad de un modo extraño: cuando se ha estudiado la Historia de la Humanidad se tiene una conciencia demasiado clara de esos matrimonios forzosos impuestos por los imperios y los reinos fuertes a otros más débiles, con culturas muy disímiles, pueblos muy disímiles, ansias muy diferentes. El espíritu inglés es muy fuerte, siempre lo ha sido, desde los tiempos en que la reina Boudica se enfrentaba a los romanos, y yo lo amo, pero también amo el espíritu celta de Irlanda y Escocia, tan brillante, tan vivo, y cuando paso revista a la nómina del arte de Inglaterra en todas sus manifestaciones y vuelvo a constatar que casi todo lo que vale en ese territorio de la condición humana tiene sangre irlandesa o escocesa, me digo que mi amor por el espíritu celta es legítimo, es bueno y es fuerte, y yo tengo derecho a sentirlo.

Por eso me gusta Outlander, esa serie que recurre una vez más, cuando ya uno cree que no queda tela por donde cortar, a la temática de los viajes en el tiempo, para llevarnos desde 1945 a una Escocia que en pleno siglo XVIII se debate frenética en un intento por sacudirse las cadenas con que la ha embridado el Imperio Británico.

Cuando se ha ejercido la crítica de arte se vuelve casi imposible ser un espectador ingenuo. Uno desarrolla lo que se podría llamar, con licencia de José Martí, el ojo fétido, de manera que muchos detalles, errores, pifias, técnicas mal usadas, actuaciones pobres y fallos de dirección saltan a la vista y le roban al espectador no ingenuo una buena parte de su goce estético. Outlander, tiene clichés, ¿qué se ganaría con negarlo?, y para mí el primero fue el modo en que se llevó a cabo en el primer capítulo el cambio de tiempos de la protagonista, la actriz y modelo irlandesa Caitriona Balfe, quien impersona a la sargento-enfermera del ejército inglés Claire Randall. Al terminar la Segunda Guerra Mundial, ella viaja con su esposo a la ciudad escocesa de Inverness para tener una segunda luna de miel que les permita reconectar su relación truncada por la guerra, pero es llevada a través de un círculo mágico de piedras a la Escocia del siglo XVIII, unos pocos años antes de la batalla de Culloden, donde los clanes escoceses cargaron prácticamente desarmados contra el ejército inglés equipado con cañones y fueron masacrados. Los escoceses perdieron más de 2 000 hombres en menos de una hora y, como se repite siempre en la serie, allí murió la cultura de las Highlands o tierras altas de Escocia, la tierra montañosa donde el pasado celta conservaba todavía su pureza.

Escena rodada en el Highland Folk Museum. Foto: http://undercine.com/la-serie-outlander-escocia-donde-se-rodo.
Escena de la serie rodada en el Highland Folk Museum.

Y ese no es el único cliché que me ha parecido detectar en los capítulos que he visto hasta ahora, pero… ¡Cuántas compensaciones! Solo tener la oportunidad de disfrutar tan largamente la vista de los maravillosos paisajes escoceses es ya un premio, pues para los cubanos Escocia es algo casi desconocido, una tierra de más allá podría decirse. En verdad es como una tierra de hadas, de esas banshees de la mitología celta que danzan envueltas en una crisálida de luz, bailan junto a las piedras sagradas y cambian de forma para engañar a los humanos. El casting de la serie es excelente, no hay un solo personaje fuera de lugar, y algunos me han sorprendido muchísimo, como el inglés Tobias Menzies, a quien conocimos en Cuba por su personaje del simplón lord Edmure, hermano menor de Catelyn Stark en Juego de tronos. En Outlander Menzies interpreta dos personajes: Frank Randall, militar experto en espionaje del M-16 y elegante esposo de Claire, académico, historiador aficionado, hombre firme pero amante de su esposa, lúcido, comprensivo y tierno a la manera inglesa, que no se parece nada a la idea de ternura que existe entre otros pueblos de sangre más ardorosa; y el capitán Jonathan Randall, su antepasado, también llamado Jack el Negro por su crueldad extrema con los escoceses, un ser siniestro y oscuro, feroz, sádico, perverso y brutal. Aunque el actor conserva algunos tics faciales en ambos personajes logra el desdoblamiento. Caitriona Balfe no me sorprende: es la típica heroína casi etérea de una serie como esta, y si yo hubiera sido la responsable del casting también la habría escogido a ella. Es una actriz de muchos recursos expresivos que le han valido varios premios por su papel en la serie. Su partenaire, el escocés Sam Heugham, encarna, en mi opinión con absoluta magnificencia, el personaje de Jaimie Frazer, joven jefe del clan Frazer, guerrero a quien obligan a casarse con Claire poco después que esta ha hecho su misteriosa aparición entre los escoceses del pasado. Los dos son auténticos exponentes étnicos de sus pueblos: traslúcida en su levedad la irlandesa Balfe y fuerte y monumental el escocés, hombre de una belleza como diríamos en La Habana: “¡fuera de liga!”. Los escoceses de la serie son todos por igual ejemplares auténticos de su raza, y entre ellos destaca la tremenda personalidad del actor escocés Graham McTavish (Dougal, tío de Jaimie), y la regia caracterización de Duncan Lacroix (Murtagh Fraser, padrino de Jaimie, quien por cierto es inglés). En el casting se cuidó mucho, según puedo ver, la fisiología de los distintos grupos raciales que intervienen en la historia, incluidos los franceses.

