Jóvenes médicos cubanos comprometidos con la salud del pueblo
Ele Rafael Arrate Castellanos obtuvo su título Título de Oro en la más reciente graduación de la Facultad de Ciencias Médicas Miguel Enríquez de La Habana.
“Haberme graduado como médico tiene gran significación, es haber cumplido un sueño porque desde niño ya me disfrazaba de médico”, dijo a Radio Ciudad de La Habana.
Este joven médico comenzó sus estudios en la Universidad de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba, una institución de la que guarda los mejores recuerdos de sus compañeros y profesores.
En la capital, Arrate Castellanos, desempeñó importantes labores como dirigente de la Federación Estudiantil Universitaria
Reconoce que los principios solidarios, justos y humanistas que le han inculcado durante sus estudios impulsaron los éxitos alcanzados.
“A pesar del júbilo y la alegría experimento tristeza y nostalgia por no poder compartir con mis compañeros estos cinco años de historia. Pero así es la vida de un profesional de la salud, nunca sabemos en qué lugar vamos a estar”, destacó Rafael.
Agradeció a sus profesores, del internado de siquiatría infantil en el Hospital Pediátrico Docente de Centro Habana, a su familia y a todos los que le han apoyado durante estos años.
“Me siento comprometido desde 2014 cuando me incorporé al gran ejército de batas blancas del que me siento muy orgulloso. Defenderé sus principio en cualquier rincón del mundo”.
También con importantes resultados durante su desempeño docente, Alejandro Rodríguez Fonseca, terminó sus estudios en la Facultad de Ciencias Médicas Miguel Enríquez de La Habana.
Estos días la satisfacción envuelve a sus familiares, amigos y profesores.
“Recuerdo cuando Iniciamos la formación en 2014 con aquel curso introductorio en la ultima semana de agosto. Era solo el preámbulo de lo que sería al carrera de medicina”, dijo Alejandro a Radio Ciudad de La Habana.
Luego junto a sus compañeros inició la formación en ciencia básicas y preclínicas durante dos años. “Ya para el tercer año iniciamos en el hospital con todas las rotaciones clínicas y quirúrgicas y el gran reto de lograr una relación medico-paciente efectiva capaz de llegar al diagnostico de disimiles enfermedades”, rememora mientras acaricia su Título de Oro.
Le brillan los ojos mientras habla de sus días como estudiante: “Las largas horas en el hospital, en los laboratorios, en los servicios de urgencias donde vivíamos la mayor parte del tiempo nos permitió desarrollar las habilidades pertinentes a nuestra formación como médicos”.
Aprender a sentir el dolor ajeno como propio y avanzar en la vocación de servicio es fundamental en la formación de los profesionales de la salud. Humanidad y solidaridad son dos palabras que los jóvenes cubanos han crecido escuchando.
“El agotamiento llegaba al final del día pero siempre con la satisfacción y la alegría del deber cumplido. Junto a las habilidades clínicas también muchos de nosotros desarrollamos habilidades en la docencia y en la investigación”, confesó Alejandro quien desarrolló habilidades científicas que presentó en algunos eventos de su escuela.
La emoción lo envuelve mientras habla de los resultados obtenidos, de sus esfuerzos personales en los que también colaboró la familia.
“Hoy me gradúo con la condición de Título de Oro Mario Muñoz, mérito científico, destacado en docencia y como vanguardia integral de la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana. Pero todo reconocimiento es poco comparado con la satisfacción de ver la mejoría de nuestros pacientes, las gracias de una madre por la cura de su hijo, de una embarazada a la que ayudamos a traer al mundo a su bebé, de una anciana que con lagrimas en sus ojos te agradece por el tiempo dedicado por el apoyo y el amor incondicional. Hoy solo me queda dar las gracias a mi familia, a Dios, a mis profesores y a esta Revolución que han permitido mi formación en esta hermosa profesión”. concluyó.
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