Hotel La Reguladora, un refugio de tabaqueros (I PARTE)
Cuando por primera vez leí, al azar, sobre el Hotel La Reguladora, confieso que realmente no conocía nada acerca de su historia, pero al indagar entre mi círculo de amistades me percaté que les sucedía prácticamente lo mismo, a pesar de haber sido este uno de los hoteles más antiguos del país y que hoy, por supuesto, ya no existe como tal.
Quizás su nombre no nos diga mucho, además de que no parece lo suficientemente comercial para una instalación de este tipo, sin embargo pudo progresar como negocio, ubicado en la calle Amistad, donde lo separaban escasas cuadras de la Compañía de Teléfonos, los parques Central y de la Fraternidad, los teatros Campoamor y Payret, así como de otras instalaciones hoteleras como el New York, el Bristol, el Regina y el Roosevelt, por sólo citar algunos.
Es muy probable que su mayor encanto o atracción radicara más en su muy exclusivo restaurante, que concebido para obreros tabacaleros, fue siempre el preferido por los grandes empresarios del gremio en el país.
De hecho su historia está muy relacionada con la de la industria dedicada a esta actividad, tanto que llegaría a ser conocido como “La Lonja del Tabaco en Cuba”.
La manzana comprendida entre las calles Amistad, Industria, Dragones y Barcelona era eminentemente tabacalera por la existencia en ella de un sinnúmero de fábricas dedicadas a esta labor, lo que había resultado del auge que esta industria adquirió a la par que la azucarera, motivado por el decrecimiento de la producción de café en esa época.
Se cuenta que la inmensa mayoría de esos obreros eran asturianos y acostumbraban almorzar en una fonda que había entre las calles Zanja y Dragones, propiedad de un paisano, así como en otras similares, igualmente cercanas, pero la relación precio comida les resultaba muy poco económica y dejaba muchísimo que desear, por lo que, en 1879, esos hombres, dedicados a la honrosa labor de elaboración de tabacos, decidieron fundar una sociedad que les permitiera, además de socializar, contar con una oferta de comida adecuada a sus necesidades y posibilidades, así como con un digno y buen servicio. De esta forma surgió La Reguladora, nombre dado a la sociedad y al establecimiento, con la indicación y el fin primordial de sus fundadores de ofrecer precios regulares para los alimentos que necesitaban sus afiliados.
El aporte inicial de cada asociado fue de $5.00 y la primera gestión de la sociedad fue la compra de un local frente a su edificio, lugar donde posteriormente naciera el prestigioso Hotel Restaurant La Reguladora, que sirviera para ofrecer servicios de excelencia a los numerosos asociados de la creciente industria tabacalera habanera. Más detalles del inusual lugar le ofreceremos en un próximo trabajo.
imop/