Me sorprendió muy agradablemente la presencia de la actriz holandesa Lotte Veerbek, a quien ya conocemos en Cuba por su actuación impactante en ese filme extraño y enigmático que es Nada personal. En Outlander ella hace el papel de Geillis Duncan, una mujer entendida en hierbas que hace amistad con Claire, a quien termina revelándole que también es una viajera del tiempo y viene de 1968, y yo presumo, aunque no se dice ni se insinúa en ningún momento, que ya que aquel año estuvo marcado en casi todo el mundo por luchas de independencia y reivindicaciones de derechos humanos, se trata de una militante del moderno nacionalismo escocés que ha viajado al pasado para intentar cambiar el curso de la historia de su patria en contra de Inglaterra. Geillis intentaba restaurar en el trono escocés a la casa real descendiente de la reina católica María Estuardo. Quienes hayan visto la serie Reinado, sobre la vida de la hermosa y desdichada princesa desposeída de su trono y que, tras diecinueve años de cautiverio, murió en La Torre de Londres decapitada por órdenes de su prima Isabel de Inglaterra, comprenderán que no estamos solo ante una serie televisiva de carácter histórico, sino también político y religioso, lo que la hace muy polémica, tanto que se estrenó en Inglaterra mucho después que en otros países, porque su lanzamiento hubiera coincidido con la agitación del referendo escocés. El Primer Ministro del Reino Unido, Tony Blair, solicitó personalmente a las casas productoras que no lanzasen Outlander en aquel momento, y desde luego, dando muestra de un sprit de corps muy inglés, ninguna lo hizo.

Como uno de los principales valores de esta serie hay que señalar la dramaturgia, que aun siguiendo una pauta incómoda para el espectador, donde se cruzan constantemente los dos tiempos involucrados en la historia, mantiene una dinámica y un suspenso impecables, al tiempo que permite al guión hacer cambios en la perspectiva de las voces narrativas, lo que confiere gran flexibilidad a la acción, en dependencia del punto de vista que se imponga en cada fase de la trama.

Las reconstrucciones de época, tanto la de Inverness en 1945 como las de Escocia y Francia (esta última tal vez menos) en el siglo XVIII son muy fieles y resultan de una enorme riqueza visual. La época está muy bien representada y el espectador puede conocer con poco margen de diferencias cómo eran los castillos escoceses de los jefes de clanes, una vida que murió en la batalla de Culloden, por lo que nunca más ha podido ser vista en su verdadero esplendor. Es posible que a París le falte la tremenda suciedad que la caracterizaba en aquella época y no se hayan logrado “disfrazar” convenientemente las áreas urbanas donde se filmó. Las tomas interiores de Versalles, o al menos algunas de ellas, fueron hechas en la famosa Biblioteca de Praga, pero como París no es de mi interés esos detalles no mermaron mi goce estético.

Midhope Castle, castillo pequeño y deshabitado, próximo a Edimburgo. Foto: http://undercine.com/la-serie-outlander-escocia-donde-se-rodo.
Midhope Castle, castillo pequeño y deshabitado, próximo a Edimburgo.

