Las vidas de Alejo Carpentier
Han pasado 40 años desde que el 24 de abril de 1980 una noticia estremeciera a la literatura en lengua española. En Paris, la capital de Francia, terminó la vida sobre la tierra de Alejo Carpentier.
De su genialidad creativa nació la nueva novela histórica y la nueva novela americana, bases esenciales del Boom literario latinoamericano que conmocionó al mundo en el Siglo XX.
En noviembre de 2016 en Beijing, la capital de China, entrevisté al escritor, profesor universitario, coordinador de talleres literarios y traductor Hernán Lara Zavala. Hablamos del impacto de China en el mundo moderno y de Alejo Carpentier. Con el dedo indice en alto me dijo: “Carpentier no está muerto”.
La impresionante labor de Lara Zavala como coordinador de la colección Nuestros Clásicos, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), le condujo a crear Rayuela Internacional.
“Ahí incluí a varios escritores cubanos como Onelio Jorge Cardoso, Senel Paz, los primeros libros de Leonardo Padura su ensayo sobre Alejo Carpentier, al chino Heras León, a los que son de mi generación. También publicamos a Dulce Maria Loynaz, la conocí, fui a su casa que era la sede de la Academia Cubana de la Lengua”.
A los múltiples premios literarios obtenidos en México por Hernán, hay que agregar el Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska 2009 y el Premio Real Academia Española 2010 por su novela Península Península, publicada por a la editorial española Alfaguara.
Luego de impartir conferencias en las principales universidades que enseñan español en Beijing donde Carpentier es de obligada referencia en la asignatura de Literatura Latinoamericana, Lara Zavala lanza una interrogante: ¿Qué pasa en América Latina con los buenos escritores después del Boom?” Y sin esperar respuesta continua: “Está agotado, llegó a su nivel de obsolescencia. Pero no está agotado si me hablas de la teoría de Carpentier de lo Real maravilloso, no está agotado en El reino de este mundo, ni en Cien años de soledad.
Por supuesto la literatura fantástica está viva, pero no ya en los términos de García Márquez. Eso ya se hizo, hay que buscarle por otro lado. Antes de que se postulara el Realismo mágico ya Carpentier había escrito lo Real maravilloso americano, y en lo que más tiene razón es que las creencias del pueblo se incorporan a la literatura y se ven como parte de la realidad. Carpentier no está muerto”.
La Habana lo sabe. Alejo sigue con sus pasos incasables amando y descubriendo las obras arquitectónicas y las calles de una ciudad que no lo olvida. Las ferias del libro, las librerías pequeñas, los libreros sacan como reliquias las ediciones de El reino de este mundo, Los pasos perdidos, El arpa y la sombra, La Consagración de la primavera, El siglo de las luces o de esa joya que es La música en Cuba. Los ensayos, los cuentos y su pasión por la historia brillan con luz propia.
Cuando en 1978 Alejo Carpentier recibió el Premio Cervantes de Literatura en su discurso de aceptación dio una lección de futuro: “No hay ni habrá crisis de la novela mientras la novela sea abierta, novela de muchos, novela de buenas y fuertes variaciones -valga el término musical- sobre los grandes temas de la época, como lo fue en su tiempo la ejemplar novela, a la vez local y universal, de Miguel de Cervantes Saavedra.
Como decía don Miguel de Unamuno: Hemos de hallar lo universal en las entrañas de lo local y en lo limitado y circunscrito, lo eterno”. El patrimonio literario en lengua española agradece su fecunda obra.
De enfrentamiento y descubrimiento de la realidad habla Alejo cuando se refiere a la labor del novelista. Los contextos raciales de América surgen en sus creaciones y coronan un universo único. Indios, negros, blancos y mestizos toman fuerza natural en las páginas de sus novelas como en Los pasos perdidos: “Era evidente que varias razas se encontraban mezcladas en esa mujer por el pelo y los pómulos, mediterránea por la frente y la nariz, negra por la sólida redondez de los hombros y una peculiar anchura de la cadera [ … ]. Lo cierto era que esa viviente suma de razas tenia raza”.
En el imaginario universal de sus obras el mar es la memoria que le devuelve los sueños de sus orígenes. En La consagración de la primavera, la poesía del cuerpo también lleva el hechizo del mar: “El mar, danza ante el arca; danza de siempre ante el decorado por siempre inamovible.
El mar que me habla con palabras conocidas desde la infancia, desde la cuba -aunque el mar de allá era acaso más obscuro, más lento en sus desperezos, más tardío en alisar las playas, en hacer rodar guijarros con ruido de granizo apretado”.
Hace 40 años en Paris, Francia, terminó una vida de Alejo Carpentier. Sus otras vidas, la de genio de las letras, la de historiador apasionado, la de músico y la de amante de La Habana, permanecen intactas en el universo literario con fuertes variaciones -valga el término musical – de eternidad.
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