Rosa Fornés, mientras La Habana duerme

Rosa Fornés, mientras La Habana duerme. Foto: Granma.

Fue una madrugada de La Habana. Programa, Mientras La Habana duerme, de Radio Ciudad. Argentina Estévez, la mamá del colega Aramis Taboada, una de las actrices del memorable programa televisivo San Nicolás del peladero, nos conectó con ella.

Entonces, habíamos anunciado 10 minutos de entrevista, pero terminamos hablando 45 minutos con Rosa Fornés. Ese día entendí que ella conoce el secreto del éxito, mejor que los demás. Habló sin límites de su vida, de su familia, de los amigos, de los medios de comunicación y de la música. Cada frase le salía como si estuviera en un escenario. Rosa conocía lo que el escritor Alejo Carpentier menciona en su novela La consagración de la primavera “…decoración y tramoya del gran teatro del mundo”. Todos andamos sobre el gran escenario de la vida.

Asistimos a ese espectáculo mágico de los sonidos en el que la Fornés no necesitó maquillaje o lujosos vestidos. En la radio habanera, la diva cubana hechizó la madrugada. Habló de sus noches en grandes espectáculos que llenaban teatros, del Festival Adolfo Guzmán, que premió su arte.

“Fue mi gran amigo”, dijo refiriéndose a German Pinelli, uno de los mejores presentadores hispanohablantes de televisión, quien en 1982 la presentó emocionado. “Me vas a hacer llorar”, respondió ella y a continuación se llenó de luces Cuba y el mundo.

“De trabajar de noche se me ha quedado la costumbre de quedar despierta en las madrugadas muchas veces y por los años que ya tengo también”, confesó entre risas. Tuvimos la certeza de que no quería despedirse. La compararon con la actriz norteamericana Marilyn Monroe por aquella cintura perfecta, la ingenuidad en sus movimientos en la escena, los ojos y aquella boca que insinuaba un beso al amor del mundo. El secreto está en sonreír siempre, pero sonreír con el corazón, y luego salir al escenario como si ese fuera el último día de la vida. Repartir sonrisas, compartir el arte que nos ha dado la naturaleza y seguir sonriendo, mientras se duerme. Competir con los años sobre la tierra y volver al escenario siempre, aunque falte un poco el aire para desafiar al olvido. Todo eso nos lo enseñó Rosa Fornés con su vida y con una conversación de madrugada en Radio Ciudad.

Aquel amanecer de la ciudad pusimos las grabaciones que ella escogió, aunque no se sentía satisfecha con ninguna. “El arte exige la búsqueda de la perfección”, dijo casi en la despedida. Mientras cantaba en la radio permanecimos en silencio. Sin darnos cuenta, todos quedamos con una sonrisa en los labios. Rosa nos dejó un poco de su risa, de su alegría, de su amor infinito, tal como me pasa ahora mientras escribo estas líneas en la primera madrugada sin ella.

Me asomo a la ventana y me reconforta saber que mientras La Habana duerme, Rosa seguirá cantando y sonriendo en algún sitio del universo.

fny

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