Todos los interiores filmados en Escocia tienen el aura de óleos antiguos, la semipenumbra rota de pronto por un brote radiante de luz que penetra por una ventana, la lentitud del movimiento grave que ejecutan casi siempre los personajes como una danza ceremonial, el gaélico escocés áspero como pedriscos que hablan intensamente los personajes en algunas ocasiones, las costumbres cuidadosamente reproducidas, la danza de las druidesas y la música, compuesta por el compositor estadounidense Bear McCreary —graduado de la prestigiosa USC Thornton School of Music de California— para instrumentos antiguos típicos de Escocia y las naciones celtas, como la flauta penny wissel y las gaitas, violines, acordeón y bodhrán (un tipo de tambor propio de la  sonoridad celta), e interpretadas por Raya Yarbrough, su esposa y también compositora. Quien haya escuchado música celta, en especial irlandesa, sabe cuán profundamente puede conmover la sensibilidad con su tristeza un poco misteriosa, su lamento, su misticismo. El tema que fondea los créditos se titula Skye boat song, una canción folk escocesa, y la banda sonora contiene otros temas también tradicionales como An fhideag airgid o los cánticos que entonan unas mujeres mientras trabajan la lana. Pero sin pretender que no importa la calidad de voz de quien cante estas canciones, me atrevo a firmar que cualquiera fuere su intérprete, mientras respete el modo de cantar de las naciones celtas nos conmoverá de igual modo, porque es la combinación de los instrumentos con la melodía y las extrañas modulaciones de la voz lo que hace de esa música un universo sonoro estremecedor y único. Sobre Skve boat song ha dicho McCreary:

Siempre he adorado esta pieza, y sentí que la conexión de su letra con el levantamiento jacobita podía hacerla perfecta para esta serie. Me esforcé en usar la letra de Sir H. Boulton. Afortunadamente, la vocalista Raya Yarbrough recordó otra letra, escrita por Robert Louis Stevenson. Esta resultó mucho más adecuada para la historia de Claire, y más aún tras alterar algunas palabras para que cuadrase con el género femenino de quien representaba.

Ron Moore y yo originalmente teníamos previsto usar una canción instrumental para la apertura de la serie. En realidad nunca antes he compuesto un tema principal que tuviera letra, así que no se me había ocurrido. Después de experimentar un poco en mi estudio, decidí llevar a Raya para ver cómo sonaría con letra. Inmediatamente, me di cuenta que su calidad vocal, única y atemporal, aportaría algo especial a Outlander, y Ron Moore y los demás productores estuvieron de inmediato de acuerdo.

Para dar una idea al lector de la seriedad y el rigor histórico con que está hecha esta serie, reproduzco otras interesantísimas reflexiones de McCreary, esta vez sobre una de las escenas más fascinantes y hermosas de la serie: la danza de las druidesas en el cairn o círculo de piedras:

No tenía ni idea de qué tipo de música podría haber sobrevivido desde los tiempos de los druidas, así que llamé a mi historiador musical permanente, Adam Knight Gilbert. Adam es increíblemente experto, y sabía que podía contar con él para ayudarme a hacer el mundo musical de Outlander lo más auténtico posible.

Él me informó lo que yo ya sospechaba: la música de los druidas no ha sobrevivido, y gran parte de la música que la gente asocia con ellos actualmente, se basa en la mitología construida por la cultura pop, sin ningún tipo de exactitud, por tanto. Sin ningún material que aprovechar, decidí entonces adaptar la lírica más antigua que pudiera encontrar perteneciente a la región. Adam encontró unas cuantas piezas y elegí la que yo sentí casaba mejor con la escena, la primera estrofa de un poema llamado Duan Na Muthairn, o “Runa de la Muthairn.” Los versos fueron extraídos de una colección de Alexander Carmichael llamada Carmina Galedica, publicada en 1900, que estuvo a la vanguardia del movimiento de renacimiento gaélico durante esos años.

Rey de la luna,
Rey de sol,
Rey de los planetas,
Rey de las estrellas,
Rey del mundo,
Oh Rey del cielo,
Oh! precioso tu rostro,
Tu haz bello.

Para la música, he compuesto un tema original, en base a este texto. Lo escribí en modo dórico, escala que empleo con frecuencia para esta serie por su sabor a “viejo mundo”, y sus elegantes armonías implícitas. Debajo de la melodía, compuse una progresión armónica claramente moderna para dar al tema una calidad de otro mundo. Así fuí llegando poco a poco al tema de las piedras.

