José Martí, camino al cielo
Hace 125 años el cubano universal fue sorprendido por la muerte en el oriente de la isla caribeña. Como “Yugo y estrella” una carta inconclusa… “Ya estoy todos los días en peligro dar mi vida por mi país y por mi deber”. Cuando los disparos sorprendieron a José Martí sobre su caballo un temblor sacudió la isla. Los versos se hicieron viento en el camino al cielo: “Yo quiero salir al mundo por la puerta natural: en un carro de hojas verdes a morir me han de llevar”.
El sol esparce las tinieblas en Dos Rios, una zona del oriente cubano donde se encuentran los ríos Cauto y Contramaestre. La fuente de luz se esparce entre el agua y la tierra. “Yo percibo los hilos, la juntura, la flor del universo: yo pronuncio pronta nacer una inmortal poesía”. Martí, el político y revolucionario latinoamericano que ha sembrado a golpe de verso y acción una obra inolvidable.
El alma de la patria de pie entre los guerreros que saben que una bala no puede detener al corazón inmortal. Libertad y luz en la prosa, esperanza para los pobres de la tierra, salvación para los seguidores de su huella.
La carta inconclusa al amigo mexicano Manuel Mercado es un testamento de fe en el futuro: “Sé desaparecer. Pero no desaparecería mi pensamiento, ni me agriaría mi oscuridad”.
La conciencia superior de José Martí habla en sus versos: “Mi verso crecerá: bajo la yerba yo también creceré”. En miles de almas ha crecido el poeta, el político, el intelectual y revolucionario amante de su tierra. Martí habla en las sombras de la Cuba secreta, en el misterio que forja generaciones nuevas ungidas con su misma fe.
El espíritu que escribió los mejores versos de su tiempo y los coronó con acciones revolucionarias. El político y notable intelectual cubano Juan Marinello lo descubre para nuestro tiempo: “Martí estudia, como el tirador infalible, el punto al que ha de llegar su flecha dialéctica y la unta, según los casos, del ingrediente inapelable o del brebaje cordial”.
En estos tiempos de horror ante la maldad humana pensamos en Marti, el poeta y el héroe, para no perder la “fe en el mejoramiento humano”. El luchador incansable que levanta su alma como un faro esperanzador: “El verso ha de ser como una espada reluciente, que deja a los espectadores la memoria de un guerrero que va camino al cielo, y el envainarla en el sol, se rompe en alas”.
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