En La Habana: «La hora de los mameyes»

En Cuba el surgimiento de algunas frases populares tiene su origen en determinados hechos que, por diversas razones, han estado ligados a la vida social, económica, o política del país.

Una muy célebre, que está por cumplir 257 años y por tanto ha trascendido hasta nuestros días, fue: “Llegó la hora de los mameyes”.

Pero, ¿sabe usted amigo lector cómo se produjo su nacimiento?. Pues bien, aunque muchos lo deben conocer, le cuento que esa frase es utilizada para anunciar la llegada del momento de la verdad o el de darle el frente a una situación sumamente compleja.

Su origen se ubica a mediados del siglo XVIII, momentos en que las controversias  entre las potencias europeas estaban en pleno apogeo, ya que continuamente cada una pretendía y necesitaba demostrar su poderío.

Nuestro país se ve envuelto indirectamente en estos acontecimientos, que conllevan a la toma de la Habana por los ingleses durante el periodo comprendido entre el 6 de junio y el 13 de agosto de 1762.

Como antecedente vale mencionar como  ejemplo el hecho de que el tercer Pacto de Familia, concertado en París el 26 de agosto de 1761 por Luis XIV de Francia y Carlos III de España, condujo a que Inglaterra le declarara la guerra a España un año después, y es justo ese el momento en que los británicos, atraídos por el jugoso comercio con América, deciden apoderarse de La Habana.

El heroísmo y la combatividad de los criollos en defensa de sus terruños, se mantuvo vivo durante los once meses que duró la ocupación de la zona occidental de la Isla.

Los pobladores de la villa eran rebeldes y corajudos, recordemos la épica resistencia de Pepe Antonio en el poblado de Guanabacoa, y en su inmensa mayoría rechazaban la presencia británica en nuestra ciudad, lo que motivaba constantes burlas a sus tropas con frases capciosas propias del cubano, en las que nunca faltaba nuestro característico doble sentido.

Es entonces que el conde de Albemarle, comandante en jefe de las fuerzas inglesas, implanta  un toque de queda al caer la tarde, o cuando sin previo aviso se le ocurría, con el fin de evitar posibles enfrentamientos y a la vez proteger sus propios intereses.

Con esta medida solamente permitía transitar por la ciudad a los militares ingleses o alguna persona natural autorizada, por consiguiente a esa hora se inundaban las calles de soldados que llevaban las casacas de sus uniformes rojos, con una tonalidad similar al color del mamey.

Por tal razón las tropas del ejército inglés fueron bautizadas por el pueblo con el apelativo de los “mameyes” y cuando andaban en grupos o anunciaban el toque de queda, se propagó la célebre frase “llegó la hora de los mameyes”.

Hay quienes afirman que ese color era para encubrir la sangre de heridas, con el objetivo de hacerle creer a sus adversarios que eran soldados inmortales.

Como dato adicional le cuento que los ingleses llegaron hasta el Mariel y Matanzas, pero hubo otros asentamientos como el de Santa Cruz del Norte que nunca fue conquistado, y como expresa el historiador Ángel Ribot, “los vecinos de los ríos que desembocaban al norte, defendieron fervientemente las patrias chicas”.

Así que ya saben amigos míos, cuando tengamos que enfrentar una difícil situación y pensemos que ha llegado la hora de los mameyes, no estamos haciendo otra cosa que evocar una parte de nuestra historia, donde de una forma u otra se expresa el espíritu independentista que siempre ha imperado en nuestro pueblo.

imop/

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