Buscando el ADN de Leonardo de Vinci

Buscando el ADN de Leonardo de Vinci. Foto: httpinfomercury.medios.com.ar.
El italiano Leonardo de Vinci, considerado el más grande genio del Renacimiento, fue un completo exponente del Humanismo: pintor, dibujante, anatomista, experto en plantas, ingeniero militar, arquitecto, inventor, músico (gozaba fama de ser el mejor tañedor de lira de su época), fue también un pensador y un observador profundo de la naturaleza humana.
Todas estas virtudes o dones que le concedió la naturaleza le fueron reconocidas por sus contemporáneos y hoy se le venera como al mejor exponente de la raza humana en todos los tiempos. Sin embargo, los miles de turistas y admiradores que visitan su tumba cada año no tienen la certeza de rendir homenaje a los verdaderos restos del Maestro. Este destino final de oscuridad y ambigüedad lo comparte Leonardo con muchas figuras del arte, la política y la ciencia, entre quienes se cuentan Cristóbal Colón, Gran Almirante de la Mar Océana y Descubridor del Nuevo Mundo y, en nuestra isla, Julián del Casal, poeta que fue, junto con José Martí y Rubén Darío, fundador del movimiento modernista.
Leonardo tuvo una vida accidentada. Hijo de un oscuro notario florentino y una campesina, vivió como bastardo hasta la edad de siete años, en que su padre lo tomó bajo su cuidado para llenar la falta de una descendencia legítima. A los 17 años entró como aprendiz en el taller del gran pintor Verrocchio, donde no tardó en destacarse con sus primeros lienzos. Sirvió a los Medici, señores de Florencia, a los poderosos Este de Mantua, al Papa León X, y a otras poderosas familias italianas. Por paradójico que pueda parecer, sus inventos, entre los que se cuentan los primeros prototipos del avión y el submarino, sus descubrimientos anatómicos y de física y hasta sus más grandes creaciones artísticas, no le valieron tanto el favor de los grandes duques como su prodigiosa habilidad para crear artilugios capaces de deslumbrar, divertir y dar lustre a las fastuosas fiestas que estos señores gustaban celebrar. Por esa habilidad fue más apreciado en las cortes italianas del Renacimiento que por su maestría como pintor. Aún en nuestros días sigue siendo el hombre que pintó el cuadro más hermoso y más famoso de la historia del arte: el retrato de Mona Lisa Gioconda, un cuadro que a través del tiempo conserva una magia que no ha podido ser superada jamás.
Sin embargo, ya anciano, Leonardo sufrió el rechazo de los altos dignatarios de la corte papal y hasta la del Papa mismo, y estuvo en peligro de morir, como tantos grandes artistas, olvidado y en la miseria. Pero en Francia se conocía su trabajo y el rey Francisco I lo invitó a su corte, donde el genio pudo brillar en todo su esplendor, respetado y admirado por todos. Llegó a gozar de la amistad personal del monarca, quien le entregó para que fuera su morada y lugar de trabajo el pequeño Castillo de Clos-Lucé, una mansión situada cerca del castillo de Amboise, en las orillas del Loira, y además ordenó construir un pasaje subterráneo que comunicara los dos edificios para poder visitar a Leonardo siempre que fuera su deseo. Leonardo vivió y trabajó allí desde 1516 hasta su muerte, ocurrida el 2 de mayo de 1519, según se cree por causa de una enfermedad cerebro-vascular que le provocaba desmayos y caídas, durante una de las cuales se habría lastimado su mano derecha, lo que fue, posiblemente, la causa de la parálisis que le impidió seguir pintando y terminar su retrato de Mona Lisa.
Y aquí es donde comienza el misterio. Según testimonio de su discípulo Francisco Melzi, quien lo acompañó en esos últimos años de su vida, Leonardo expresó su deseo de ser sepultado en la capilla de San Huberto, ubicada en el perímetro del castillo. Era un pequeño edificio de estilo gótico en cuya fachada estaban representadas escenas de caza, pues Huberto es el santo patrono de los cazadores. Pero alrededor de 1540, mientras se desarrollaba la larga y sangrienta guerra entre los católicos y los protestantes franceses, llamados hugonotes, el templo fue dañado y existe la posibilidad de que la tumba de Leonardo fuera saqueada entonces. Por si fuera poco, tras la Revolución que llevó al cadalso a Luis XVI y su reina María Antonieta, un senador republicano, nuevo dueño de Amboise, hizo derruir las partes del castillo que estaban en ruinas, entre ellas la capilla de San Huberto. ¿Qué quedó de los restos mortales de Leonardo de Vinci? Excavaciones realizadas en el lugar a mediados del siglo XIX encontraron un esqueleto y algunas monedas del tiempo de Francisco I. Supuestamente son los despojos del mayor genio de la Humanidad.
Pero los italianos no se han conformado y han creado lo que se conoce como El Proyecto Leonardo, que busca ADN del Maestro para compararlo con el de sus familiares y definir si ciertamente se trata de su osamenta. Parece que las tumbas de los padres y hermanos de Leonardo se conservan en Italia y han tenido mucha mejor suerte de la del artista. Otro fin perseguido por el Proyecto es llevar de regreso a Italia el cráneo del artista para someterlo a estudios antropométricos que permitan reconstruir el aspecto que tuvo en vida, además de realizar investigaciones sobre su genialidad.
Los especialistas que integran el proyecto se proponen conseguir el ADN de Leonardo de la flora microbiana que encuentren en sus pinturas y cuadernos, o sea, restos de cabellos, saliva, sudor, sangre o piel incrustados en los lienzos, los pigmentos y las páginas de su escritura. La coincidencia de este ADN con el obtenido de los panteones familiares sería la prueba decisiva sobre si Leonardo está verdaderamente sepultado en la tumba que se le atribuye en la capilla de San Huberto. Pese a la negativa inicial de las autoridades francesas a entregar los restos de Leonardo, se prevé que la investigación, cuyo punto de partida ha sido la restauración del cuadro La adoración de los magos, llegue a su fin en 2019, año en que se cumple el quinto centenario de la muerte del genio italiano.
Estaríamos ante una de las mayores paradojas de la historia del arte si Mona Lisa, sobre cuya enigmática identidad se han construido las teorías más increíbles, entre ellas la de que se trata del retrato de un efebo o de un autorretrato de Leonardo, fuera quien suministrara a la ciencia las muestras necesarias del ADN del Maestro, y ayudara así a establecer la verdadera apariencia del hombre que la inmortalizó salvando su rostro bellísimo y su extraña sonrisa para la eternidad.
fny
Compartir...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *