Diego Grillo, un pirata habanero (Parte II)
No existe evidencia alguna de la forma en que este personaje logra aliarse a uno de los más grandes y conocidos piratas de la historia, Cornelio Jols, el terrible “Pata de Palo”, con quien en 1603 ataca las dos naves del capitán español Juan de Montesinos en Puerto Cabello, en el golfo de Honduras.
Juntos comenzarán una sangrienta etapa en la que asaltan navíos españoles, sin interés alguno de hacer esclavos, ya que masacraban a todos sus tripulantes y pasajeros. Su reputación va en aumento y llegan incluso a capturar un convoy con once naves, lo que sin dudas hubiese sido motivo de retiro para entregarse al disfrute de las inmensas riquezas conquistadas, pero no ocurrió así.
En 1607, independizado ya del pirata Cornelio Jols y al mando de diez “urcas”, Grillo fracasa en su intento de apoderarse de un gran convoy frente a las costas de Nicaragua, pero nuestro personaje no era de los que se amilanaban fácilmente y meses después captura una agrupación española de once naves, dirigidas por Pedro de Escobar.
En 1619, con más de 60 años realizó lo que a todas luces parece ser su última acción reconocida, al capturar seis fragatas españolas frente a las costas de Nuevitas cargadas de oro, lo que lo hace aún más rico.
Luego de esta operación no hay coincidencia entre los historiadores de cuál fue su destino final, pero la mayoría lo sitúa en Inglaterra, disfrutando la fortuna acumulada hasta sus últimos días.
No obstante la historia refleja que a pesar de su fama como terrible y sanguinario hombre, también mostró rasgos de sensibilidad, sobre todo con las mujeres, a quienes en la mayoría de los casos trataba como todo un caballero inglés.
Existe una anécdota de lo acontecido con la viuda del Gobernador de Campeche, Doña Isabel de Caraveo, que después de haber arrasado aquella villa y para evitar los agravios a que estaría expuesta tan noble dama por los demás piratas, Diego le colocó una guardia personal con un cuidado especial y la puso en tierra sana y salva, cerca de Campeche.
En sus repetidos acosos a La Habana cada vez que la asaltaba aprovechaba para visitar a su anciana madre, que ya no era esclava, y también acariciar el recuerdo o el físico de alguna criolla bien plantada, como dirían algunos.
De su historia no constan muchas referencias actuales, solo nos queda la existencia de un “Cayo de Diego” en la costa norte de Pinar del Río y un centro nocturno en Cayo Largo del Sur que lleva su nombre.
Hoy no podemos negar que el estudio de este personaje tenga su hechizo y que casi nadie le conozca a plenitud, pero tampoco podemos cuestionar el hecho de que forma parte también de la historia de una Habana que ya tiene 500 años.
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