Barrio Los Pocitos opta por cumplir los objetivos de desarrollo sostenible

Iniciativas comunitarias apuestan por el Desarrollo Sostenible en Los Pocitos, Marianao. La Habana-foto_ Adriana Castillo

A Samir le preocupa la contaminación del río. Quiere adoptar un árbol porque no tiene ninguno. “De aguacate”, piensa, y se frota las manos como quien planea un proyecto. Lo sembrará en el patio que mira al Quibú. Desde otras partes de “Los Pocitos” también se ve el río. Le da la vuelta a las casas que descienden en escalera.

Samir conversa, canta, pregunta. Tiene siete años, tres hermanos y un amigo que le acompaña a caminar por la pendiente empinada de las calles. Estamos en la continuidad de la calle 71, en el municipio Marianao. La comunidad se ha extendido hasta el límite con las aguas. El verde de las plantas se levanta como una pared que encierra la ciudadela emergente.

El proyecto Akokán ha dibujado rostros, símbolos, animales y colores en las viviendas. Tercer Paraíso acoge por primera vez un espacio como Zona Rayo Activa fuera del Barrio Chino, en el que galerías de arte, instituciones y prácticas comunitarias de diverso tipo se unen para brindar al barrio una mirada diferente de su realidad.

A esta acción se suman La granjita feliz, Protección de animales de la ciudad, Insurgentes, Vitrina de Valonia, Arte Continua, la Campaña Evoluciona o La muñeca negra. Llegan para entrelazar experiencias relacionadas con el arte y la innovación social por la necesidad de cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Ha sido la manera de visibilizar un lugar, callado por su lejanía y condiciones socioeconómicas; de atraer a personas desde diversas partes de la urbe. Mientras, la vecindad se reúne a escuchar “historias de pataquíes”, a arroyar detrás de la comparsa de los zancos, a interiorizar que “el acoso te atrasa”, a esperar una caricatura o por un pelado de Arte Corte.

A pesar de observar cada iniciativa, Samir insiste en que le regalen la bolsa con la postura. Promete cuidarla y busca a su madre, que se pierde entre las personas con la planta.

No va a permitir que la corten, aunque demore en crecer. “Ponerle un nombre le hará ser partícipe de su crecimiento. Cuando el árbol es tuyo eres su cómplice. Plantar un árbol es un gesto de revolución”, indican los representantes de Mano Verde; el proyecto que posee más de 300 posturas y, que en esta ocasión, trajo mango, mamey, guanábana, tamarindo y aguacate para que queden en este sitio.

imop/

 

 

 

 

 

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