La conciencia necesaria de salvar al planeta
Cuando el 5 de junio de 1972 se inauguró en Estocolmo, Suecia, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano se dio el paso fundacional del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.
El 12 de junio de 1992, en La Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo el líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, estremeció al mundo en su intervención: “Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre. Ahora tomamos conciencia de este problema cuando casi es tarde para impedirlo”.
Ese día, millones de personas en el mundo escucharon una intervención que mantiene una vigencia preocupante en pleno siglo XXI. “Es necesario señalar que las sociedades de consumo son las responsables fundamentales de la atroz destrucción del medio ambiente. Ellas nacieron de las antiguas metrópolis coloniales y de políticas imperiales que, a su vez, engendraron el atraso y la pobreza que hoy azotan a la inmensa mayoría de la humanidad”.
Fidel defendió a los países del Tercer Mundo. Expuso la necesidad de controlar los altos niveles de contaminación y el reparto equitativo de las riquezas. “Los bosques desaparecen, los desiertos se extienden, miles de millones de toneladas de tierra fértil van a parar cada año al mar. Numerosas especies se extinguen. La presión poblacional y la pobreza conducen a esfuerzos desesperados para sobrevivir aun a costa de la naturaleza”.
Las advertencias de la madre naturaleza no son suficientes. Más de 20 años después de la histórica intervención de Fidel persisten los problemas. Estos meses de pandemia global la reflexión se impone.
La crisis generada por el avance de la COVID 19 que limita la movilidad humana dentro y fuera de fronteras es un llamado a la conciencia humana. Fidel planteó soluciones a los problemas del mundo que hoy tienen una vitalidad innegable.
“Si se quiere salvar a la humanidad de esa autodestrucción, hay que distribuir mejor las riquezas y tecnologías disponibles en el planeta. Menos lujo y menos despilfarro en unos pocos países para que haya menos pobreza y menos hambre en gran parte de la Tierra. No más transferencias al Tercer Mundo de estilos de vida y hábitos de consumo que arruinan el medio ambiente. Hágase más racional la vida humana. Aplíquese un orden económico internacional justo. Utilícese toda la ciencia necesaria para un desarrollo sostenido sin contaminación. Páguese la deuda ecológica y no la deuda externa. Desaparezca el hambre y no el hombre”.
Son tiempos de análisis de la conciencia individual. Lo que hacemos desde casa, ese simple gesto de ahorrar agua y electricidad es vital para el planeta. Las pequeñas cosas se tornan gigantes en tiempos de riesgo para la especie humana.
Llamar a la unidad por el futuro del planeta toma una relevancia trascendente. La madre tierra tiene muchas formas de hablarnos, de expresar su profundo dolor: “Cesen los egoísmos, cesen los hegemonismos, cesen la insensibilidad, la irresponsabilidad y el engaño. Mañana será demasiado tarde para hacer lo que debimos haber hecho hace mucho tiempo”. La conciencia de salvar al planeta se impone.
fny