La secuencia comienza con un ostinato simple en el arpa celta, sobre un lecho de cuerdas orquestales inquietante. Luego, dos voces femeninas entran, cantando el tema en armonía (todas las voces para esta secuencia cuentan con la voz de Raya Yarbrough por encima). A medida que la escena avanza, he añadido nuevas capas de la voz de Raya, expandiendo la instrumentación en la percusión, junto al violín escocés y una exuberante orquesta de cuerda. La escena es el sueño de cualquier compositor, pues cuenta con magníficos efectos visuales, grandes emociones y ningún tipo de diálogo que compita con la música. Componer esta escena ha sido uno de los mejores momentos de la serie hasta el momento, y me permitió escribir un tema que dará sus frutos en el futuro de una manera interesante.

Toca mencionar la tremenda secuencia de tortura y sodomización de Jaimie cautivo del capitán Randall, un psicópata sadomasoquista. Son escenas muy fuertes, pero no para nosotros los cubanos, que ya hemos visto Verde verde, de Enrique Pineda Barnet, y el sadomasoquismo criminal en una relación homoerótica no tiene, creo, mucho más que revelarnos. No sé si en las temporadas que aún no he visto haya más de lo mismo. No es agradable, pero me atrevo a decir que tampoco es una realización burda, pues se han cuidado mucho los matices, las interpretaciones, la fotografía y las composiciones de escenas, y el resultado es arte, aunque muchos se pronuncien por considerarlo pornográfico.

Como ocurre con la serie Juego de tronos, también Outlander es una adaptación de varios libros, en esta ocasión de la escritora estadounidense de origen mexicano Diana Gabaldón, amiga del autor de Juego… Gabaldón desarrolla tramas donde mezcla la ficción histórica, la novela romántica, el misterio, la aventura y la fantasía. Outlander es la adaptación de su saga Forastera, que cuenta con las siguientes novelas: Forastera (1991).(La saga de Claire Randall,1); Atrapada en el Tiempo (1992).(La saga de Claire Randall, 2); Viajera (1994).(La saga de Claire Randall,3); Tambores de Otoño (1997) .(La saga de Claire Randall,4); The Outlandish Companion (1999), una guía para la serie de libros que complementa la historia con una mejor descripción de los personajes, mapas, sinopsis y demás; La Cruz Ardiente (2001).(La saga de Claire Randall,5); Viento y Ceniza (2005).(La saga de Claire Randall,6); Ecos del Pasado (2009).(La saga de Claire Randall,7), y The Exile –An Outlander Graphic Novel (2010). Tiene otra saga, Lord John, que no ha sido adaptada.

Outlander, como Los Borgia, La reina blanca, La princesa Blanca, Los Tudor, La corona, Isabel, Espartaco y Britannia, entre otras series históricas que no me vienen a la mente ahora mismo, son ejemplos maravillosos de cuán necesaria resulta la cultura en un escritor, un cineasta, y en general para cualquier manifestación artística. En el mundo de la creación no se puede improvisar, y el escritor que no domina sus imaginarios no pasará de componer un bodrio vergonzoso. Habrá quien saque a colación el caso de William Faulkner y alegue que fue un escritor sin cultura, y yo respondo: Faulkner escribió sobre el Sur de los Estados Unidos, un universo cultural absolutamente propio y separado del resto de Norteamérica que era el suyo, ¿y quién lo retrató mejor? También hay que desechar de una vez por todas la idea, tan clavada en las mentalidades de mucha gente, de que la televisión no es arte, porque las series están demostrando que el arte está donde se quiere que esté. Es cosa de intención, pero sobre todo de sensibilidad y, lo repetimos, de cultura. En última instancia de recursos.

Una última aclaración: los viajes en el tiempo son un tema común a la ciencia ficción y al género fantástico, y su naturaleza depende de cómo se le maneje. En el caso de Outlander la mera mención a la ubicación de un umbral en un círculo de piedras neolítico donde danzan druidesas decide el tema por el lado de la fantasía. Lo contrario sería el tratamiento que se le da en la serie alemana Dark, donde las constantes menciones a paradojas científicas, mutaciones causadas por las radiaciones de una planta nuclear y la cita constante de todo un catálogo de datos científicos define la serie como abierta y únicamente de ciencia ficción. Y ya solo queda que me despida hasta la ¡¡próxima temporada, que saldrá en 2020 y probablemente no será la última. ¡Suerte, highlanders!

fny

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